Ventaja o Desventajas de ser Primogénito

Si nos remitimos a la antigüedad, el concepto del primogénito es sumamente importante porque sobre él recae toda la responsabilidad de la familia, la herencia, el modelo a seguir. En la Biblia, Saúl le vende la primogenitura a su hermano Jacob por un plato de lentejas.

foto Primogenito
En la religión judía, originalmente los hijos primogénitos constituían el sacerdocio y eran consagrados al servicio del Señor. Desde ahí hasta la actualidad, las sociedades han mantenido ciertas normas que afectan y benefician al hijo mayor. Según el psicoanalista Héctor Coloma, sobre el primogénito, sobre todo si es varón, recaen más responsabilidades, y eso, en ocasiones, genera en él una presión que no debería tener. “Si bien es cierto que el hijo mayor, por tener más edad, más desenvolvimiento, más madurez, puede en ocasiones asumir un rol más importante que los demás hermanos, no debe ser siempre así porque, evidentemente, todos los otros hijos van creciendo y también deben ir asumiendo sus propias responsabilidades. El problema se agrava si los padres delegan una autoridad vertical, rígida, ya que este modelo puede traerle una mayor presión al hijo mayor, trastornando a su vez al grupo familiar”.

Alto rendimiento versus inseguridad

Muchos de los grandes genios comparten la condición de primogénitos: Pablo Picasso, Indira Gandhi, Winston Churchill. Según estudios especializados, los hijos nacidos en primer lugar parecen tener mayor posibilidad de triunfar que el resto de sus hermanos ya que, al ser esperados con mucha ilusión, reciben las primeras y más exquisitas manifestaciones de ternura y son objeto de mejores expectativas por parte de los padres. Esto determina en ellos un deseo constante de complacer a sus progenitores. Según investigaciones efectuadas por los psicopedagogos Alfonso Cabezón y Iurgi Llano, los padres tratan de forma diferente al primer hijo ya que éste provoca un mayor revuelo en la familia y los fuerza a priorizar las necesidades del niño sobre las suyas propias.

En un estudio de B.S. Bloom (Developing Talent in Young People, Ballantine, New York, 1985), se identificó a 120 profesionales entre 30 y 40 años, pertenecientes a diversas especialidades, todos los cuales habían logrado alcanzar un notable nivel en su carrera. Luego de una profunda investigación sobre las circunstancias de su niñez y adolescencia, se comprobó que la mayor parte de ellos eran primogénitos.
Sin embargo, el primer hijo también cuenta con un factor negativo de importancia, que es el ser educado por padres sin experiencia; por lo tanto, las normas para él son más estrictas ya que cada etapa del desarrollo es una incógnita para los progenitores. “Los padres, en su primera experiencia, cometen una serie de errores que los paga el hijo mayor: cuando es bebé, se angustian si vomita o tiene dolor de estómago; cuando es un poco mayor, se desesperan si no quiere comer lo que el pediatra ha recomendado, etcétera. Como no tienen el manejo ni la madurez que da la experiencia de tener más hijos, transmiten esa angustia a su hijo mayor”, sostiene el doctor Coloma, quien afirma que es por este motivo que los primeros hijos tienden a estar emocional y socialmente menos preparados y seguros que los otros hermanos, y suelen experimentar más ansiedad en las situaciones de presión.
Ser el hermano mayor conlleva a obtener una mayor atención de los padres. Durante un tiempo –hasta que nace el segundo hermano– los hijos mayores tienen a los padres para ellos solos, quienes acarician y hablan más al primer hijo que al resto. Por ello, ningún otro hijo va a sufrir tanto con el nacimiento de un nuevo hermano como lo va a hacer el mayor. Esto suele desencadenar en el primogénito un problema de celos que puede traer graves consecuencias si los padres no lo ayudan a superarlo.

Ser el heredero

Sólo por el hecho de ser el de mayor edad, el desarrollo mental y corporal del primogénito le otorga un estatus de superioridad y de responsabilidad que muchas veces es aprovechado por los padres para exigirle un mayor número de prestaciones para sus hermanos, pues se espera de él que sirva de modelo y guía en su educación, haciéndolo madurar más rápidamente. Según el doctor Coloma, la sociedad peruana aún mantiene estos esquemas, pues vemos cotidianamente, sobre todo en los estratos sociales más bajos que, ante la enfermedad o falta de alguno de los padres, es por lo general el hijo mayor el que asume las responsabilidades, en particular si es varón. “Es muy importante que los padres ejerzan la autoridad democráticamente para no recargar al hijo mayor con más presión. Si éste tuvo unos padres adecuados, no tendrá ningún problema para encaminar en el futuro a su propia familia. El problema se presenta porque, generalmente, los hijos repiten los errores de los padres: si hemos sido maltratados, cuando ejercemos el poder tendemos a maltratar también; esto es lo que se llama la identificación proyectiva con el agresor. Pero si el poder se ejerce con responsabilidad no habrá problemas más adelante, siempre que los padres actúen como modelo para los hijos”, manifiesta el especialista.

Por otra parte, en muchas ocasiones los padres desean que sus hijos mayores hagan lo que ellos no pudieron realizar, y cargan en ellos la responsabilidad de optar por una vocación o por un empleo que no es de su agrado. “Si se transmite con actos, con mensajes verbales y no verbales este deseo, los padres sobrecargan a los hijos y hay que ser muy conscientes de esto, de cuáles son nuestras frustraciones para no trasladarlas a nuestros hijos, porque ellos, evidentemente, deben ser autónomos e independientes para elegir la profesión o actividad que realizarán durante toda la vida. Se supone que entre los 35 y 50 años se deben estar consolidando los proyectos de vida que uno pensó realizar desde la juventud y adolescencia. Si una persona llega a los 50 años sin haber consolidado esos planes, está arrastrando una frustración que se va a reflejar en sus relaciones interfamiliares, personales y sociales”.

Finalmente, tal como lo manifiestan los especialistas, los padres tienen mucha responsabilidad en la crianza del hijo mayor. De ellos depende que los rasgos típicos de su personalidad –éxito profesional, responsabilidad y liderazgo en la dirección familiar, actitud paternalista y proteccionista con sus hermanos, fiel cumplidor de normas y costumbres– se encaminen en un buen sentido.

Primogénito real

El príncipe Carlos de Inglaterra, sólo uno de los tantos ejemplos que encontramos dentro de las monarquías en todo el mundo, también carga con el peso de ser el “hijo mayor”. Por ser el primogénito de la reina Isabel II, el también llamado príncipe de Gales cumple medio siglo cargando el peso de la historia sobre sus espaldas. Su polémica relación con Camilla Parker Bowles no puede ser totalmente aceptada hasta el momento ya que a Carlos se le exige que el deber esté por encima del amor. Los analistas afirman que el heredero de la corona más emblemática del mundo no puede permitirse flaquezas humanas, ya que su misión es servir al pueblo británico con la dignidad propia del puesto que ocupa. Llegado el día en que sea llamado por la historia para ocupar el lugar al que se ha encaminado toda su vida –ser jefe del Poder Ejecutivo, formar parte del Poder Legislativo, estar a la cabeza del Poder Judicial, ser comandante de todas las fuerzas armadas de la Corona y gobernador supremo de la Iglesia de Inglaterra– deberá elegir entre el deber y el amor de una mujer. Si cambian las leyes, tal responsabilidad podría recaer en su hijo William, otro primogénito.

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