Ser mamá después de los 40

Un embarazo, una vez pasada la barrera de las cuatro décadas, se puede considerar como riesgoso. Pero en la actualidad, los avances de la medicina aseguran un nacimiento feliz a los hijos de madres otoñales.

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Suele ocurrir que cuando se llega a la madurez, los hijos son mayores y la vida se presenta como un horizonte de paz y tranquilidad, el anuncio de un embarazo pone la casa de vuelta y media. La mayoría de mujeres suele sentir temor ante la eventualidad de una gestación cuando ya han sobrepasado la barrera de los cuarenta. Si bien es cierto que los médicos recomiendan una edad límite para traer una nueva vida a este mundo, los avances científicos han llevado a que esta frontera se amplíe de manera considerable.

Los Avances Médicos

A diferencia del hombre, que produce líquido seminal indefinidamente hasta cierta edad, las mujeres tienen en su organismo determinado número de óvulos (aproximadamente 30,000), los cuales, con el paso del tiempo, van envejeciendo y se ven expuestos a cambios hormonales y medioambientales. Es por ello que, hasta hace no mucho, los médicos recomendaban como límite para concebir un hijo los 35 años. Una mujer embarazada de esa edad estaba propensa a sufrir problemas durante la gestación y el bebé corría el riesgo de presentar problemas genéticos o malformaciones.

Sin embargo, los cambios culturales y científicos han alterado este panorama. En la actualidad, el incremento de la expectativa de vida gracias al desarrollo de la medicina así como la mejora en los hábitos nutricionales han contribuido a subir este límite a barreras superiores dependiendo del país de origen de la madre. En la actualidad, las mujeres tienden cada vez más a desarrollarse profesionalmente antes de pensar en tener hijos, razón por la cual a las salas de parto de clínicas y hospitales acuden mujeres que fácilmente sobrepasan la treintena. En Estados Unidos, por ejemplo, estudios hechos en embarazos ocurridos entre los 45 y 50 años mostraban cifras sumamente optimistas. Según un estudio de la escuela de medicina de la Universidad de Utah, los embarazos de mujeres en este periodo habían concluido exitosamente sin haberse producido el deceso de ninguna de las gestantes y con un índice muy bajo de problemas antes, durante y después del parto, así como tampoco en la salud del recién nacido.

La Amniocentesis

En este sentido, la prueba de la amniocentesis es muy útil para detectar cualquier tipo de problemas que pueda aquejar al feto. Este test consiste en el estudio de las células del cuerpo del bebé que se encuentran en el líquido amniótico. Gracias a ella, se puede saber el estado de salud del feto y si presenta malformaciones o defectos congénitos, e igualmente la forma como se está desarrollando el nuevo ser. Con esta información, el médico puede monitorear y corregir el desarrollo del embarazo y tomar las medidas oportunas para un desenlace feliz.

Cuadro 1:

Beatriz Dulanto de Ganoza

“A esta Edad lo

Disfrutas Más”

“Producto valioso de madre añosa”. Así decía el rótulo que consignaba los resultados del análisis practicado en la barriguita de Beatriz Dulanto de Ganoza, quien a los 42 años dio a luz al último de sus hijos, Carlos. “Cuando tienes un hijo a esta edad lo disfrutas más, porque cuando recién te casas quieres bailar, salir, hacer miles de cosas y piensas todavía en divertirte. Pero cuando ya llegas a los cuarenta ya hiciste todo lo que querías hacer y ya tienes tiempo. Es una maravilla. Además, es un baño de hormonas porque sientes que rejuveneces”, afirma Beatriz, quien posa feliz junto a Carlos, un muchacho de 17 años que ha decidido estudiar medicina en la universidad Cayetano Heredia.

El caso de esta familia es bastante particular. Casada con Carlos Ganoza, Beatriz siempre quiso tener una familia numerosa (doce, como ella misma afirma) y por eso llegó a tener seis hijas. Hasta que de repente, un buen día, se dio cuenta de que estaba nuevamente embarazada. En ese entonces las pruebas de amniocentesis se hacían en el Perú, pero la pareja decidió viajar a Estados Unidos y al poco tiempo se enteraron de que iban a ser padres de un robusto varón. “Mi esposo estuvo feliz porque finalmente tenía al varoncito, y la verdad es que nunca me preocupé por salir embarazada a esa edad; sólo pensaba que quería que sea hombre”, recuerda.

Así es como este hogar de predominancia femenina se vio completo con la llegada del varón, quien se convirtió en el juguetito de sus hermanas.

Los años, antes que una desventaja, forman parte de un alegre anecdotario. Entre Carlos y la hija menor de Beatriz hay 9 años de diferencia, y con la mayor, 20 años. Carlos ha sido compañero de colegio de los nietos de sus amigas. En ocasiones, Beatriz se encontraba con las amigas de sus hijas, quienes le preguntaban si el niño que llevaba de la mano era su nieto, y ella decía que no, que era su hijo. “La cercanía con los jóvenes hace que me sienta bien. Lo único que resultó un poco pesado fue el colegio, pero después todo ha sido excelente y con ninguno de mis siete hijos he tenido mala noche, salvo cuando cayó la epidemia de la varicela y todos se enfermaron”.

Beatriz recuerda que cuando era más joven tenía que trabajar todo el tiempo, pero cuando llegó Carlos pudo disfrutarlo porque ya estaba más establecida la familia. Con su esposo y su hijo pudieron ir al cine, de paseo, viajar. “Recuerdo que cuando me iba a trabajar lo amarraba a mi espalda como paisanita y me iba a mi oficina”, agrega.

Cuadro 2:

Nena Granados de Marques

La Fe de Nena

La historia de Nena Granados está llena de alegrías, pero también de tristezas que han hecho de esta mujer una persona admirable. Ella se casó a los 32 años con Mario Héctor Marques, de la misma edad y argentino de nacimiento. A los cinco años de matrimonio nació Fernando José, quien rápidamente se convirtió en el engreído de toda la familia. Cuando el pequeño iba a cumplir cinco años, hicieron un viaje a la Argentina para que la familia de Mario conociera al pequeño. “En esa época pensaba que ya no iban a tener más hijos. Los familiares de mi esposo nos invitaban a todos lados y comíamos bastante, por lo que noté que había engordado. Además, hacía tres meses que no tenía mi periodo y pensé que me había llegado la menopausia”, recuerda Nena. De regreso, en Lima, fue a visitar a un médico amigo pensando que podría tener un problema grave. Ese día, al momento de ir al consultorio, el auto que manejaba se malogró y se plantó en plena calle. Entonces, como no pasaba nadie, tuvo que empujarlo sola y lo dejó en un lugar seguro. Al llegar al consultorio fue examinada y se asustó al ver la cara de sorpresa del doctor. Y fue ahí cuando le dio la noticia. “Ese día fue una locura. Luego de unos análisis se vio que estaba con cuatro meses de embarazo. Esa fue una gran sorpresa porque nunca había tenido ningún problema y ya tenía 42 años”.

El embarazo se desarrolló sin ningún problema y el bebé nació en excelentes condiciones. Como fue por cesárea, la fecha de nacimiento estuvo planificada -13 de mayo- y con ella, el motivo del nombre, María Fe, en honor a la Virgen. “No se me cruzó jamás que pudiera haber tenido algún problema”, afirma Nena.

Lamentablemente, su esposo murió cuando la pequeña tenía dos años. “Fue muy duro. Tuve que dedicarme a trabajar en la fábrica de mi esposo y pasar a ser padre y madre de mis hijos”, y pese a que las cosas cambiaron radicalmente, afirma que todo tiene su encanto en la vida y supo sobrellevar exitosamente su hogar. Actualmente, María Fe es una linda jovencita estudiante de Filosofía en la Facultad de Teología de Santo Toribio y es ex alumna del Santa Ursula. “Nunca tuve malas notas en el colegio y desde muy joven me gustó la lectura. Además, dedico muchas de mis horas libres a trabajar como voluntaria en el Hogar de Cristo”, nos cuenta la propia María Fe, quien sonríe cuando su mami le recuerda que por haber nacido después de los cuarenta estuvo a punto de llamarse “Menopausia”.

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