¿Se debe enseñar el curso de religión en los colegios?

Definitivamente, conceptos como ética, virtudes y valores humanos tienen que estar asociados, buscando constituirlos en una asignatura que no sólo preconice actitudes sino que las lleve a la práctica.

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SLeer un capítulo de la Biblia, hacer un resumen del mismo, redactar cuál es la enseñanza y memorizar el versículo que se considere importante… Éstas eran algunas de las actividades obligatorias para el alumno en el curso de religión.Veinte años después, la metodología ha dado un giro sustancial en cuanto a la enseñanza de esta área se refiere. Sin embargo, si se debe o no enseñarla como materia en los colegios es un debate que continúa latente y lleva a extenderse a otras interrogantes más en torno al tema.

¿Por qué la religión en el aula?

Luis Esponda, teólogo, sociólogo, ex supervisor de educación religiosa durante diez años (1982- 1992), actual director académico del colegio Newton, pero principalmente pedagogo, responde: “Si queremos educar en valores, si deseamos formar peruanos con ética, que es lo que nos está faltando, no podemos dejar de incluir en la currícula una educación religiosa, cualquiera sea la confesión. No encuentro una doctrina ética que no tenga como fundamento un hecho religioso”.

¿Y cómo hacerlo?

“Antiguamente, el curso de religión era conocimientos puramente teóricos, preguntas y respuestas, un catecismo de memoria, y las actitudes no cambiaban. Hoy en día se trabaja o se debería trabajar en tres áreas muy marcadas: los conocimientos doctrinales o haberes de conocimientos, las actitudes, y las habilidades y destrezas”, explica el doctor Esponda. Por su parte, para el catedrático César Uribe, psicólogo y actual director del proyecto “Educación y cultura de paz” de la PUCP, la religión en las aulas es un espacio de desarrollo y crecimiento espiritual de la persona. El problema –enfatiza– no es si enseñarla o no, sino cómo enseñarla. “Pero tal vez lo que se puede enseñar está más vinculado con lo doctrinal, porque los aspectos actitudinales de la religión suponen condiciones no sólo en quien pretende enseñarlas sino también a nivel institucional”.

Cuando un padre de familia busca una formación integral para su hijo, se encuentra con un abanico de posibilidades dentro de los tres grandes grupos de colegios que existen: los religiosos, los laicos y los laicos que enseñan religión. Si la elección es por un colegio religioso, ya de antemano se tiene que saber que es religioso- católico. “Sin embargo, en mis diez años de experiencia como supervisor de educación no encontré que la Iglesia haya acosado directa o indirectamente a los que no eran católicos”, precisa Luis Esponda.

La base: los valores

De todos modos es pertinente preguntarse: ¿y qué pasa si papá y mamá no profesan el catolicismo? El pedagogo responde: “Hay colegios laicos que sin necesidad de ser confesionales ofrecen una educación religiosa basada en valores humanos cristianos. Es decir, el sustento ético dela educación que imparten son los valores humanos; la parte ritual se deja para momentos especiales. Por ejemplo, en una clase de religión se termina siempre con una oración que ha sido creadapor chicos –los hay de varios credos – y en ella se insta a la paz, a la justicia, a la hermandad. No necesariamente tiene que ser a la Virgen ni a los santos, sino que sus contenidos son más universales”.

Por su parte, Uribe refiere que últimamente el tema ético ha venido cobrando mayor fuerza. “Ojalá que en general se entienda que la moral no es privilegio de las religiones sino de la filosofía misma y del hombre en sí”. Para Luis Esponda lo ideal sería un curso de religión que dé la base teórica del creer y un curso de ética como había antes, es decir, la aplicación concreta de los principios a la vida. “No niego que es un riesgo poner sólo ética y no religión, porque hoy en día sabemos que hay muchas personas que quieren quitar a Dios de por medio. Lo que debe existir es una conciencia que se refuerce con la fe y que dé impulso a la formación ética”.

En la práctica

El curso de religión impartido no sólo en los colegios religiosos sino también en los laicos, se ha convertido en vivencial. “A los alumnos –señala el doctor Esponda – les enseñamos las virtudes a través de modelos porque ellas traducen cómo se asimila el valor para hacerse un individuo ético o virtuoso”. Por ejemplo, si en el aula hay un niño discapacitado y necesita de la ayuda de sus compañeros, enseñarles cómo ayudar al prójimo con actitudes. Acciones simples llevan a la práctica esta posición: si el niño no puede llevar su mochila hasta la puerta de salida, los demás podrían estar prestos a ayudarlo sin pensarlo dos veces.

La proyección social

Luis Esponda está convencido, por su experiencia, de que la mejor manera de educar en valores o educar religiosamente es a través de la proyección social. Actividades como llevar ayuda económica, producto del ahorro personal, es una buena manera; otra es reunir cosas en buen estado que en casa ya no se usan y donarlas a quienes verdaderamente las necesitan, y así por el estilo. “Estas ayudas deben ir permitiendo al escolar asumir roles que más tarde pasarán a formar parte de sus actividades cotidianas”. En conclusión, no estamos hablando de impartir una educación religiosa cucufata y cultista, sino de una religión hecha vida, en la que el niño adquiera la sensibilidad para ser más solidario y más justo, que es lo que necesitamos”.

Propuesta

Si bien es cierto no son muchas las propuestas de cómo enseñar el curso de religión, las pocas que hay son muy interesantes. En medio de esto, está el debate entre enseñar el curso de religión o eliminarlo de la currícula. César Uribe plantea una tercera opción: “Estudiar todas las religiones del mundo, en sus orígenes, en su filosofía, y a través de las principales personalidades que las representan. Con una visión de amplio criterio y tolerancia podríamos tener no sólo un mejor horizonte cultural, sino que además tendríamos argumentos sólidos para defender la nuestra o para recusarla. No debe existir el miedo a conocer si sentimos sólidos nuestros propios argumentos religiosos”.

Finalmente, al padre de familia no debería preocuparle si de ser un curso de religión pasó a ser área de religión, o si se dicta una o dos horas a la semana. En lo que debe insistir, fundamentalmente, es en saber qué disposición tiene el colegio para enseñar seriamente el curso y qué disposición se tiene para vivir una convicción y no un conjunto de contenidos que terminan siendo vacíos si es que no hay una práctica de vida, como señala el director de “Educación y cultura de paz”.

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