Repetir el año escolar : ¿Oportunidad o fracaso?

Ad portas de iniciar el cuarto bimestre, muchos niños afrontan la posibilidad de repetir el año escolar. Una actitud positiva, de compromiso, apoyo y valorización de parte de los padres puede prevenir la angustia y baja autoestima del chico ante un hecho que no debe verse, en ningún caso, como un fracaso.

colegio

Con frecuencia, los padres no quieren aceptar el hecho de que su hijo debe repetir el año. Se preguntan qué ha pasado; surgen las acusaciones, los reproches y, en muchos casos, se buscan culpables en el exterior (sistema educativo). Pero de acuerdo a los expertos, el hecho de que un niño deba repetir el grado no debe ser motivo de desesperación, escándalo ni, mucho menos, de aplicación de castigos. Una noticia de este tipo, más bien, debe llevar a los padres a reflexionar sobre el papel que les corresponde en el aprendizaje de sus hijos durante todo el año escolar.

Según la educadora Marcela Henriod, la repitencia debe verse como una oportunidad de que el niño madure y se nivele en las áreas que tiene poco desarrolladas. “En los primeros años es favorable una repitencia, y yo la recomiendo ampliamente. A veces pensamos que nuestro hijo es brillante; apenas cumple los cinco años, lo metemos a kinder, y recién en ese momento se aprecian y aparecen las dificultades que tiene el niño. Hay que tener en cuenta que no todos los chicos desarrollan a la misma velocidad, pues hay procesos de maduración más lentos; entonces, yo creo que no se debe ver la repitencia como un fracaso, sino como una oportunidad que se le está dando al niño para que se nivele y para que se fortalezca su autoestima, porque ser el o la última de la clase siempre genera frustraciones”.

Para la educadora, cuando muchachos más grandes –por lo general de los primeros años de secundaria– repiten el año, es necesario analizar a conciencia qué tipo de factores externos pueden estar motivando esta baja escolar. En esos casos, el rol de los maestros se torna fundamental para animar a los chicos a superar el “bache” o para ayudarlos a aceptar la realidad de repetir el año escolar. Y en muchos casos, lo que los adultos calificamos de “flojera” es solo una señal que encubre una frustración por no poder adaptarse al sistema educativo o por estar pasando alguna situación particular a nivel familiar.

“Pierdo a mis amigos”

Es habitual que un niño repitente desarrolle síntomas de tristeza, decaimiento, rabia y sentimientos de culpa. También se pueden encontrar conductas rebeldes. Basta considerar lo que implica para el niño el tener que alejarse de su grupo de amigos y llegar a
creer, en ocasiones, que va a ser el blanco de las burlas de sus nuevos compañeros. Según Marcela Henriod, está comprobado que los chicos de los primeros grados se adaptan muy fácilmente a los nuevos amigos. “Los niños que repiten el año no pierden, ganan nuevos amigos; incluso, sé de casos de niñas que de ser las últimas de su clase se han transformado en líderes. Este problema, más bien, podría afectar a los más grandes, quienes sienten que no se encuentran aptos para aprender y, socialmente, van a ser excluidos de su grupo de pertenencia”.

De acuerdo a la experta, en el proceso de afrontar una repitencia
de año escolar, tanto para grandes como para chicos, es básico el rol docente y el trabajo tutorial. “Un buen tutor o tutora debe hablar a tiempo con los padres (entrevistas, sugerencia de terapias), esperar el momento adecuado para hablar con el alumno y animarlo a superar sus dificultades. En muchos colegios se imparten clases de nivelación; incluso se insta a los padres a que matriculen a sus hijos en clases extracurriculares para lograr que superen sus notas más bajas. A veces –sobre todo cuando se trata de adolescentes– sólo hace falta un “empujón” para que los chicos se esmeren y no pierdan el año. De no ser así, el maestro debe hablar con el alumno tratando de que no se desanime y de que no tome esto como un fracaso o derrota”, señala.

Otros estudios determinan que en el caso de que la repitencia sea inminente, puede ser muy conveniente que el tutor o tutora tengan contacto con el chico un par de veces al mes, en el verano, para que éste se sienta contenido y sostenido. Asimismo, cuando se inicia el siguiente año escolar, es importante que el docente hable con el grupo nuevo para que vean a su compañero no como el “repitente”, sino como alguien que va a trabajar todo el año con ellos en el aula, instándolos a que tengan una buena actitud hacia él o ella.

Cabe mencionar que la escuela puede llegar a convertirse en el lugar de las segundas oportunidades cuando se conoce y valora las características de cada niño (se prioriza la historia de vida); asume la heterogeneidad (no todos los chicos son iguales ni desarrollan igual) y reflexiona sobre sus prácticas para sostener y
orientar a los alumnos a que aprendan los contenidos (docentes que generen un vínculo favorable con sus alumnos).

¿Qué hacer en casa?

Ante una situación de repetición escolar, los padres también juegan un importante rol. Por ello se les recomienda:

•Analizar la situación para determinar los factores que influyeron en la repitencia.

•Planificar cómo se enfrentará el próximo año.

El primer aspecto requiere llevar a cabo conversaciones familiares. No hay que olvidar que la repitencia siempre es una luz roja que indica que algo puede estar pasando en el niño y en la familia, pues a veces existen otros factores que determinan que un chico no está preparado para pasar el año: divorcios, enfermedades, problemas económicos, privación de una estimulación adecuada en la casa, etcétera. De ser necesario, hay que buscar ayuda profesional para encontrar la raíz del problema.

En el segundo caso, se trata de elaborar una estrategia adecuada para que el niño se ponga al día con el estudio. En este sentido, las vacaciones son fundamentales. Sin el estrés diario del colegio, el chico podrá repasar los contenidos que no fueron comprendidos, así como también aprender nuevas formas de estudio y a organizar su tiempo. Durante este período de preparación es fundamental, además, que el estudiante cuente con el apoyo de los padres, ya sea con una intervención directa, organizando una práctica de estudio en el hogar o llevando al chico donde un profesor particular para que guíe sus actividades y le indique cómo estudiar las materias.

En suma, se trata de que los padres también adopten la responsabilidad de generar situaciones de enseñanza y aprendizaje en el ámbito del hogar. Los niños que van a repetir el año, asimismo, necesitan más que nunca sentir que se les reconocen sus aptitudes y, por ello, se debe reforzar el apoyo y la consideración de las habilidades del chico en otros ámbitos (actividades artísticas, deportivas, entre otras). Se trata, finalmente, de que el chico pueda aprender, también, de la experiencia vivida; inclusive que ésta se convierta en una anécdota que será recordada como un paso más en el camino, no siempre lineal y directo, hacia la madurez.

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