¿Qué hacer si mi hijo tiene cicatrices?

Traumas, baja autoestima, dolor y hasta vergüenza. Las cicatrices pueden convertirse en una carga emocional tan agobiante para nuestros niños, que si no se atienden a tiempo, dejarán huellas imborrables para toda su vida.

cicatrices

Una cicatriz es, ante todo, una evidencia, el recuerdo de algún hecho que bien puede no pasar de lo anecdótico, pero que también puede ser el rastro de un evento traumático. Un accidente serio o una intervención quirúrgica importante dejan su huella no sólo en el cuerpo sino también en el alma.

¿Cómo se siente un niño que enfrenta la burla de sus compañeros por la cicatriz que tiene en el rostro? ¿Qué pasa cuando fue operado del corazón o de los riñones y tiene que convivir con el recuerdo plasmado en la piel? ¿Cómo lograr que no se sienta “diferente” o raro?

No es fácil para un niño afrontar la constante presión de mirarse en un espejo y aceptarse con algo que para ellos -y todos los demás- no es normal. Cuando se está entrando en la adolescencia, con toda la problemática que ésta acarrea, con la necesidad de sentirse aceptado por los pares y con la importancia que se da a la apariencia física, el cuadro de tensión se agrava. Es ahí donde los padres deben apoyar a sus hijos a afrontar la situación. Es importante no intentar “tapar el sol con un dedo” ni ocultar la realidad, como tampoco es útil evitar hablar del tema o hacer de la situación una tragedia.

Sin embargo, hay que tomar en cuenta que, muchas veces, es la actitud de los padres la que lleva a estos niños a la confusión. Por un lado, tratan de enseñarle al niño a restar importancia a la cicatriz, pero al mismo tiempo, muestran un comportamiento agresivo hacia el entorno intentando ocultar la marca con la ropa, con maquillaje o con el cabello. Incluso, hablan permanentemente de lo diferente que se verán cuando lleguen a la edad apropiada para una cirugía estética o reconstructiva.

Pero, ¿cuál es la actitud más adecuada? Es comprensible que en estos casos los padres tiendan a cumplir un rol sobreprotector, pero la doctora Lourdes Cayo señala que lo más saludable es la comunicación franca y directa, con explicaciones a nivel del entendimiento de los niños. “Es bueno escuchar sus preguntas, responderlas con la verdad y, sobre todo, hacerles ver y sentir que tienen muchas cualidades, que no se encuentran descalificados o inválidos. Es de suma importancia resaltar otras características positivas y valiosas de su sistema corporal y de su personalidad (‘sí, es verdad que tienes una cicatriz, pero mira qué bella sonrisa y ojos tienes’)”, señala la especialista.

De otro lado, hay que tomar en cuenta que, muchas veces, no sólo basta una acertada actitud y una clara explicación, pues las cicatrices pueden estar asociadas a hechos traumáticos en la vida del niño, como por ejemplo, un accidente automovilístico donde se perdió a un ser querido. La cicatriz no será, entonces, sólo una marca indeseada sino también será la que active, a nivel inconsciente, la asociación emocional con el hecho trágico. En muchos casos, la ayuda de un profesional es lo más recomendable, no sólo para el niño, sino también para los adultos, pues su aporte puede resolver los traumas, las culpas, la rabia y cualquier otro sentimiento ligado a la desagradable experiencia.

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Cuando se piensa en una cirugía estética

Para aquellos casos en los que se quiere o se necesita una intervención quirúrgica que corrija o desaparezca una cicatriz, es importante tener en cuenta la magnitud de ésta, la capacidad de cicatrización del paciente y sobre todo, la edad. Los especialistas recomiendan practicar las intervenciones al culminar el desarrollo, pues es en este periodo donde disminuyen los cambios corporales. Es preciso recomendar a los padres que una cicatriz llega a su madurez en un lapso de seis meses a un año. No debe ser manipulada con el afán de desaparecerla en un corto plazo y es necesario evitar la exposición al sol, pues es probable que la piel adopte un color marrón o se irrite. La cicatriz no debe entrar en contacto con el cloro de las piscinas y se tiene que descartar el uso de cremas o pomadas que prometen una acelerada reparación de la piel, pues, por lo general, estos productos no causarán mayor efecto en la recuperación del niño.

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