¿Qué hacer si mi hijo es metalero o rockero?

Pelo parado, ropas negras, poses poco formales y música a todo volumen. Este es el look y la tendencia de muchos adolescentes que ayer eran dulces niños. Paciencia, porque esta es una etapa que debemos aprender a manejar.

rockero

Hasta hacía poco tiempo, nuestro pequeño hijo se vestía con colores amables, se peinaba como mamá quería, obedecía a papá y escuchaba en familia música relajante, adulto-contemporánea o hasta esos valsecitos de los que gustan desde antaño. Sin embargo, un buen día todo cambió. Su cuarto se llenó de afiches cuasi satánicos, viste ropas negras, se peina con los pelos parados y escucha música estridente. ¿Qué pasó? ¿Nuestro hijo se ha perdido por el mal camino?

Las cosas no tienen por qué presentarse de manera tan nefasta. Primero debemos recordar que, en la adolescencia, nuestros hijos están en pleno proceso de formación, no solamente físico sino también psicológico; están creciendo y se encuentran en búsqueda de su propia identidad. Es en ese camino que experimentan cambios que pueden espantar a los padres. Uno de ellos es justamente esta situación: cuando nuestro hijo se vuelve un “metalero”.

Decían las abuelas que cuanto más bulla se busca fuera, es porque existe mucha bulla dentro. Puede ocurrir que nuestros hijos tengan un mundo interno muy dinámico y exteriorizan esto con actitudes que socialmente resultan estridentes y chillonas. En este contexto, los músicos de moda se plantean como un modelo de oposición a lo normal: se ponen aretes, tatuajes y ropas diferentes, signos que asustan a los papás, pero que los chicos adopten como propios en un deseo que expresar su mundo interno, buscar una identificación y, en algunos casos, como reflejo de lo que ellos consideran su propia rebeldía frente al mundo.

Hay que admitir que vivimos en una sociedad que exige de sus miembros un mayor acercamiento a un modelo o estereotipo. Entonces, para sentirse aceptado, el chico siente que tiene que adaptarse a un esquema planteado. Por ejemplo, es común que las chicas sigan el modelo que les plantea la muñeca Barbie o, las más grandecitas, el de Shakira. En el caso de los varones, igual: el modelo del cantante o músico es el ideal de lo que él quisiera ser (es por ello que en una familia, aunque uno de los hijos sea muy tímido y formal, le puede gustar aparentar rebeldía, porque se siente cómodo así). Es importante tener en cuenta que vivimos en una sociedad donde las cosas materiales levantan la autoestima. La influencia de la televisión también es muy fuerte y nos plantea modelos a seguir. El niño aún se muestra inseguro y necesita aferrarse a algo, y ese algo es un modelo.

En estos casos, los padres deben ser muy flexibles, pues mientras las cosas se conversen y vean que el chico está pasando por una etapa de descubrimiento y búsqueda de su propia personalidad, no existe mayor problema. El padre debe aprender a ponerse en el lugar del hijo y ver que, de repente, estando en sociedad o con su grupo, el hijo se siente bien vistiéndose a “su manera” y z sin hacer nada malo. Además, mientras más se reprima estas actitudes, son mayores las posibilidades de consolidar esta conducta (si se llega al castigo, las repercusiones pueden ser peligrosas) y podrían surgir mayores problemas. La ayuda debe buscarse cuando se presentan conductas extremas como los actos violentos.

Finalmente, es necesario recordar que ayer fueron los Rolling Stones, AC/DC, Iron Maiden o cualquier otro grupo el que enarboló la rebeldía como causa. Pero si hacemos un poquito de memoria y revisamos nuestras propias experiencias, hemos de admitir que fueron modas que, como todas, resultaron pasajeras, pero que en su momento llenaron parte de nuestra adolescencia.

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