¿Qué hacer cuando los padres se separan?

Cómo se lo decimos a los chicos?!. Es la pregunta crucial que se hacen los padres cuando, al ver que su matrimonio ya no funciona, deciden separarse. Y es que para los pequeños es difícil entender que papá y mamá han tomado la decisión de no continuar viviendo juntos. Son muchas las interrogantes que aparecen en sus cabecitas, lo cual les crea mucha angustia; incluso, pueden llegar a sentirse culpables y presentar cuadros de depresión.

divorcio

Para evitar que esto suceda y que el niño afronte el divorcio de sus padres con el menor daño posible, lo mejor es hablarles claramente, como afirma la psicóloga Aiñari Indacochea: “A los chicos hay que hablarles de la separación cuando el hecho ya es inminente y el padre, quien es el que generalmente se muda, ya va a dejar el hogar. Es mejor no decirles nada cuando están en conversaciones, cuando todavía el divorcio es una posibilidad remota o puede ser que se cambie de opinión. Es decir, cuando los padres ya han decidido que no hay vuelta atrás y el papá va a irse de la casa al día siguiente o a los dos días, es el momento oportuno para reunir a los niños y comunicarles la noticia”.

Un buen momento para hablarles podría ser a la hora de la comida y, definitivamente, es preferible que estén los dos padres presentes para dar la noticia. La doctora Indacochea explica que el mejor mensaje es el que encierra un sentimiento positivo. “Lo más recomendable es decirles: ‘ya no vamos a vivir juntos porque así nos vamos a llevar mejor. Últimamente no nos entendemos, pero ahora que nos separemos, las cosas van a ser mucho mejor para todos’. Así, los chicos entenderán el cambio como algo favorable. Se les debe hablar tranquilamente para no alarmarlos, y sin llantos, para que vean que los papás están seguros de la decisión que han tomado y que no están tristes”.

En cuanto a las razones que han ocasionado el divorcio, es mejor dar a los niños la menor cantidad de información posible. Ellos seguramente van a preguntar por qué se ha tomado esa decisión y se les puede volver a decir que ya no se llevan bien y que, para llevarse mejor, van a    separarse. A los chicos no les parecerá extraño, pues seguramente, como suele suceder, ya han escuchado alguna pelea o discusión entre sus padres y han percibido la tensión que se vive en el ambiente cuando una pareja tiene dificultades.

Palabras y contexto adecuados

“Sin embargo, el hijo mayor puede hacer preguntas más complicadas, las cuales hay que responder detalladamente, mientras que los más pequeños, generalmente, quedan satisfechos con la información básica que se les da. Por ello, si entre los hijos hay mucha diferencia de edades, es preferible hablar por separado con el mayor y con el menor”, señala la especialista, y agrega: “Eso sí, el niño no tiene por qué saber el motivo real de la separación si se debe, por ejemplo, a una situación de infidelidad. Los hijos no tienen por qué tomar partido por un lado u otro (ni menos verse forzados a hacerlo), sino que deben querer y respetar a ambos padres por igual. El niño quiere a su papá, pero si piensa que le ha causado un daño a su mamá, se verá envuelto en un sentimiento ambivalente, pues no puede dejar de sentir cariño por él y pensará que ese sentimiento es malo porque no debería querer a alguien que ha hecho sufrir a su madre. Los problemas entre los padres deben resolverlos ellos y no utilizar a los niños como un medio para chantajear al otro”.

En ese sentido, es importante el papel que juega la familia durante el proceso de divorcio. Es común que si el padre es el que deja el hogar por una nueva pareja, la abuela materna o las tías hablen mal de él. No es extraño que se refieran a él con frases duras que los chicos pueden escuchar. Por ello, lo mejor es que la familia se mantenga al margen o que actúe con la misma serenidad que la madre, siguiendo sus indicaciones con respecto a lo que se debe decir a los chicos.

Si el padre tiene otra pareja, tarde o temprano el niño lo va a saber; pero no tiene por qué juzgar ni tomar partido por la mamá,  pues no está en condiciones de hacerlo.

Otro dato importante es que a los niños no hay que darles mucha información de golpe, pues no la asimilarán correctamente. Lo mejor es ir respondiendo las interrogantes que el niño pueda tener según las vaya manifestando. Los padres deben tener la situación muy clara para dar siempre las mismas respuestas, aunque el niño haga las preguntas a cada uno por separado.

Lo que sí es, definitivamente, un gran error es tratar de engañar a los niños diciéndoles que el papá se ha ido de viaje, que va a vivir un tiempo lejos de casa por el trabajo o cualquier otra excusa. Los hijos pueden ser pequeños, pero intuyen las cosas, y si no se les dice la verdad, pueden creer que ellos son los culpables, con el consiguiente sentimiento de culpa.

Un nuevo comienzo

La separación de los padres determina el fin de una etapa y el inicio de una nueva vida para todos. Muchas veces, el sufrimiento que sienten los adultos debido al divorcio hace que no se percaten de que a los niños el cambio también les afecta.

Por tanto, es muy probable que el pequeño manifieste cambios en su conducta. “En algunos casos puede presentarse una regresión; otros niños se vuelven rebeldes; otros, más bien, se encierran en sí mismos y pueden mostrar cuadros de depresión. Esos cambios surgen generalmente por su necesidad de llamar la atención. Ante esa situación, los padres deben tener mucha paciencia, dar a los niños seguridad y crear para ellos un ambiente de estabilidad para que no sientan que su mundo se está resquebrajando”, señala Aiñari Indacochea.

Es importante que el niño tenga claro cómo va a funcionar su nueva vida. Los padres deben de discutir cómo van a repartirse el tiempo con sus hijos, y una vez que hayan llegado a un acuerdo, decírselo a los niños. Ellos deben asimilar que van a vivir entre dos hogares: el original junto a su madre y uno nuevo, donde podrán estar junto a su padre. “Para que su nuevo orden de vida funcione, es necesario que las reglas que tenían cuando la familia estaba unida se sigan manteniendo en los dos hogares por igual. Por ejemplo, que se respete la hora de las comidas o la de acostarse. Muchas veces sucede que en la casa del papá las reglas cambian completamente. El papá se vuelve consentidor, más aún si es él quien abandonó el hogar, pues se siente culpable, y esa es una situación que los niños aprovechan para manipularlo. Si los padres sienten culpa, si piensan que no está bien divorciarse, los niños lo van a percibir y van a intentar sacar provecho. El niño necesita reglas, límites, y los papás deben ser muy firmes en eso”.

Si los mensajes que el niño recibe de ambos lados son consistentes y no contradictorios, se sentirá más ubicado, manipulará menos, tendrá un mejor comportamiento y se adaptará más fácilmente a su nueva forma de vida.

Finalmente, es preciso decir que un divorcio no es fácil para nadie. Que todos pasen por él con el menor sufrimiento requiere de una gran madurez por parte de los padres. Por ello, de ser posible, es recomendable que los papás acudan a un consejero para que pueda ayudarlos tanto a manejar los problemas que surjan entre ellos a raíz de la separación y llegar a acuerdos saludables, como para manejar de la mejor manera las situaciones difíciles que se presenten con sus hijos.

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