¿Que es la Equinoterapia y cuales son sus beneficios?

La rehabilitación física es una experiencia larga y ardua para lso niños con capacidades diferentes. Trasladar las sesiones al aire libre poniendo a los niños en contacto con la naturaleza, con un animal entrañable como el caballo y obteniendo los mismos resultados y otros adicionales, es lo que ofrece esta antigua técnica.

equinoterapia-salud

Cuando por causa congénita –física o psicológica– o un accidente un niño debe recurrir a rehabilitación física, el reto no es sólo para su pequeño cuerpo. Tanto él como sus padres deben prepararse el ánimo y la voluntad para enfrentar un camino intenso y cargado de dolores físicos y emocionales. Aunque el esfuerzo de terapeutas y pacientes es admirable, el trecho hacia cada pequeño logro puede ser frustrante. De hecho, para muchos niños la sola mención de la palabra “terapia” es sinónimo de temor.

Como alternativa, la equinoterapia o hipoterapia es un método terapéutico realizado al aire libre, que aprovecha las similitudes entre el movimiento natural del caballo y la marcha humana, y une los principios de la equitación con técnicas de salud para lograr la rehabilitación, integración y desarrollo físico, psíquico y social de personas con capacidades diferentes. Esta técnica ha demostrado, a lo largo de los años, ser una opción más amable y divertida para los niños por estar en un ambiente natural, libre de paredes y en contacto con un animal que inspira simpatía y afecto.

El efecto beneficioso del movimiento del caballo se conoce desde hace muchos años. Los antiguos griegos aconsejaban practicar equitación con el fin de mejorar el estado anímico de los enfermos incurables. El propio Hipócrates, 460 antes de Cristo, ya hablaba del saludable trote de los caballos. En el siglo XVII, la medicina utilizaba la equitación para combatir la temible gota.

En la actualidad es empleada en el tratamiento de múltiples enfermedades, desde parálisis cerebral hasta depresión y anorexia. Sus impulsores aseguran que, aunque no es milagrosa –algunos males son irreversibles– puede hacer una diferencia cualitativa en la vida de los pequeños. Y en algunos casos, incluso, superarla.

“Frecuentemente, se logra que niños autistas abracen a su caballo a las pocas sesiones; hemos visto jóvenes en silla de ruedas que han logrado caminar y niños hiperactivos que alcanzan estados de relajación, entre muchos otros”. Quien habla con este entusiasmo lo hace por vivencia propia: Blanca Mayor, presidenta de la Asociación Mexicana de Equitación Terapéutica, ufrió de poliomielitis de niña y se recuperó gracias a este método. Desde entonces soñó con una forma de retribuir a los niños –y adultos– del futuro. Cuando se casó con el ingeniero Rafael Muñoz Hinojosa, creó esta asociación que difunde la práctica en su país natal. Ambos, expertos equinoterapeutas, hicieron hace un tiempo un exitoso taller en el Perú.

Fundamentos científicos

“Los movimientos tridimensionales y rotativos de una persona a caballo al paso son casi idénticos a los de una persona al caminar: siguen el mismo patrón de movimiento en la pelvis y el tronco, y alcanzan aproximadamente 110 maniobras por minuto. Esto permite que mientras el paciente está sentado en el lomo del caballo -exactamente su centro de gravedad–, la vibración estimule física y neurológicamente, y en tiempo real, las áreas relacionadas con la marcha”, explica la terapeuta.

Agrega que este proceso de estimulación produce endorfinas que generan sensación de bienestar y favorecen la sinapsis neuronal (el contacto entre las neuronas), lo que permite que el cerebro identifique músculos, miembros y órganos, empiece a mandarles instrucciones favoreciendo el proceso de habilitación neuromuscular. Esto ayuda en la mayoría de los casos en que el sistema nervioso no se ha percatado de la existencia de estos. Explica que en el caso de daños neurológicos mayores, la estimulación ecuestre propicia y fortalece la plasticidad cerebral (capacidad del sistema nervioso central para adaptarse a los cambios, como aprender cosas nuevas o recuperar funciones perdidas).

Su esposo añade que el movimiento del caballo ofrece la ventaja sustantiva de tener una gran variedad de ritmos y cadencias, lo que gradúa el nivel de sensaciones que el paciente recibe. “Al transmitirle al jinete un total de 110 movimientos diferentes por minuto, no hay ni un solo músculo ni zona corporal, desde el coxis hasta la cabeza, al que no se envíe un estímulo. Todo ello en conjunto produce que el enfermo pueda ser capaz de experimentar sensaciones que nunca antes ha vivido. Además, requiere de una actitud activa del paciente, que deberá hacer movimientos para estirarse, relajarse, mejorar la coordinación y el equilibrio”.

Por su parte, el neurólogo peruano Aldo Bertie considera que es obligación de la ciencia médica investigar sobre el tema para poder realizar mediciones estrictas de lo que él considera, en principio, una opción sumamente prometedora. Enfatiza que el hecho de que sea tomado como una diversión por el paciente, lejos de amenazadoras máquinas, puede contribuir a que el beneficio no sea sólo muscular sino también sensorial y emocional.

Casos en los que es indicada
– Esclerosis múltiple
– Parálisis cerebral
– Autismo
– Síndrome de Down
– Espina bífida
– Traumas cerebrales
– Desórdenes de carácter
– Enfermedades neurodegenerativas
– Enfermedades traumatológicas
– Anorexia
– Bulimia
– Afecciones crónicas
– Minusvalías de cualquier tipo (físicas y psíquicas)
– Problemas de comportamiento
– Incapacidad intelectual
– Discapacidad física
– Discapacidad sensorial
– Enfermedades mentales.
– Diversas inadaptaciones sociales (drogadicción, delincuencia, entre otras)
– Otras afecciones invalidantes

Principales efectos de la equinoterapia

Efectos fisiológicos: Aumento de la capacidad de percepción de estímulos al encontrarse en una situación
de movimiento.
Efectos psíquicos: Estimula la atención, la concentración y la motivación frente a otros movimientos.
Incrementa la autoestima y la seguridad en uno mismo.
Efectos físicos: El caballo tiene una temperatura corporal y un volumen muy superiores al hombre, lo
que conlleva una importante transmisión de calor y solidez al ser abrazado y tocado por un niño.

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