¿Qué es la dislexia?

¿La mala noticia? La dislexia es una condición que, de padecerla, nos acompañará toda la vida. La buena noticia es que muchas veces es un diagnóstico errado que confunde un trastorno de aprendizaje de menor gravedad con este complicado mal.

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Antes de hablar de la dislexia debemos descartar que no todos los problemas de lectura deben de ser confundidos con ella. La dislexia es una condición en la que los niños se demoran en relacionar un sonido fonético con el símbolo que lo representa. Esto se percibe a través de una serie de síntomas que, si bien no estarán todos presentes, serán continuos.

“La importancia de estos síntomas es su continuidad”, explica la especialista en problemas de aprendizaje y lenguaje María Teresa Díaz Ampuero. “Si un niño aprender a leer a los seis años debe de cometer los errores típicos de los seis o siete años. Pero si más o
menos alrededor de los ocho vemos que este niño continúa presentando los síntomas característicos de esta condición, recién ahí podemos hablar de dislexia”.

Desmitificando la situación

El niño disléxico es una persona con inteligencia normal; no tiene retraso mental, aprende otras cosas sin mayor dificultad y no tiene problemas emocionales. Su único dilema es su dificultad para la lectura, ya que al confundir los símbolos, sean letras o números, se demora tanto en deletrear que pierde la lectocomprensión y silabea.

Hay que tener en cuenta que aprender a leer es un proceso que depende mucho de las habilidades y la capacidad de cada individuo. No vale la pena preocuparse antes de tiempo; lo más conveniente es darle al niño suficiente espacio para sobrepasar sus impedimentos por él mismo. Según la especialista Díaz, un diagnóstico no debe darse antes de los ocho años.

“Podemos empezar a preocuparnos cuando el niño termina primer grado y está igual que a comienzos de año, con dificultad, y rechaza la lectura”, explica. “Lo que se debe hacer en ese caso es una evaluación, analizar las causas por las que no ha asimilado
la información”.

Lo más recomendable es hacer una evaluación integral: psicológica, de aprendizaje y neurológica. “En la medida que nosotros reconozcamos las causas podemos ayudar en la intervención”, manifiesta.

Un detalle a tener en cuenta es que un diagnóstico como la dislexia debe de hacerse tras numerosas pruebas que descarten otro tipo de alteraciones del aprendizaje. “Deberíamos de hablar antes que nada de dificultades de lectura. El nombre de dislexia debe de quedar para los especialistas, para una última etapa de evaluación y diagnóstico”.

Una vez diagnosticada la condición, se debe evaluar al niño cada cierto tiempo para ver si ha logrado algún avance. Si el niño supera el problema, no es y nunca fue disléxico. En caso contrario, ése es el momento en el que recién se puede hablar de un posible trastorno de tipo disléxico.

Un caso famoso es el del actor norteamericano Tom Cruise, conocido disléxico, quien hace algunos meses declaró a los medios que nunca había padecido esa condición. Según sus palabras, simplemente fue un diagnóstico errado que se creyó verdadero, y tuvo que vivir con esa etiqueta para siempre.

De todos modos, hay algunas personas más propensas que otras a padecer el trastorno. Por lo general son aquéllas que tienen dificultad al hablar o sufren de problemas de pronunciación, que se han demorado en hablar, niños con falta de atención, con problemas visuales (no distinguen colores o formas) o auditivos (problemas de la nariz, la garganta y los oídos), con problemas psicomotores o con historial de dislexia en su familia.

Cuidado con presionar

Aunque la nueva tecnología haya traído consigo una serie de innovadores inventos para promover la lectura precoz, hay que tener en cuenta que los niños deben de cumplir con una serie de prerrequisitos para la lectura. Leer es como caminar: debemos de saber gatear antes de intentar pararnos.

“Un niño de tres años te puede decir mecánicamente qué letra es cuál”, explica la experta. “Pero más adelante, cuando tenga que desarrollar la lectura y escritura, va a tener problemas. Adelantarnos en esa fase es una de las maneras como podemos propiciar niños con discapacidades lectoras”.

Hay que recordar que la lectura es un proceso auditivo, en el que el pequeño debe de ir asociando un símbolo a un sonido fonético particular. Esto toma tiempo y es normal que los niños pequeños se demoren en lograrlo. Para incentivarlos a perderle el miedo a la lectura, lo más recomendable es acostumbrarlos a leer mucho y hacer del proceso de aprendizaje un momento lúdico en el que se pueda unificar el estudio con el juego. Eso sí, yendo siempre paso a paso de acuerdo a la edad de los pequeños.

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