Problemas con la lectura en niños

Se equivoca con las palabras, lee muy despacio o incluso se atolondra. ¿Es un problema grave o sólo es parte de su aprendizaje?

lectura

En promedio, un niño aprende a leer entre los cinco y los seis años de edad, dependiendo de la metodología de enseñanza que se siga. El método más tradicional se basa en el abecedario, pero también existen, en la actualidad, sistemas más eficaces que buscan enseñarle al niño a través de su realidad, usando lo que le interesa conocer para estimular sus propios esfuerzos y su interés por aprender. Es decir, se busca que el chico sea un ente activo y participativo de este proceso que tiene mucho que ver con la relación entre palabras y objetos.

Sin embargo, para los padres puede resultar complicado detectar las dificultades de este aprendizaje y discernir si el leer lentamente, por ejemplo, es un verdadero problema o simplemente se trata de un desarrollo tardío.

Lesli O’Brien, especialista en educación, afirma que las principales dificultades en torno a este tema se presentan en la mecanización de la lectura y en las grafías semejantes. La primera está relacionada con la sustitución de letras por sonidos semejantes (“b” por “v” y “t” por “d”), mientras que, en el segundo caso, el niño tiene problemas para distinguir letras que se escriben de forma similar, como “p” por “q” o “d” por “b”. Estos casos no implican necesariamente una dis-lexia, sino se trata de errores de percepción que tienen los niños al iniciarse en el mundo de las letras. Esta confusión hace que el pequeño no pueda leer con claridad los textos y le genera demoras en la lectura. La situación se agrava, sin embargo, cuando los padres o maestros no tienen paciencia y le exigen que lea con claridad, lo cual ocasiona inseguridad en el menor. No obstante, cuando se arrastran las dificultades mencionadas anteriormente, se puede caer en problemas para la “comprensión de lectura” (aunque es cierto que este nivel de entendimiento corresponde a un grado más avanzado de aprendizaje).

Si bien es importante detectar que estas consideraciones no tengan un trasfondo neurológico -como sí lo pueden tener algunas formas de dislexia- las dificultades en mecanización, como la diferenciación de grafías, se corrigen con terapias en trabajos correctivos a cargo de especialistas: se trabaja la diferenciación de fonemas tanto a nivel perceptivo como auditivo y con ejercicios de lectura hasta llegar a su mecanización. Por su parte, la comprensión de lectura se asocia con el desarrollo de la escritura e implica terapias un poco más complejas para llegar al nivel óptimo de lectura.

A tiempo

Todos estos problemas se pueden detectar en el colegio, pero también -y esto es lo ideal- en el nido, mediante la evaluación de la parte perceptiva, el manejo espacial en derecha e izquierda y el análisis de los dibujos y el lenguaje de los niños. Es muy común que un pequeño con problemas de pronunciación llegue a desarrollar la escritura con dificultad. Es importante anotar que si el niño no habla correctamente hasta los tres años, se aconseja que sea evaluado por un especialista. Se debe atender con mucho cuidado a los niños que tartamudean o hablan demasiado rápido, porque en estos casos, cortan las palabras cuando leen y escriben. A esta edad, el niño debe hablar bien en términos de madurez lingüística, es decir, su pronunciación debe ser la apropiada, no debe cortar palabras y, aunque no parezca importante, no debe “hablar como bebito”.

A muchos padres les encanta ver como su hijo juega a ser bebé y habla de esta forma. Como juego ocasional, está bien; pero cuando esto se convierte en un hábito, entonces estamos sembrando problemas que posteriormente dificultarán la lectura en el menor. De la misma forma, si el niño escucha bien, podrá leer bien y posteriormente escribir correctamente.

Por su parte, los especialistas recomiendan a los padres pasar la mayor cantidad de tiempo posible con sus niños y estar atentos a cualquier problema. Por ejemplo, al momento de contar el cuento antes de acostarse, se puede invitar al niño a leer parte de la historia mientras se presta atención a las palabras difíciles y la velocidad de su lectura. Lógicamente, un niño de 5 o 6 años leerá despacio, pero conforme pasa el tiempo, irá mejorando. Cuando se sale de paseo, se puede preguntar, a manera de juego, qué dice en tal o cuál letrero para que el pequeño demuestre lo avanzado que está en su proceso de aprendizaje. Nunca se debe presionar al menor a que lea rápidamente, pues esto sólo ocasiona retrocesos difíciles de corregir. Si considera que necesita ayuda, no tenga miedo y plantee sus inquietudes a la profesora del colegio o del nido al que asista su hijo.

Finalmente, para que el niño aprenda a leer debe ser motivado con el ejemplo. Los papás deben ser consumidores de libros, periódicos y revistas para que los niños también se interesen por ingresar a este fascinante mundo. Y algo muy hermoso y fructífero que pueden hacer padres e hijos es ir formando la biblioteca del hogar. No se debe esperar a que el niño tenga seis años para empezar a comprar libros, sino que pueden hacer esto desde pequeñitos, con libros para su edad.

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