Primeros deportes para los niños

Los beneficios de la actividad física en el infante son múltiples, desde el desarrollo corporal y mental hasta el aspecto social y de interrelación con el medio. Sin embargo, todo tiene su momento. Saber cuándo empezar con alguna disciplina, así como entender que para los niños ésta debe tener un carácter lúdico, es un factor que todo padre debe tener en cuenta antes de enrolar a su pequeño en alguna aventura deportiva.

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El deporte debe ser parte habitual de la vida del niño desde edades tempranas. Está totalmente comprobado que el ejercicio físico estimula la maduración psicomotriz del individuo y permite que el ser humano crezca y se desarrolle de una mejor manera.

El objetivo de mejorar las aptitudes físicas en los niños pequeños, sin embargo, no estará orientado específicamente a seleccionar talentos –lo que podría llevar al niño a considerar al deporte como una actividad conflictiva, estresante y de gran frustración– sino debe tener una finalidad lúdica y agradable.

Según el doctor Jorge Sarango Águila, experto en medicina de rehabilitación y del deporte, hasta los seis años la práctica deportiva del niño ha de ser totalmente libre. “Es preciso que las actividades deportivas a temprana edad sean estrictamente lúdicas y no tengan límites de tiempo ni de reglas, es decir, lo ideal es que el pequeño juegue libremente, salte, corra, etcétera. El deporte en el niño es beneficioso, indudablemente, pero también es cierto que va a producir estrés en diferentes partes del organismo, sea a nivel cardiovascular, respiratorio o músculo-esquelético; por lo tanto, debe ser dosificado de acuerdo a la capacidad que tiene su organismo inmaduro para soportar ese estrés”.

Para la fisioterapeuta María Berrospi, el deporte, inicialmente, debe reforzar la coordinación motriz gruesa. “Es conveniente que el niño haga diversos tipos de ejercicios en forma de juego y más tarde en forma de deporte específico. No se debe encasillar al chico en una actividad particular; lo óptimo es permitirle desarrollar múltiples habilidades, siempre bajo la atenta mirada de personal capacitado para dirigirlo”. De acuerdo con la especialista, la actividad física ayuda a mejorar la llegada de los nutrientes hacia el organismo y estimula la producción de la hormona del crecimiento, pero siempre debe hacerse en forma adecuada, y para eso tiene que haber un seguimiento especializado.

¿Cuanto antes mejor?

Existen múltiples deportes que requieren un inicio precoz, como la gimnasia olímpica o la natación. La tendencia en la actualidad es que el deporte se inicie lo más tempranamente posible y por eso otras disciplinas como el tenis, el béisbol o el fútbol también comienzan a impartirse desde los tres o cuatro años de edad. “Por una idea errónea de los padres y de la cultura se cree que el niño que practica un deporte desde muy temprana edad va a ser mejor; ése es un concepto equivocado. El caso de la gimnasia es diferente, porque los requerimientos de la especialidad deportiva demandan que el niño empiece muy pronto.

Sin embargo, las lesiones músculo esqueléticas más severas se observan precisamente en este grupo de deportistas: niños tenistas con lesiones severas en el hombro o niñas gimnastas con
lesiones muy serias en la pierna, tanto en la rodilla como en el pie. Lo que sucede en estos casos es que los niños están haciendo una práctica deportiva de manera repetitiva en un segmento corporal que todavía no tiene la suficiente fuerza para aguantar o tolerar ese ejercicio. Ahí es importante el conocimiento por parte de los entrenadores.

El profesional que va a trabajar con niños menores tiene que estar bien preparado, saber administrar las cargas de trabajo que
puede soportar el chico e introducirlo en las diferentes especialidades deportivas de acuerdo a la capacidad que tenga para soportarlas. Lo ideal es que, además, tengan un soporte médico que permita hacer una evaluación apropiada en el momento adecuado que lleve a identificar los factores de riesgo que tiene un niño para la práctica deportiva”.

Según el doctor Sarango, el primer examen especializado con miras a buscar factores de riesgo para lesiones en el deporte infantil se debe hacer a los seis años de edad y el segundo a los once años, cuando ya adquirió destrezas motoras y desarrolló su estructura músculoesquelética de manera armoniosa.

Por otra parte, algunos deportes desarrollan demasiado la masa muscular, lo que puede producir una alteración del crecimiento óseo. Para la doctora María Berrospi, una forma de evitar que esto suceda es fomentar otro deporte que ayude a relajar los músculos que se encuentran sometidos a presión. “Los niños que juegan fútbol tienden a desarrollar ciertas desviaciones en las piernas porque no tienen una actividad que compense ese deporte asimétrico con otro simétrico como la natación, por ejemplo; por eso, cuando son muy pequeños no es conveniente focalizarse en una sola actividad. Eso sí: periódicamente deben de tener una evaluación por el especialista para saber que ese niño está desarrollando estructuralmente en forma correcta, ya que se puede encontrar problemas a nivel de columna desde los seis o siete años de edad”.

Los deportes de contacto son peligrosos para niños muy pequeños: el baloncesto, el fútbol, el fútbol americano y el hockey, si se juegan al estilo de los adultos, pueden dañar gravemente a un niño. El equipo de seguridad no aporta suficiente protección como para prevenir lesiones cuando los niños juegan según reglas diseñadas para niños mayores.

Alta competencia versus baja autoestima

Es necesario considerar qué deportes de alto rendimiento generan
una serie de problemas de salud considerables, tanto físicos como psicológicos. La actividad física de alta competencia requiere de un compromiso permanente del niño con el entrenamiento: el juego que éste realiza inicialmente deja de serlo y se convierte en una obligación buscando lograr su mejor marca; los horarios son estrictos, lo que no permite que el niño actúe a voluntad propia; las lesiones y el dolor se vuelven parte de su vida. En esos casos, los niños que no hayan sido preparados psicológicamente pueden presentar traumas que muchas veces son reforzados por las ansias de triunfo de algunos padres y entrenadores.

“El niño que practica un deporte no solamente está siendo sometido a un estrés físico sino psicológico: muchas veces los chicos le tienen más terror al papá que al entrenador, y es que los padres a veces extrapolamos lo que nosotros hubiésemos deseado ser, y como no lo conseguimos, tratamos de que nuestro niño sea una estrella desde temprana edad.

La cultura del deporte es buena, pero hay que saber establecer cuál es la intensidad y el tipo de ejercicio que necesita el chico, cuál es su capacidad de resistir el estrés físico y, principalmente, estar conscientes también de que el deporte no debe representar un estrés psicológico, porque lejos de buscar un desarrollo armonioso tanto físico como mental, lo que podemos conseguir es un pequeño lleno de frustraciones y temores, y que le va a tener más miedo al fracaso que a la competencia misma. El deporte tiene que ser algo que brinde satisfacción física y mental. Si uno ve que su hijo tiene condiciones físicas o psicológicas adecuadas para desarrollar un tipo de deporte, enhorabuena; pero la toma de decisión tiene que venir en un momento adecuado”, concluye el doctor Jorge Sarango.

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