Partos naturales: Como dar a luz en el agua

El parto en el agua es una opción que permite a la madre vivir una de las experiencias más importantes de su vida a plenitud. Se trata de un reencuentro con la naturaleza que deja, según quienes lo han experimentado, la sensación más dulce en el alma.

“Nació y se quedó flotando en el agua. Se estaba poniendo el sol y la luz del atardecer que ingresaba por la ventana de la habitación creaba una atmósfera espectacular. Mi esposo, mi madre y yo nos quedamos mirando al bebé admirados porque brillaba; la grasita que lo cubría parecía fosforescente. Entonces la doctora me dijo que lo cargue. Lo acerqué a mí y lo levante poniéndolo a la altura de mi cara. Él me miró fijamente y luego levantó la cabeza para ver a su papá que estaba detrás de mí. Fue realmente emocionante. Lo puse en mi pecho e inmediatamente empezó a mamar. Nos quedamos así un largo rato, fue uno de los momentos más intensos y felices de mi vida”. Esta es la experiencia de Sandra Tineo de Mautino, quien ha tenido a sus dos hijos, Lorenzo de 4 y Luana de 2, como ella eligió: en su propio hogar, dentro del agua y junto a sus seres más queridos.

Como explica la doctora Angela Brocker, impulsora de esta forma de parto en nuestro país, las mujeres sienten cada vez más miedo del momento del parto, no quieren sentir dolor y buscan el camino más fácil para dar a luz. De ahí la gran tendencia a practicar cesáreas. “Las mujeres deben aprender a confiar en su naturaleza. Aquellas que han tenido la oportunidad de vivir la experiencia de un parto natural en el agua, a pesar del dolor y del esfuerzo, vuelven a tener confianza en sí mismas como seres humanos, como madres, como hijas”, señala.

En nuestro país

Los partos en el agua empezaron a practicarse hace 35 años en Europa, aunque es sabido que desde el principio de la humanidad las mujeres usaron el agua como un medio seguro y confortable para alumbrar; incluso hoy en día, muchas indígenas lo practican. A nuestro país, este método llego hace poco más de tres años de la mano de Angela Brocker, quien creó la casa de nacimiento Pakarii (que en quechua significa amanecer), donde las mujeres que así lo deseen pueden dar a luz en un ambiente relajado e íntimo.

Según explica la especialista, actualmente muchas mujeres se sienten inhibidas por el ambiente frío de los hospitales. Ellas prefieren vivir la experiencia del parto de una manera distinta, más íntima, en un lugar cálido donde puedan relajarse y reencontrarse con esos instintos olvidados. Y es que los partos bajo el agua tienen por principio hacer de esta vivencia un acto placentero, que la mujer disfrute a pesar del esfuerzo. Es la mamá la que elige si el parto tendrá lugar en su casa (puede ser en la tina del baño), en Pakarii o en una clínica (el Hogar de la Madre es el único que brinda esta opción).

Agua y vida

Los que lo defienden señalan que el parto en el agua permite que el nacimiento se produzca de una manera natural y sin alterar el proceso biológico. La labor del médico es más que nada de apoyo, pues la madre es la que hace todo el trabajo de parto viviendo plenamente cada instante del proceso. El agua transmite tranquilidad y ayuda a disminuir las tensiones y los miedos.

Al igual que con cualquier otro tipo de parto, aquellas mujeres que se deciden por dar a luz en el agua deben seguir un control prenatal estricto. Así, los exámenes y ultrasonidos permiten monitorear al bebé para verificar que la gestación va por buen camino y que el alumbramiento se llevará a cabo sin dificultades.

Llegado el momento, el ambiente elegido se prepara moderando la luz para que sea muy tenue, prendiendo velas e incienso y con una música suave de fondo para ayudar a la mamá a la relajación. Tranquilamente ella seguirá el proceso del parto con los ejercicios que ha aprendido para respirar y acompañar el ritmo de sus contracciones. Cuando se inicia la etapa final, la madre entra a una tina profunda preparada con agua limpia y tibia (a 37 grados, que es la temperatura del cuerpo) y se acomoda en la postura que más la ayude: en cuclillas, arrodillada o semisentada. Junto a ella, el padre juega también un papel preponderante, pues ayuda activamente a su mujer a traer al mundo a su hijo. Además, la mamá puede elegir a otra persona a su lado para que la apoye. Puede ser su madre, su hermana o una amiga; lo importante es conseguir un ambiente de amor e intimidad.

Una madre que está bien acompañada, que se encuentra en un ambiente facilitador y armonioso, logra respirar de manera tranquila y calmada, lo que le permite entrar en un estado de trance. Es durante ese proceso que se segrega una hormona endógena llamada endorfina, que forma parte de la familia de las morfinas. Es un analgésico natural sumamente potente y que ayuda a la mujer que está dando a luz a soportar las contracciones.

Al nacer, el bebé, que ha pasado su vida embrionaria dentro del líquido amniótico, se encontrará con el agua de la tina, lo que le causará una sensación menos traumática que si se encontrara directamente con el aire.

El niño puede estar sumergido hasta cuatro minutos en el agua de la tina sin peligro alguno, pues aún está conectado al cordón umbilical y recibe el oxígeno necesario. No se ahoga porque se mantiene como en el útero. El estímulo nervioso para que empiece a trabajar el sistema respiratorio es el contacto de la cara con el aire. Recién cuando la madre lo levante, lo saque del agua y lo lleve hacia su pecho, el pequeño empezará a respirar tranquila y normalmente.

Dicen quienes han vivido la experiencia que no hay nada más valioso que ese primer contacto tan íntimo entre la madre y su hijo. Es ella quien lo toca por primera vez al sacarlo del agua y permanece junto a él dándole de mamar el tiempo que desee. El recién nacido se siente seguro porque sigue escuchando el corazón y la voz de su madre y es abrigado por sus manos. “No es como en los hospitales, que apenas nace el niño se lo muestran un ratito a la madre y luego se lo llevan”, señala la doctora Brocker.

El papa, como ya mencionamos, vive también ese momento de intimidad y contacto total con su pequeño. Además, es él quien le corta el cordón umbilical, una experiencia inolvidable para ellos.

Buscando seguridad

El parto en el agua es una opción más. Quienes la eligen suelen tener un modo de vida que se acerca a lo natural. Aquellos que, por el contrario, se muestran en contra de esta forma para dar a luz, señalan que durante el parto pueden presentarse complicaciones que, al no contar con los recursos científicos y tecnológicos de una buena clínica, podrían ser fatales.

Al respecto, Angela Brocker indica que si el embarazo se ha desarrollado normalmente no tienen por qué presentarse complicaciones al momento del parto; pero en caso de suceder, inmediatamente se traslada a la madre a la clínica u hospital más cercano. Por ello se recomienda tener disponible un carro con el tanque de gasolina lleno en la puerta de la casa. Sin embargo, acota que en todo el tiempo que viene trabajando el parto en el agua no ha tenido ningún problema y son 188 los niños que ya ha traído al mundo.

La decisión, finalmente, es de los padres, pues ellos saben mejor que nadie cómo quieren que se produzca ese mágico momento en que una nueva vida nace para ser parte de ellos para siempre.

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