Las Primeras Fiestas en los jovenes

Es posible que su hijo de 12 o 13 años le plantee por estos días la posibilidad de asistir a una fiesta. Empezó lo bueno porque el chico está creciendo y usted puede estar enfrentando lógicos temores mientras le reclaman su esperada autorización.

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Según la doctora Mercedes Valdez, licenciada en Psicología de la Pontificia Universidad Católica, las primeras salidas de los preadolescentes son todo un acontecimiento para los padres, ya que es el momento en que ellos comprueban si todo lo que les han dado a sus hijos ha sido realmente efectivo. “Yo creo que lo que debe sentir el chico, ante su primera fiesta, es que sus papás confían en él, y éstos sentirse tranquilos si es que han hecho su trabajo suficientemente bien. Obviamente, es casi imposible pedirles que no tengan algo de miedo”. A decir de la especialista, por lo general este temor se centra en la preocupación por lo que sus hijos puedan encontrar en una fiesta y por la presión de grupo, que a esa edad es muy fuerte.

Reglas Claras

Los chicos deben sentir que sus padres establecen reglas. Así como les enseñaron, cuando eran pequeños, a ir al baño solos o a cepillarse los dientes, es imprescindible, en el inicio de la adolescencia, darles pautas de comportamiento claras y sensatas. “Una de las cosas que se cree, es que los chicos adolescentes están tratando de pelear todo el tiempo con los papás y de llevarles la contraria; pero, en el fondo, ellos esperan que sus padres les pongan límites y los sigan cuidando. Pueden haber crecido, pero son chicos aún y están esperando que les pongan un control, porque esto les da seguridad. Creo que cuando el chico no tiene esa sensación de ser cuidado, se siente muy triste”.

Asimismo, es importante que los padres establezcan con sus hijos pautas básicas sobre las cosas que tienen prohibidas, ya sea el licor, el tabaco, las drogas o la violencia. Decirles claramente: “No quiero que permanezcas en un lugar donde se está consumiendo droga”. También es necesario plantearles cómo deben comportarse ante ciertas situaciones (“si están consumiendo bebidas alcohólicas, me llamas y te recojo”) y enseñarles algunos recursos que los ayuden a salir de apuros (“tengo partido mañana, por eso prefiero no fumar ahora”); pero, sobre todo, hacerles sentir que, ante cualquier problema, pueden contar con sus padres (“si por alguna razón no te sientes a gusto en la fiesta, llámanos y te traeremos a casa”).

Cuándo Decir que No

En algunos casos, es necesario saber decir que “no” a las múltiples invitaciones que llegan a tener los preadolescentes. Nadie mejor que los padres para saber en qué caso es conveniente que su hijo asista y en qué otros no. “Es importante -dice la psicóloga Mercedes Valdez-, que haya una conversación entre ellos y el papá o la mamá en la que se expliquen las razones de esa negativa”, las cuales, dicho sea de paso, pueden ser por razones muy variadas: desde las edades de las personas que lo están invitando en comparación con la del hijo (una diferencia de dos años a esa edad puede significar un abismo enorme en intereses y niveles de madurez), hasta la magnitud de la fiesta (una fiesta muy grande abre la posibilidad de que ocurra algún tipo de problema), o si los padres no conocen a los dueños de casa donde se va a organizar la reunión (algunos padres no ejercen ninguna supervisión o sencillamente no están en la casa). También puede darse el caso de negar el permiso a una fiesta, si es que al día siguiente el chico tiene algún examen en el colegio o algún compromiso de tipo familiar o deportivo. “El control de los padres debe ser cercano, pero no invasivo, al punto que el chico sienta que nunca lo dejan asistir a una fiesta”, manifiesta la especialista.

Fiestas Particulares y Públicas

Si la fiesta se realiza en la propia casa, la vigilancia de los padres es fundamental, no porque necesariamente vaya a suceder algo malo, sino porque se trata de chicos que recién están saliendo y, en muchos casos, enfrentándose al problema de tener contacto con personas de un sexo diferente al suyo. “Lo lógico es que haya una persona adulta responsable, ya que estamos hablando de jovencitos de 11 o 12 años que no tienen edad para responsabilizarse por el desempeño de un grupo grande”, señala Mercedes Valdez. En este caso, es importante que los padres dueños de casa se hagan presentes de alguna manera: preparando la parrillada para que los chicos coman, paseándose por el área de la fiesta discretamente o revisando, cada cierto tiempo, el baño o los lugares alejados de la casa. “Acá también la presencia de reglas precisas se hace indispensable. Es necesario hacer que el chico se responsabilice por sus invitados señalándole lo que les está permitido hacer o no en la casa y, por supuesto, la hora en la que debe terminar la fiesta. Los púberes no se quejan de los límites”, manifiesta la doctora Valdez.

Por otra parte, también están las fiestas para adolescentes organizadas en lugares públicos, muchas de ellas en los propios colegios, luego de las kermesses o cierto tipo de eventos, como la clausura del año, por ejemplo. Acá la situación es completamente distinta ya que la población es mucho más grande e incluso tienen la posibilidad de comprar y consumir alcohol. Según la especialista, desde el momento en que un chico sale, tiene que saber todo lo que puede encontrar. “La sorpresa, a veces, quita la posibilidad de responder. Por eso es necesario que los chicos sepan que les pueden ofrecer droga o cigarros o que es mejor que ellos mismos abran sus gaseosas en lugar de recibirlas abiertas, no por una sensación paranoide de pensar que todo el tiempo les pueden hacer algo, sino por una sensación de cuidado de uno mismo”. En estas situaciones, lo que los padres hacen es ensayar a sus hijos en la necesidad de empezar a cuidarse solos.

Asimismo, es importante hacer algún comentario después de la fiesta. Lógicamente, los chicos no van a querer contarle todo a sus padres, lo que es lógico, pues están cuidando su privacidad, factor muy importante a esa edad. “Empiezan a tener un mundo que, aunque no encierre nada de malo, genera la sensación de propiedad. Probablemente, al comienzo, el padre preguntará: ‘y, ¿qué tal?’ y el chico responderá: ‘bien’, y punto. Pero, si anteriormente ha habido una práctica de comunicación en casa, quizás tengan la posibilidad de hablar más detalladamente aunque sienta que las cosas que cuenta no siempre le van a gustar al padre”. De acuerdo a la psicóloga Valdez, es imprescindible que los papás le den la posibilidad a su hijo de comentar lo que vio en la fiesta sin llegar al castigo o al clásico “yo te dije”, porque eso puede provocar la ruptura de la comunicación entre el preadolescente y sus padres.

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