Lactancia en Primerizas: Despejando dudas

Muchas son las ventajas de la lactancia materna: es gratuita, saludable, protege contra las infecciones y favorece el lazo emocional entre la madre y su hijo. Además, los bebés amamantados no necesitan otro alimento ni bebida diferente a la leche materna hasta los seis meses de vida. Diversos estudios e investigaciones médicas han determinado que es extremadamente raro que una mujer no esté físicamente apta para dar de lactar y que, por lo tanto, es necesario revalorizar el cuerpo de la mujer, el cual, de forma natural, tiene la facultad de proporcionar alimento a sus hijos.

maternidad

Antes del parto

Según Roxana Braschi, psicóloga y especialista en preparación prenatal, lo más importante es generar confianza en la futura mamá. “Todavía existen algunos prejuicios respecto al hecho de que no se va a tener leche o que la lactancia va a ser un trabajo difícil. Sin embargo, se sabe que sólo el haber contraído alguna enfermedad grave -como el HIV positivo- incapacita a la madre a alimentar a sus bebés. En todos los demás casos, la lactancia es perfectamente posible”.

Por otro lado, “hay muchos mitos respecto a la alimentación a pecho: es falso que el tamaño de éstos influya en la lactancia, así como el de los pezones”, manifiesta la experta. De acuerdo a su explicación, a medida que el embarazo avanza, las secreciones de los ovarios estimulan los tejidos glandulares productores de leche, que se desarrollan y agrandan. Las arterias y venas que irrigan los tejidos glandulares también aumentan de tamaño y es posible verlas en la superficie de los senos. Los médicos que han atendido a madres que amamantan coinciden en que las mujeres que tienen pechos pequeños antes del embarazo pueden producir grandes cantidades de leche.

Otro punto importante es el aspecto emocional. La especialista considera que es de suma importancia que la futura madre reciba todo el apoyo del padre del niño, de sus familiares y de los profesionales de la salud que la rodean. Una madre insegura, tensa y que enfrenta algún tipo de problema, puede afectar su producción de leche ya que su cuerpo segrega adrenalina, sustancia que inhibe la acción de la oxitozina, que es la hormona que hace fluir la leche libremente.

Después del parto

Uno de los errores más comunes que dificultan la lactancia materna se deriva de colocar mal al bebé. Algunas madres prefieren dar de mamar sentadas y otras acostadas, y en este sentido, para amamantar acostada, por ejemplo, es preciso tender al bebé al lado, en la cama, y echarse de costado, de frente a él. Es preciso que la madre se acerque hasta que el pezón le toque los labios. Quizás sea necesario que se recueste en el codo o en almohadas para colocar el pezón en la posición correcta. Cuando el bebé sienta el pezón cerca de la boca comenzará a “buscar” tratando de apoderarse de él. En ocasiones, es posible que la mamá tenga que poner un dedo en el pecho a fin de ofrecerle espacio necesario para respirar por la nariz.

En el caso de amamantar sentada, lo ideal es encontrar una silla o mecedora con brazos que permita a la madre apoyar sus codos. También puede ser de utilidad ponerse almohadas o cojines, y de esta forma, sentirse cómoda. Muchos doctores recomiendan que la madre descanse y se relaje unos 15 minutos antes de iniciar la lactancia.

Asimismo, es imprescindible colocar toda la areola -la zona que rodea al pezón- en la boca del bebé. La acción de succión de la lengua del bebé consiste en llevar la leche de la parte delantera de la boca a la garganta. Si los bebés sólo se introducen el pezón en la boca, casi no reciben leche, y si lo mascan, pueden lastimarlo. Además del uso de cremas, “una de las cosas que se recomiendan es que, una vez terminada la lactancia, la madre se extienda un poco de su propia leche sobre el pezón, como una película muy fina. La grasa que ésta genera ayuda muchísimo a proteger los pezones”, dice Roxana Braschi. También se suele indicar el lavado de manos antes de manipular los pezones para evitar posibles infecciones en éstos. Otras personas consideran óptimo el hecho de dejar que los pezones se sequen al aire por unos 10 minutos antes de volver a colocarse el sostén.

La magia de la naturaleza

Muchas mujeres no saben que la leche no va a aparecer sino hasta después del tercer o cuarto día de haber dado a luz; sin embargo, es importante que el bebé consuma, desde las primeras horas de vida, el llamado calostro, el cual ya se encuentra en el seno de la madre desde el quinto o sexto mes de embarazo. “El calostro es rico en proteínas e inmunoglobulina; es como si la madre le pusiera una vacuna de todas las defensas que ella ha generado a lo largo de su vida”, manifiesta la especialista. “Además, ayuda a que el bebé bote el meconio, que es la primera defecación del niño recién nacido, generalmente de un color muy oscuro, y que previene la ictericia”.

Por otra parte, es preciso, para que la lactancia sea óptima, que el bebé lacte de los dos pechos. “Considero que lo más importante es que tome por lo menos 15 minutos de uno de los dos. Y es que existen dos tipos de leche: la del inicio y la del final, la cual es más rica en grasas y es la que hace que el bebé gane peso, se mantenga satisfecho y duerma por un periodo más prolongado. Si una mamá le da sólo 5 minutos de un lado y lo saca y luego le da 5 minutos del otro, de los dos está recibiendo leche de inicio porque ambos son independientes”, señala Roxana Braschi. También se recomienda hacerlos eructar entre la lactancia de uno y otro seno y no abrigarlos demasiado: cuando la madre está amamantando, por la acción de la prolactina y la oxitozina, que son las hormonas que hacen posible la lactancia materna, la temperatura del cuerpo de la mujer se eleva y este calor pasa al bebé, lo cual tiende a adormecerlos.

Hay que entender que la producción de la leche está determinada, fundamentalmente, por el estímulo que el bebé produce al momento de succionar: a mayor demanda, mayor cantidad de leche. Por eso, cuando las mamás se van a alejar de sus hijos por espacios de tiempo prolongados, por ejemplo, por cuestiones de trabajo, lo ideal es que unas semanas antes de la partida comience a darle uno o dos biberones con su propia leche para irlo acostumbrando, aunque esto no debe hacerse nunca antes de las seis semanas de nacido.

Finalmente, también el aspecto emocional influye mucho en esta etapa de adaptación, tanto para la madre como para el bebé. “Es necesario apoyar a la madre y animarla a que no pierda la confianza en sí misma. La lactancia trae muchos beneficios para ambos y una buena mamá sabe que no hay alimento mejor para su hijo que recibir su propia leche”, concluye Roxana Braschi. Sin embargo, no podemos obviar el hecho de que, para algunas madres, el dar de lactar puede representar grandes problemas, sea por motivos de salud, de baja producción de leche e, incluso, por factores anímicos que escapan a su control. Estos casos suelen acarrear profundos sentimientos de culpa que, de no ser resueltos, crean un círculo vicioso de conflicto y malestar. Por ello, es importante buscar ayuda psicológica para manejar estas situaciones y consultar con el pediatra la mejor manera de solucionar la situación en pro del niño y de la mujer.

Datos para reflexionar

-A pesar de que la leche sólo tiene una pequeña cantidad de hierro

(0.5 –1mg/l), los bebés amamantados raramente sufren de deficiencia de éste, porque el hierro presente en la leche materna es el mejor absorbido de todas las formas de hierro.

-Los niños que fueron amamantados tienen menos riesgo de contraer enfermedades gastrointestinales, diabetes, neumonía, infecciones de oído y algunos cánceres.

-Los estudios demuestran que las madres que dan de lactar tienen menos riesgos de cáncer de ovario y de seno y también de sufrir la temida osteoporosis.

-Es necesario que la madre que da de lactar lleve una dieta balanceada y que coma de 500 a 700 calorías más que lo que normalmente acostumbraba, por todo lo que el bebé le va a consumir. También es recomendable que tome abundante líquido.

-Las madres que dan de lactar bajan más rápidamente de peso que las que no lo hacen. Además, se recuperan más rápidamente, ya que en el momento del amamantamiento el útero constantemente se contrae, y eso hace que vuelva con mayor prontitud a su tamaño normal.

-Es completamente falso que los pechos de una mujer se achaten o se “caigan” por el hecho de dar de lactar, ya que esto tiene que ver, fundamentalmente, con el carácter de los tejidos de sostén de los pechos de cada persona. Es recomendable, sí, que la madre lleve un brasier ajustado no sólo cuando amamanta, sino durante la última etapa del embarazo.

Legislación peruana  sobre lactancia materna

-La ley 26644 establece que la trabajadora gestante tiene derecho a gozar de 45 días de descanso antes de la fecha probable del parto (prenatal) y 45 días después del parto (postnatal). El goce del descanso prenatal puede ser diferido parcial o totalmente y acumulado con el descanso postnatal si es que así lo desea la mujer trabajadora gestante.

-La ley 27240, promulgada en diciembre de 1999, establece que la madre tiene una hora de permiso por lactancia materna en el horario acordado con el empleador hasta que el niño tenga seis meses de edad como mínimo.

-La trabajadora gestante puede gozar de sus vacaciones adquiridas y aún no gozadas inmediatamente después del descanso postnatal. Así lo estipula la ley 26644 en el artículo 4º.

RECUADRO

Hace poco se celebró en nuestro país la Semana de la Lactancia Materna como una forma de difundir las bondades de la leche materna como la mejor forma de alimentar al bebé. Las mamás experimentadas lo saben muy bien, y las primerizas, lejos de desarrollar temores, pueden y deben prepararse para una de las mas hermosas experiencias de sus vidas.

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