Importancia de los primeros zapatos

Cuando sus hijos crezcan, quizás no recuerden el tiempo que les dedicaron en buscarles un buen par de zapatos, pero es muy probable que sus pies sean saludables y que aprecien la importancia que éstos tienen en sus vidas.

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Los bebes vienen al mundo en posición cefálica, es decir, con la cabeza por delante. Son recibidos por varias manos que esperan su llegada con expectativa y que los colocan cuidadosamente en brazos de sus madres. Se trata del primer viaje de sus vidas a pesar de que no dejan huellas y que sus extremidades no tocan el suelo. Pero cuando tienen trece meses, la atención de sus mades se concentra en esas dos movedizas extremidades de su cuerpo: los pies.

Camino se hace al andar

Difieren de los de un adulto no sólo en proporción sino en estructura. El arco es con frecuencia plano, ya que está lleno de grasa y sus músculos no están desarrollados. Una vez que la grasa desaparece, aproximadamente a los tres años de edad, el arco empieza a hacerse notar.

No todos los huesos de los pies de los bebes están completamente formados. Los cartílagos son bastante flexibles debido a que no están calcificados. Esta docilidad los induce a gatear, pero a la vez, los expone al riesgo de lastimar sus huesos si es que usan el calzado inadecuado. En consecuencia, los zapatos pueden tener un impacto directo en su desarrollo. Se recomienda entonces, desde el nacimiento, colocarles zapatos que les den facilidad para mover sus dedos. La ropa de cuna debe ser tendida holgadamente para que puedan estirar sus piernas y patear. Debido a que las medias muy ajustadas pueden distorsionar los pies, hay que revisarlas después de cada lavado para notar si se están encogiendo.

En cuanto a los zapatos, la idea de que los botines de cuero y suela rígida son los mejores para el bebe, ha dado un vuelco completo. Los especialistas recomiendan ahora los de material flexible. Pero los mejores zapatos son, indudablemente, los pies descalzos.

Hay estudios que han examinado los patrones de marcha de niños entre 18 y 30 meses de edad, caminando descalzos y luego con una variedad de zapatos. Según ciertas características, por ejemplo, el largo y la cantidad de sus pasos y su velocidad de desplazamiento, se encontró que caminaban con más firmeza descalzos. La conclusión indicó que cuando los pies están libres de trabas, los músculos se hacen más fuertes, mantienen un mejor equilibrio gracias a los dedos, y la reacción de los tobillos les permite formar sus arcos de manera natural.

Es poco probable que las personas que tengan costumbre de caminar sin zapatos desarrollen deformidades en los pies. Por ejemplo, los “juanetes” y los dedos “en forma de martillo” son inusuales en las culturas donde no se usa calzado. Por lo tanto, es evidente que no son esenciales para un crecimiento saludable de los pies.

El andar descalzos también permite a los bebes experimentar un espectro amplio de estimulación táctil. Los niños tienen mucha sensibilidad en sus pies al igual que en sus manos y esta estimulación sensorial es importante para el desarrollo cognitivo. Los pies constituyen nuestra base corporal; entonces, es importante desarrollar una capacidad de percepción por medio de ellos. Mientras más sintamos nuestros pies en contacto con el suelo, más afinado será nuestro sistema de respuesta. En ese sentido, los zapatos de material rígido no proporcionan estímulos suficientes.

Eligiendo zapatos

Pese a que es mejor que los niños anden descalzos, no siempre resulta una práctica adecuada. Un paseo de compras, una caminata en el parque o una visita al museo requieren el uso de zapatillas. En un ambiente cerrado, los bebes pueden usar medias antideslizantes hechas de material fresco o fibras naturales, diseñadas para andar en pisos fríos o pasar un rato en la casa de los abuelos.

Pero al comprar zapatos para niños, hay que observar las siguientes características:

Suelas flexibles: La suela debe ser lo suficientemente gruesa como para proteger los pies y a la vez permitir el movimiento en la forma más natural posible. El jebe es una buena opción ya que cumple con esos requerimientos y además absorbe los golpes. Para comprobar la flexibilidad, hay que doblar el zapato buscando unir la “punta” y el taco, hacia arriba y hacia abajo, y verificar que la resistencia sea mínima. La tracción también es importante, por ello hay que evitar las suelas lisas. El tamaño de la parte posterior, donde se apoya el talón, es un punto de discusión. Algunos especialistas recomiendan que sea completamente plana porque es mejor para los músculos, y otros piensan que es preferible un poco de altura en esa parte para evitar que los pies descansen demasiado en las partes traseras.

Material suave y respirable: El cuero es ideal, pero también se pueden adquirir zapatos de otros materiales, como la lona. Hay que evitar el plástico, las imitaciones de cuero y zapatos de deportes con bandas de caucho en la parte superior, ya que provocan una sudoración excesiva.

Calzado de corte bajo: Hace unos años los botines eran productos de rigor para ofrecer soporte en los tobillos. Pero actualmente se fabrican de menor altura, justo debajo del tobillo para dar más flexibilidad, movimiento y desarrollo muscular.

Para dar con un buen par

Adquieran los primeros zapatos de sus hijos en un lugar especializado en calzado infantil. Los niños deben estar de pie para medirles el largo y ancho de sus pies. Verifiquen si es el par adecuado presionando con su pulgar la parte delantera, encima de los dedos. Debe existir más o menos un centímetro de espacio entre el dedo mayor del pie y la “punta” del zapato. Una medida mayor indica que el par es demasiado grande y no es mejor que uno más ajustado. Observen también que la parte más ancha del zapato corresponda a la parte más ancha del pie; que el contrafuerte, es decir, la parte posterior del zapato, esté a un dedo de altura en relación a la suela y que el material que cubre la parte delantera superior no sea rígido.

Para verificar el ancho general, pasen sus dedos por la parte exterior del calzado y asegúrense de que los dedos del niño no estén apretados y de que no exista más de medio centímetro de material extra.

Los contrafuertes reforzados ayudan a mantener los talones en su lugar. Esta característica es muy importante ya que dan estabilidad al bebe cuando camina en terrenos desnivelados; además, previenen la rotura de ligamentos y les permiten participar en actividades dinámicas.

Al probar un par de zapatos, pídanle a sus hijos que caminen. Cualquier defecto indicará que es un par inadecuado. No se debe forzar la colocación. Si no son cómodos desde el comienzo, no lo serán posteriormente.

No siempre es posible advertir si el producto adquirido es completamente adecuado. Una vez que regresen a casa, observen constantemente a sus hijos comparando cómo caminan con sus pares nuevos y cómo lo hacen descalzos. Si ambas formas de caminar no son exactas, al menos deben ser muy similares. Si notan que encogen sus dedos en ciertos momentos, separan demasiado los pies al caminar o tienen dificultad para ponerse de pie, entonces es casi seguro que se trata de un producto rígido, incómodo o de tamaño incorrecto. El sudor excesivo de los pies -debido al esfuerzo de los músculos- y el desgaste disparejo de las suelas, pueden ser señales de un calzado inapropiado, pero también pueden significar un problema estructural de los pies. Consulten cualquier duda con el pediatra de su hijo, quien les recomendará a un ortopedista.

Es común que un par de zapatos deje de servir sin haber sido usado lo suficiente. Por lo general, dura entre cuatro semanas y tres meses. Para saber si es el momento de adquirir uno nuevo, adviertan lo siguiente: zapatos que se sacan con frecuencia, marcas rojizas o hendiduras en los pies, dedos aprisionados, tirantez en la parte superior, o desgaste de las costuras posteriores. Debido a que es necesario reemplazarlos con frecuencia, no necesitan adquirir los más duraderos o costosos.

Finalmente, una sugerencia importante. El cuidado de los pies de su bebe incluye las caricias, mimos y consejos para mantenerlos en buen estado. Tómelos de modo que sepan que son bellos.

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