Guía para sobrevivir al primer hijo

Se suele pensar que las primeras semanas de vida de un niño generan sólo dicha para sus padres. Pero la llegada de un nuevo miembro a la familia altera la rutina y hay que adaptarse a una nueva vida.

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A continuación, una descripción de los posibles peores momentos en los primeros quince días de la paternidad.

Una batalla de amor

3:30 a.m.: Mamá se encuentra en medio de un sueño maravilloso, cuando de pronto la despierta el llanto de su bebe. En sus intentos por ponerse de pie para tomarlo en brazos siente que los puntos de la cicatriz se tensan. Entonces se precipita al cuarto de baño y al instante regresa con la misma rapidez para auxiliar a su hijo.

La lactancia no es de lo mejor. Pese a todos los esfuerzos, el bebe parece preferir quedarse con el estómago vacío a seguir tomando leche de su pecho. Presa de la desesperación, mamá le prepara la leche de fórmula. Al tomar dos onzas, la expulsa ensuciando su pijama y la ropa de cuna. A ella no le queda otro recurso que limpiarlo y volver a vestirlo, además de cambiarle las sábanas y los cobertores. Lo acuesta boca arriba y termina todo el contenido del biberón con la mejor de sus sonrisas. Luego, su peculiar digestión se hace manifiesta manchando sus lindas pijamas y obliga a la joven heroína a hacer el tercer cambio de ropa en una sola noche.

Posteriormente, ella lo coloca de nuevo en la cuna y casi por compulsión empieza a mecerlo, pensando al mismo tiempo en irse a un retiro religioso. El bebe empieza a sollozar, y entonces su esposo, que podría seguir durmiendo en medio de una explosión, le pregunta entre sueños si la puede ayudar en algo. Mamá prefiere guardar silencio, ya que le resulta imposible darle una respuesta cordial.

Se vuelve a acostar a las 5:30 de la madrugada y después de media hora empieza a cumplir nuevamente toda la rutina.

Aprender haciendo

Los 350 días restantes del año no son tan densos en frustración y sorpresas, pero aquella primera quincena es definitivamente agitada. Quizás es la forma en que la naturaleza previene a los nuevos padres de estallar en júbilo, o podría tratarse de una etapa de preparación para la felicidad próxima a presentarse.

Es indudable que hay momentos hermosos durante las primeras semanas -como tomar al pequeño en brazos y arrullarlo mientras murmulla feliz-. Pero es importante que los nuevos padres tengan una visión realista de los desafíos subyacentes. Dichos obstáculos no sólo disminuyen con el paso del tiempo, sino que se superan poco a poco.

Olvídense de dormir

Muchos padres lo dicen cuando las mujeres están embarazadas, pero casi todas ellas se limitan a ignorarlo. ¿Acaso no dicen los libros que un recién nacido duerme 20 horas al día? Una madre gestante imagina que dormirá simultáneamente con su bebe; pero pronto descubre que los seres humanos no pueden enfrentarse a descansos con interrupciones de media hora y obtener algún grado de satisfacción. Se le hace difícil distinguir los días de las noches. Apenas lo acuesta en su cuna para que duerma, se tumba en el sofá y casi al instante se tiene que parar. Entonces cuando el pequeño empieza a llorar -después de una hora como máximo-, se levanta con el corazón latiendo a mil por hora y con un dolor intenso en el cuello.

La falta de sueño no es sólo incómoda y molesta. Se dan síntomas reales, que varían desde la irritabilidad hasta las confusiones, desde dolores de cabeza hasta las torpezas, olvidos y enfados, especialmente cuando la abuela intenta dar una “sugerencia útil”.

Sugerencias: No queda mucho por hacer. Los bebes se despiertan y lloran, por lo menos, hasta la sexta semana, luego algunos empiezan a dormir durante cinco horas de corrido.

La solución más fácil es alternar las atenciones nocturnas con el esposo. Pero es probable que al comienzo las madres se despierten pese a que no les corresponda, y si están dando de lactar, la contribución del padre será mínima. Por dicha razón, algunas parejas eligen mantener al bebe en la cama, de modo que la madre se acomode para darle el pecho. Pero compartir el lecho con el bebe hace difícil conciliar el sueño, además de que se atenta contra su seguridad. Entonces, podrían ubicar la cuna en el dormitorio, para facilitar el proceso, ya que sólo se necesitarían unos cuantos pasos para acceder a él.

La estrategia más práctica puede ser aceptar la falta de sueño como parte inalterable de la nueva paternidad y concentrarse en sus beneficios. La pareja debe tener un plan para apoyarse según los requerimientos de los trabajos de ambos. Hay quienes logran establecer turnos de noche para apoyar en las mañanas, o simplemente, las madres se encargan de lo que más pueden, durante el día, a fin de que sea el padre, quien llege bien descansado y fresco, a laborar por la mañana.

La lactancia es más complicada de lo que parece

Muchas nuevas mamás piensan que la lactancia es un asunto sencillo, pero en realidad se trata de un proceso al que deben adaptarse la madre y el hijo por igual. Algunas son presa de desajustes hormonales, y el pequeño hijo es totalmente inexperto. Rechaza a la mamá cada vez que le ofrece pecho, lo que la pone de mal humor en cada intento. El siente la angustia y empieza a llorar de hambre y frustración. Después de muchos sollozos se da por vencida. Entonces compra una pezonera eléctrica y se extrae la leche durante todo el descanso posnatal. En un día récord produce un litro y medio.

Pueden aparecer otros problemas, incluso si el bebe se llega a adecuar al ritmo de la lactancia. Los dolores que se producen con cada succión de los pezones no compiten con los dolores de las contracciones, pero son siempre una amenaza. Además, muchas madres se lamentan de la falta de libertad. La cercanía con el hijo es agradable, pero suelen hacerlo durante treinta minutos por seno cada dos horas. Está unido al cuerpo de la mamá por veinte horas.

Sugerencias: Aplicar unas gotas de la propia leche en los pezones agrietados después de dar de lactar. Si la irritación persiste, hay que usar protectores de pezones, pero con poca frecuencia y sólo bajo la supervisión de un especialista en lactancia. Tanto la madre como el bebe pueden acostumbrarse a dichos aparatos hasta el extremo de depender de ellos. Entonces se recomienda disminuir su uso a medida que pase la incomodidad.

Un masaje ligero o una ducha tibia alivian los pechos hinchados y pueden facilitar la lactancia. Después es recomendable aplicarse compresas frías para reducir la hinchazón.

Pero si dar de lactar constituye un problema, consultar al pediatra acerca de la posibilidad de usar leche de fórmula es una alternativa. Establecer un patrón de alimentación en las primeras dos semanas es lo más importante.

El cuerpo perderá la línea

Un día después de dar a luz, el abdomen ha disminuido en volumen, pero la piel cuelga como una bolsa de lona vacía. Se puede caminar, pero con mucha incomodidad. Hay dolores de cabeza y el pelo se cae.

La episiotomía es profunda y obliga a sentarse en una almohada. Se sufre de estreñimiento y hay que acostumbrarse a comer salvado con pasas.

Para algunas, la depresión posparto forma parte de los problemas físicos y emocionales de tener un hijo. Algunas madres sienten que han perdido su libertad para siempre. Lo más insidioso de esta condición es que no siempre se advierte su presencia. Muchas madres piensan que dicha sensación de abatimiento es parte del proceso.

Sugerencias: Hay que darse la oportunidad de recuperarse. La tensión física del parto es extenuante. Por eso las mujeres deben ser conscientes de lo que implica este proceso y verse como seres humanos, darse el tiempo para recuperar sus fuerzas. Nadie espera que den a luz, se levanten y echen a andar.

Existen remedios caseros y otros que se expenden sin prescripción médica en caso de dolores físicos. Las compresas de té, por ejemplo, pueden aliviar las heridas de la episiotomía. Para facilitar la evacuación de intestinos, hay que colocar los pies sobre una banqueta cuando se usa el inodoro, o hay que tomar un laxante suave. Los suplementos de hierro ayudan a combatir el cansancio, pero debido a que pueden agravar los casos de estreñimiento, hay que consumir mucha agua y alimentos ricos en fibra.

Si una mujer sospecha que tiene la depresión posparto, debe conversar con su ginecólogo para que la derive a un especialista en tratar dicha condición. También hay que pedir la colaboración de los familiares y amigos. El esposo debe saber que la nueva madre necesita dos semanas de reposo y estar atento a sus requerimientos.

Nadie adivinará sus necesidades

Hay esposos que viven cada segundo del nacimiento de su hijo. Son testigos de la pérdida de sangre, la expulsión de la placenta, las quejas de su mujer ante la anestesia. Pero hay otros que al ver a sus cónyuges en condiciones de caminar hasta la sala de recuperación, piensan que ella se siente como nueva.

Así como los hombres no pueden entender las experiencias de la mujer en el embarazo, a ellas les es difícil apreciar sus roles como padres. La llegada de un bebe es una experiencia abrumadora para los hombres. Algunos forman vínculos con sus hijos desde que se inicia la gestación, pero la mayoría no cree en la paternidad hasta que se les impone.

Esa es la razón por la que los esposos prefieren apartarse o regresar de inmediato a sus trabajos, donde saben exactamente cuáles son sus labores.

Las madres tienen más responsabilidades en el hogar, entonces se deduce que aprenderán después todo lo relacionado al cuidado del bebe, con mayor rapidez. Sus parejas pueden aprender después de unos días.

Sugerencias: Antes de que una mamá acuse a su esposo de no contribuir con lo necesario, debe preguntarle si le gustaría aportar más y luego darle sugerencias. Por ejemplo, en el caso de los bebes que presentan movimientos intestinales tan pronto como empiezan a lactar, no se recomienda pedir de inmediato al esposo que le cambie los pañales. Lo mejor es explicarle cómo son sus hábitos, de modo que pueda anticiparse. Así se lo ayuda a seguir el ritmo.

Una mamá primeriza debe hacerle saber a su pareja que lo comprende y que además ella también tiene temores y necesidades. Entonces ambos pueden tomar turnos para cuidar al bebe y salir unos momentos a tomar aire y regresar un rato después.

Las visitas no son siempre bienvenidas

Los padres y suegros los comprenden, pero todas las demás visitas esperan ver a los nuevos padres radiantes de alegría. Hay que servirles bebidas o cosas para comer. Quieren entretenerse con el bebe. Algunos amigos del esposo suelen quedarse hasta tarde y ni siquiera captan las insinuaciones de sueño que les dirigen. Al final, hay que anunciarles que la joven mamá “tiene que extraer leche de sus pechos con una máquina” y optan por terminar su visita.

Sugerencias: Las únicas visitas que son bienvenidas son la parejas de amigos que llegan y se ofrecen a hacer la cena, dejando todo limpio y ordenado para luego marcharse.

¿Por qué pensar que el bebe

“se está muriendo”?

Los nuevos padres no tienen conocimientos previos del comportamiento infantil. Entonces, cuando el bebe duerme sin hacer ninguna clase de ruido, piensan que ha dejado de respirar. Los reflujos les pueden hacer sospechar una obstrucción intestinal.

Los padres piensan con frecuencia que el bebe no podrá sobrevivir sin una vigilancia constante. Esta vigilancia obsesiva causa por lo general mayor temor que comodidad.

Sugerencias: Relájense. Obviamente, se debe consultar con el pediatra si hay motivos de preocupación. Por ejemplo, si el bebe llora excesivamente durante doce horas, no moja sus pañales tres veces al día o vomita una sustancia verde biliosa. Pero todo estará bien mientras se lo alimente, se le cambien los pañales y lo tomen con cuidado.

El amor aumenta cada día

Afortunadamente, todo es cuestión de tiempo en relación con los bebes. Alrededor de la cuarta semana, cuando sonríe y toca la nariz de mamá, ella se podría arrojar por una catarata de felicidad. Después, cuando duerme o se ríe en forma sonora, la catarata es sustituida por un mar embravecido al cual está dispuesta a enfrentarse.

Parece que el tiempo con los bebes pasa demasiado rápido. Y es así. A veces, las primeras semanas parecen miles de años. Los nuevos padres, luego de superadas las rutinas de los primeros meses, recuerdan esos días entre risas, las mismas que esperan que los acompañen en las siguientes etapas de la crianza.

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