Enfermedad , vacunas y vitaminas para tus hijos

Entre una resolana a media asta y un frío que deshoja margaritas, el cambio de clima es el mayor enemigo de los pequeños pulmones. Vacunas especiales, vitamina C en grandes cantidades y –aunque usted no lo crea– mucho amor, pueden ayudar a reforzar el sistema inmunológico infantil.

vitaminas-c

La gripe es la enfermedad infecciosa más frecuente de todo el mundo, y una de las más antipáticas y longevas que existen. La persistencia de este mal y la imposibilidad de que la ciencia médica la haya exterminado hasta el momento se debe principalmente a la cantidad de virus –más de un centenar– capaces de provocar infecciones similares de las vías respiratorias superiores agrupadas bajo el nombre de gripe. Transmitidos con gran facilidad a través del aire, estos virus ingresan al organismo humano y resultan fortalecidos en su batalla contra los anticuerpos particulares de cada persona, lo que representa un efecto multiplicador constante. Otro aspecto del problema es que al infectar a varias especies de aves en el sudeste asiático, los virus gripales humanos dan lugar a otras variedades de cepas mutantes.

El panorama empeora si consideramos que la llegada del frío –precedido por el engañoso “cambio de clima”– altera los mecanismos de defensa de las vías respiratorias facilitando las infecciones por virus y bacterias.

El descubrimiento del genoma humano abre una puerta de esperanza para el tratamiento de estas afecciones, pero esa puerta todavía se encuentra a kilómetros –y probablemente décadas– de investigación de nosotros. Por el momento, sin embargo, tenemos en la prevención y en aliados médicos como los suplementos vitamínicos, especialmente la denominada C, y las vacunas antigripales, la estrategia más poderosa para evitar o atenuar el penoso cuadro de ver a nuestros pequeños con los ojos marchitos tras tortuosas noches de fiebre y tos.

Estrategias conjuntas

No hay panaceas, sentencia el pediatra Hugo Cortez. Sin embargo, advierte, es posible conjugar esfuerzos para elaborar un plan efectivo. Explica que existen varios factores que determinan una mayor o menor incidencia de episodios gripales en los niños. “Tres casos al año calzan dentro de lo normal; más de eso puede indicar una predisposición genética en el sistema inmunológico del niño que lo hace ser especialmente delicado a males respiratorios. No es algo de temer: siempre habrá niños que se enferman más que otros, así que sólo se requiere reforzar sus defensas naturales”.

En estos casos es especialmente efectiva la inoculación de vacunas antigripales. “Tienen una capacidad de entre 60 y 80 por ciento para prevenir de forma total o parcial las infecciones por virus de gripe. No son una solución definitiva, pero sí logran disminuir y atenuar no sólo los brotes de la enfermedad, sino, principalmente, sus complicaciones. Recordemos que son éstas –como otitis media aguda, rinitis purulenta, sinusitis, adenoiditis, bronquitis o neumonía– las que pueden llevar al paciente al hospital e incluso a la muerte. Por extraño que parezca, sólo en Estados Unidos mueren por esta causa 20 mil personas al año y 100 mil son hospitalizadas. La primera gran prevención, entonces, es estar alerta para que la gripe no llegue a estos niveles que pueden reconocerse por un retorno de la fiebre y un empeoramiento de los síntomas y de las condiciones generales del niño”.

Añade que aunque en nuestro país los zarpazos de la gripe no son tan severos –excepto en la Sierra–, juegan en nuestra contra
la humedad del ambiente, los bajos niveles socioeconómicos, la contaminación, la falta de costumbre de ingerir suplementos vitamínicos, el precoz ingreso de los niños a guarderías y nidos. Adicionalmente, los niños asmáticos o con cualquier tipo de alergia respiratoria, los hijos de personas con estas características o de fumadores tienen mayor propensión a la gripe y a sus complicaciones, así como los que viven en un ambiente hogareño tóxico –presencia excesiva de polvo, tugurización, presencia de ácaros, entre otros.

Vacunas, vitaminas y amor

Sobre la vacuna contra la influenza (antigripales), subraya que hay grupos de niños en los que es especialmente beneficiosa su aplicación: “Quienes padecen de una enfermedad cardíaca o pulmonar crónica, asma, anemia de células falciformes, diabetes mellitus, HIV, fibrosis quística y enfermedad renal crónica o algún tipo de cáncer, se ven favorecidos grandemente con este procedimiento. Pero también es recomendable para niños saludables a partir de los seis meses, y para sus padres y/o cuidadores, para evitar el contagio perenne. No se debe administrar cuando el paciente se encuentra enfermo y es necesario renovar la dosis cada doce meses porque al ser un virus mutante, cada año se preparan vacunas contra las cepas que estarán más activas en ese período”.

Respecto a las vitaminas, afirma que si bien una buena alimentación es el mejor escudo contra las enfermedades, los estudios mundiales indican que un nutriente específico contra gripes es la vitamina C, pero ingerida en dosis muy altas. “Un vaso de jugo de naranja provee apenas 20 miligramos frente al gramo completo que recomiendan los genetistas. Entonces, es necesario el complemento oral, y de preferencia a toda la familia. Con los niños debe existir la precaución de no administrárselas en forma de efervescente porque los microcristales que contiene pueden causarle cálculos. Es preferible la versión masticable”, indica.

Otros consejos del doctor son procurar que el niño enfermo se alimente bien –una dieta hiperproteica e hipercalórica es la indicada. “Esto, claro, en la medida de lo posible, porque un pequeño que no se siente bien no quiere comer mucho, y no es la
idea forzarlo”. Se pueden administrar calmantes para el malestar y mucolíticos para disminuir los síntomas, pero sólo bajo la prescripción de un médico. “No se debe jugar con los antibióticos
–inocuos ante el virus, pero capaces de crear anticuerpos ante enfermedades futuras. Sólo en caso de complicaciones se prescriben, y a criterio del especialista”, enfatiza.

En el caso de los bebés debe evitarse que duerman boca abajo porque podrían perecer ahogados. Otra recomendación es el uso de un deshumedecedor por la noche –asegurándose de que reduzca la humedad al 75 por ciento y de que sea limpiado cada dos meses para que no expulse suciedad– y de productos capaces de eliminar los ácaros.

Pero, básicamente, concluye, hay un aspecto de toda enfermedad que se suele descuidar en los niños: el factor emocional. “En el niño maltratado a todo nivel –desde el que es golpeado, insultado o ignorado, hasta al que se le deja llorar sin atender sus necesidades–, el sistema inmunológico se debilita efectivamente. No es un mito, las defensas bajan y se hace más propenso a las enfermedades. Por tanto, antes de abrigarlo en exceso –que no lo va a ayudar contra la gripe– y de atosigarlo con prohibiciones, tal vez la gran vacuna contra la carita triste y ojerosa de los niños sea, al menos en algún porcentaje, una buena dosis de amor.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *