El Ajedrez como arma secreta de la Educación

Este juego se ha convertido en preferido de muchos padres y profesores porque además de enseñar añ niño a estructurar su pensamiento de forma lógica, le otorga valores como disciplina y tolerancia, además de mejorar su autoestima y creatividad. Los especialistas recomiendan que la mejor edad para iniciarse es a los tres años.

ajedrez
Al ajedrez será muy difícil quitarle su sitial de juego top. No sólo porque, según múltiples investigaciones, potencia las capacidades y habilidades de los jugadores –y muy especialmente las de los niños– sino porque día a día va adquiriendo más adeptos. Entre sus seguidores distinguimos dos grupos: los jugadores y los promotores; estos últimos, personas estudiosas de las bondades de este deporte que tratan de promover la enseñanza desde la edad de tres años. En nuestro medio existen colegios que contemplan el ajedrez como asignatura obligatoria en el nivel primario; pero, lamentablemente, son en número muy reducido si tenemos en cuenta que en cuarenta y cinco países del mundo hace ya buen tiempo que forma parte de la currícula regular.

“No es porque tengamos –señala la educadora familiar Mariana Cabieses de Dañino– como meta hacer de nuestros preescolares unos Kasparov o unos Julio Granda a futuro, sino porque en realidad es un juego que contribuye enormemente a mejorar las capacidades intelectuales, sociales, deportivas, y lo que es mejor: el niño, desde muy temprana edad y de forma natural, empieza a adquirir valores como disciplina, tolerancia y, desde luego, a mejorar su autoestima, porque al tomar conciencia de que es capaz de elaborar una estrategia de ‘batalla’ y cumplir con ésta, va a fomentar la seguridad en sí mismo”.

“La capacidad de resolver problemas matemáticos en un niño que juega ajedrez está más desarrollada que en aquél que no practica este deporte, por el simple hecho de que el jugador tiene que familiarizarse con el espacio; debe imaginar, por ejemplo, de dónde a dónde va a movilizar la pieza llamada caballo, y éste ya es un concepto espacial. Igualmente, el análisis y síntesis no están ausentes de una partida de ajedrez: el jugador va analizando a cada paso los movimientos de su contendor, y en el camino va sintetizando en su memoria los movimientos que minutos después deberá hacer.

Algunos especialistas utilizan el ajedrez como terapia en casos de ausencia de concentración, con lo que logran excelentes resultados en el término de siete meses.

Creatividad y mucho más

El estar continuamente “creando” un plan ya es un arte, y como arte requiere de creatividad e imaginación. La responsabilidad también entra a tallar, porque el niño, al ser autónomo en su elección de cómo atacar o contraatacar, está asumiendo que él y sólo él es el único responsable de cada movimiento. Si de disciplinar se trata, también contribuye a tal fin, porque al existir reglas por cumplir, éstas se deben acatar. Por ejemplo, una de las reglas es que toda pieza tocada es pieza movida, y no cabe, por tanto, reclamaciones.

De otro lado, enseña al niño a tener control propio, porque ante una pérdida no puede tener pataletas que den resultado; muy por el contrario, debe aceptar el resultado asumiendo que los errores son beneficiosos en la medida que se va aprendiendo de ellos.

En fin, múltiples serían los beneficios de aprender ajedrez desde muy pequeño, pero lo más importante para hacerlo es que el niño se sienta motivado,y la mejor manera es teniendo como primeros profesores a sus padres. ¿A qué niño no le gusta pasar momentos agradables con ellos, y más cuando es de manera lúdica? No olvidemos que el ajedrez no es un deporte dirigido a quienes tienen mayor coeficiente intelectual; pero su práctica hace de ellos personas más inteligentes para resolver situaciones.

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