Depresión en jovenes y adolescentes

De un tiempo a esta parte ha aumentado considerablemente el porcentaje de adolescentes que presentan trastornos depresivos.

depresion

Esto se debe a que, generalmente, la depresión -así como los problemas de conducta y atención- son reflejo de los conflictos que se presentan al interior de la familia y, como es bien sabido, en los últimos veinte años ésta ha sufrido una grave crisis. El número de divorcios ha aumentado, muchas madres crían solas a sus hijos, el maltrato físico y emocional en el hogar es más frecuente, y esto sólo por poner algunos ejemplos.

Ello provoca, además, que los chicos crezcan faltos de afecto, lo que, a largo plazo, les causa una inseguridad que se suma a la que de por sí es inherente a esta edad de cambios. Ellos perciben que no son queridos, que nadie les presta atención y crecen muy solos. ¿El resultado? Un creciente número de jóvenes que son fácil presa de la depresión.

Tiempo de dolor

La adolescencia es un periodo particularmente vulnerable, en el que se combinan la influencia de los factores sociales con los cambios biológicos propios de la edad.

Durante ese período se pierde la relativa quietud de la infancia, empieza una separación de los padres, en especial de la madre -lo cual no deja de ser una pérdida-, los lazos de dependencia cambian y esto provoca una sensación de aislamiento y soledad. Al alejarse de la familia, el adolescente encuentra apoyo en los amigos y la vida social cobra renovada importancia. Si por algún motivo no logra relacionarse adecuadamente, el sentimiento de soledad aumenta y se siente aún más desprotegido.

De otro lado, el cuerpo del adolescente va cambiando rápidamente, así como su manera de sentir en relación a sí mismo y a los demás, lo que le origina un malestar que no sabe cómo manejar y lo impulsa a sentirse deprimido.

Según explica el psiquiatra Jaime Motta, “los chicos que sufren una depresión son aquellos que no saben manejar una pérdida y rompen el vínculo con la familia. En realidad, la depresión es reflejo de la cólera que sienten contra lo que están viviendo y sintiendo, por lo que, básicamente, es cólera contra ellos mismos. Son adolescentes que no saben manejar sus sentimientos y en vez de aprender y crecer, debido a la tristeza que sienten, la interiorizan convirtiéndola en angustia, y eso provoca un cuadro depresivo”.

 Que puede desatar una crisis? Como ya señalamos, puede ser algún cambio en la familia, pero también un problema en la escuela, como el no conseguir las metas anheladas, o un amor no correspondido. Cualquier detalle que signifique una pérdida puede desencadenar un cuadro depresivo.

El estado de ánimo bajo, deprimido, es bastante común en la adolescencia, pues alrededor de una quinta parte de esa población la padece en algún grado.

El asunto se agrava cuando no saben cómo manejar su sufrimiento, sus problemas les parecen terribles, no encuentran una solución, comienzan a sentir que la situación que los afecta es permanente y, al no encontrar una salida, piensan incluso en el suicidio. La idea se convierte para ellos en una especie de fórmula mágica para aliviar su dolor.

Es cada vez mayor el número de adolescentes que se suicidan, y si tenemos en cuenta que por cada uno que lo consigue son alrededor de 50 los que fracasan en el intento, vemos que estamos frente a un grave problema que es causado por la depresión.

Por ello resulta tan importante que los padres y educadores aprendan a distinguir los síntomas de una depresión y socorran a quien la padece, ya que ésta no es más que un grito de ayuda desesperado.

Algunas veces la ayuda no llega oportunamente, pues no se distinguen a tiempo los síntomas. Muchos padres, e incluso algunos médicos, tienden a pensar que, como en la adolescencia los cuadros depresivos son comunes, se trata de un comportamiento normal que pasará por sí solo, cuando en realidad hay muchos chicos que no saben lidiar contra ese sentimiento y acaban derrotados.

En ese sentido, los educadores juegan también un papel importante al momento de diagnosticar una crisis depresiva, puesto que uno de los síntomas es precisamente un cambio drástico en su rendimiento escolar (ver recuadro) y es su deber hablar con el adolescente sobre lo que le sucede y alertar a los padres.

¿Cómo ayudarlos?

Como vemos, el problema se origina básicamente por una necesidad de afecto y comprensión; por eso, como señala el doctor Motta, es indispensable que los padres busquen un real acercamiento con sus hijos. “Es necesario que les demuestren que están ahí para ayudarlos y comprenderlos. No sólo que los mimen y que les manifiesten su cariño a través del contacto físico, sino que hablen con ellos como amigos para entender la causa de su pena, afrontar juntos el problema y hallar una solución”.

Además, está comprobado que toda depresión es una enfermedad orgánica; muchos de sus síntomas son síquicos, pero otros (fátiga, trastornos del sueño, falta de concentración) son manifestaciones emocionales que afectan la esfera física. Las depresiones tienen un claro componente bioquímico cerebral, debido a un problema en la función de los neurotransmisores. Sólo un diagnóstico profesional que certifique la predominancia orgánica en el estado depresivo puede establecer la recomendación de usar medicación para combatirlo (en ningún modo se puede administrar antidepresivos que no hayan sido recetados por un psiquiatra).

La depresión es un trastorno serio, que va mucho más allá del sentimiento de tristeza; para manejarla, el adolescente necesita, en primera instancia, el apoyo de sus padres, pero también de sus educadores, amigos y de un especialista.

Al saber que no está solo, se sentirá más seguro y podrá encontrar la fuerza necesaria para salir adelante.

Más:

La adolescencia, qué duda cabe, es una edad difícil. Dentro de ese panorama intrínsecamente complicado, uno de los mayores problemas que aquejan a los jóvenes es la depresión, signo inequívoco de que deben ser escuchados, atendidos, pero sobre todo, queridos.

Síntomas frecuentes

-Desánimo y tristeza constantes.

-Cansancio.

-Irritabilidad.

-Sentimientos negativos hacia su persona.

-Sensación de incapacidad y de fracaso.

-Desinterés por cosas que antes le gustaban.

-Retraimiento social.

-Rechazo a relaciones afectivas o amorosas.

-Bajo rendimiento escolar.

-Falta de concentración.

-Tendencia a recluirse en su habitación.

-Desgano para cooperar en actividades familiares.

-Deseos de irse de casa.

-Consumo de alcohol y drogas.

-Obsesión con la muerte. Ideas recurrentes de suicidio.

-Anorexia, bulimia o una combinación de ambas.

-Descuido por su apariencia.

-Trastornos del sueño (no puede dormir o tiene pesadillas).

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