¿Deben los abuelas cuidar a nuestros hijos?

La abuela es un personaje clave en la crianza, más aún cuando ella debe asumir el cuidado compartido o total de sus nietos. Sin embargo, este encargo debe ser muy bien entendido, es decir, la abuela no debe jamás pretender suplantar a la madre sino, más bien, apoyarla en su tarea. Hoy, felizmente, ya existen talleres que les ofrecen las herramientas para desempeñar mejor su nuevo rol.

Hace ya bastante tiempo que la mujer dejó su rol exclusivo de madre para enfilarse en el cumplimiento de otros roles (laborales, sociales, deportivos, entre otros). Pero, para poder ir cumpliendo con estas responsabilidades asumidas, ha requerido definitivamente de la ayuda de alguien para la crianza de sus hijos. Y si bien en nuestro sistema de vida existe la ayuda de nanas y empleadas, qué mejor que recurrir a familiares tan cercanos afectivamente como las abuelas –ya sea mamá o suegra– casi nunca se resisten a la fascinante experiencia de volver a criar, pero esta vez a sus nietos.

abuelas nuevas madres

A partir de ese momento surgirán una serie de disyuntivas. Una de ellas –y quizás la que no logra resolverse con facilidad tanto por parte de los padres como de los abuelos– es la referida a los límites, es decir, hasta dónde los abuelos deben interceder en la crianza.

¿Quién manda a quién?

Para el pediatra y psicoterapeuta Hugo Campos Castañeda, “la función de la abuela debe ser apoyar a la mamá para que pueda compatibilizar sus actividades laborales con la crianza de su hijo; apoyarla, pero jamás suplantarla”.

“Es importante entender –señala el pediatra– que la crianza tiene dos etapas bien diferenciadas. Por un lado está la del entete y por otro, la del destete. En la primera, que se prolonga hasta el año de edad, el niño establece una íntima relación con su madre, relación que jamás va a ser sustituida por ninguna otra persona por más tiempo que ésta pase con el bebé, ya que la madre es la única que puede, entre otras cosas, descifrar realmente sus mensajes. El bebé dormirá durante el día para que cuando ella esté en casa pueda mantenerse en vigilia y desarrollar su mundo instintivo”.

Entre el año y los dos años de edad se produce lo que los sicólogos denominan el destete, individuación o separación (ya no simbiosis).

Mamá es mamá, abuela es abuela

Lo señalado anteriormente lleva a reafirmar que el papel de la abuela es más bien el de una cuidadora en el buen sentido de la palabra. “El bebé puede ser cambiado todos los días, aseado, alimentado, llevado al nido por otra persona, en este caso la abuela; pero ese mundo instintivo que necesita superlativamente sólo se lo puede proporcionar la madre y, por tanto, la abuela no va a poder invadirlo porque el pequeño, por más corta edad que tenga, sabe quién es su mama, y va a hacer una pausa en su ausencia.

Para la jefa de Pediatría del Hospital Guillermo Almenara, Sarah García, “la abuela debe conservar el respeto a las decisiones de la mamá, aunque sepa que no son las más adecuadas. Esto, además de ser el ideal en la crianza del nieto, es un ejercicio de maduración porque, finalmente, no por el hecho de que sea ella la progenitora de uno de los padres de su nieto tiene que tener la última palabra”.

Campos Castañeda refiere que uno de los errores más frecuentes que cometen las abuelas es quitarle la confianza a su hija diciéndole que no hacen las cosas bien, cuando una madre, por su instinto, siempre hará lo que éste le dicte y, por tanto, no tiene por qué ser desacertado.

La pediatra señala que otro de los problemas que se presentan con frecuencia se da cuando la abuela trata de generar competencia entre ella y la mamá. Lo único que se logra es confundir al niño, quien le va perdiendo autoridad a su madre.

Estableciendo un “couching”

Existe una palabra clave que debe tratar de establecerse continuamente, y es “comunicación”. Señala Sarah García que hablar con la abuela respecto a lo que papá y mamá esperan de su hijo es esencial. Si la madre le dice a la abuela: “Mira, mamá, yo no deseo que mi hijo consuma comida chatarra y por favor no le compres chupetes ni golosinas”, pues hay que acatarlo, aunque esto le genere molestia a la abuela.

Los padres, a su vez, deberán respetar las ideas de la persona mayor y no tildarlas de obsoletas porque en “otra época –como ellas dicen– las cosas eran diferentes”. Sus equivocaciones deben hacérselas notar sin agredirlas, porque hay algo que es al ciento por ciento cierto: que las abuelas tienen la mejor voluntad
del mundo para ayudar, aun a costa de dejar de hacer cosas que a ellas les gusta, como ir con sus amigas de tiendas, viajar, jugar, entre muchas otras actividades, sin descontar el hecho de que hoy por hoy hay muchas abuelas que trabajan y llevan una vida intelectual y social activa y estimulante.

¿Y los nietos?

Los chicos deben crecer entendiendo que si su abuela apoya en su crianza, lo menos que deben hacer es respetarla y no abusar ni molestarla constantemente con sus caprichos hasta el punto de esclavizarla como una expresión mal entendida del engreimiento. “Porque –precisa el doctor Campos– el niño sí necesita en algunos momentos ser engreído por su abuela en ausencia de su mamá, ser consolado, porque eso es saludable, ya que de por sí su desarrollo no es un proceso ascendente, lineal, sino que tiene subidas y bajadas, muchas veces regresionando hasta, inclusive, estados prenatales”.

En conclusión, hoy por hoy la presencia de las abuelas es sumamente reconfortante para todos. Son las que siempre van a estar, ayudar y opinar; ellas van a ser, gracias al afecto, la comunicación y la paciencia, las perfectas aliadas de una crianza saludable. Además, aprenderán cosas nuevas que nunca experimentaron.

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