Cuidados y cosas que hay que hacer antes del embarazo

Un estilo de vida sano desde antes del embarazo puede hacer la diferencia entre un niño lleno de posibilidades y otro con limitaciones, a veces irreversibles. Ahora se sabe que aunque la carga genética es importante, los cuidados prenatales pueden ser determinantes en la salud del nonato. Un dato que todas las mujeres que algún día desean convertirse en madres deben tomar muy en cuenta.

Un reciente estudio realizado en Holanda en mujeres de entre 18 y 32 años que deseaban convertirse en madres en algún momento de su vida –y que tenían noción de cuidados prenatales–, reveló que la mayoría de ellas tenía una dieta deficitaria, acompañada de una o más de estas variables: ingería alcohol entre tres y cuatro veces por semana –como promedio–, fumaba, llevaba una rutina sedentaria –muchas horas de trabajo de oficina contra poco o ningún ejercicio– e incluso, consumía ocasionalmente drogas.

vida sana

Lo significativo es que al preguntárseles si creían que ese estilo de vida podría afectar su fertilidad o la vida futura de un eventual
bebé, respondieron que éste no tenía relación alguna con su fecundidad (ignoraban que la disminuía) o la salud de sus futuros hijos.Estas mujeres explicaron que una vez embarazadas, planeaban cambiar su forma de vivir, mostrándose sorprendidas e incrédulas cuando se les dijo que para entonces sus buenas intenciones podrían llegar demasiado tarde.

Cuanto antes mejor

Sin ánimos alarmistas, el ginecoobstetra Roberto Albinagorta advierte sobre las consecuencias que puede acarrear la falta de una cultura orientada a preparar el cuerpo y la mente para la maternidad desde mucho antes de la procreación.

“Cierto es que al momento de la concepción recién se forma el plano genético del individuo, pero la información transportada por el esperma y el óvulo –materia prima de este diseño– depende mucho de la vida previa de ambos padres”.

Las gestantes, y en general las mujeres –apunta–, tienen nociones sobre cómo cuidarse durante el embarazo para que el niño llegue saludable al mundo.

Lo que hoy sabe la ciencia es que esos esmeros deben, no como ideal sino como norma, empezar desde antes de la procreación y continuar luego del nacimiento.

Crear reservas de calidad

Procurar hábitos saludables de vida no es una cuestión de moda, sino una contribución vital que pueden dar los padres –no exclusivamente la madre– al niño.

Un acto de amor que se cumple con obras concretas, considera el experto. Como primer paso, la necesidad de llevar una dieta balanceada es inseparable de la responsabilidad de ser madres. Añade que una buena historia nutricional materna no sólo ayuda a proteger más eficazmente al bebé aportándole mejores nutrientes para su desarrollo, sino que puede marcar diferencias radicales.

De la primera a la octava semana de la vida embrionaria se cumple la etapa de organogénesis, es decir, de la formación completa de todos los órganos del pequeño ser humano. Lo que no se le dé en nutrientes o el daño que se le haga con tóxicos en este período tiene consecuencias irreversibles.

Aun las madres que no pueden retener alimento debido, por ejemplo, a la hiperemesis gravídica (episodios incesantes de náusea y rechazo a la ingestión de comida), si han estado bien nutridas –no gordas sino con una dieta balanceada– y han tenido una vida sana, brindarán a su hijo su propio cuerpo para abastecerse.

“Si el nonato encuentra depósitos de alimentos ricos en grasas insaturadas, minerales proteínas –animales y vegetales–, su cerebro y su cuerpo tendrán un desarrollo óptimo. Si lo único con que se topa es con lo contrario –grasas saturadas y calorías vacías–, es probable que su nivel de desarrollo se vea menguado o no logre el peso al que debería haber llegado”.

Otra de las causas que provocan que un niño tenga bajo peso al nacer, poniendo en riesgo su vida u ocasionando que sufra dolencias cardíacas, respiratorias e inmunológicas, es el consumo de tabaco activo o pasivo antes y durante el embarazo, y se agigantan con el consumo de drogas, incluso las que se consumen “socialmente” y tienen el cariz de inofensivas, como el alcohol o la marihuana, “tan popular entre las mujeres jóvenes, profesionales y de todo nivel social”.

Las drogas más fuertes, como la cocaína, propician un grado de toxicidad tan significativo en el organismo que en casos de dependencia severa y prolongada es mejor no concebir.

El consejo del médico es, por tanto, un estilo de vida saludable –no necesariamente monacal– que propicie la creación de un hábitat adecuado para la vida, aun mucho antes de que ésta se produzca.

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