¿Cuando mi bebe debe dormir en su cuarto?

¿En su propio cuarto o con los padres? ¿Cuál será la mejor decisión? Según recomiendan los especialistas, lo ideal es que el bebé duerma solo desde que llega a casa.

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Cuando tenemos la noticia de que un nuevo miembro de la familia viene en camino empiezan los preparativos para que tenga un cuarto bellamente decorado. Sin embargo, al dejar la clínica luego del alumbramiento, lo más común es que los flamantes padres decidan que su pequeño duerma con ellos y lo instalan en un moisés junto a la cama matrimonial. Esta situación, dicen, es provisional; pero conforme pasan los meses se va haciendo permanente y no es extraño que, incluso pasado el año de edad, el niño siga compartiendo la habitación con sus papás con los consabidos problemas que ésta situación implica.

Por ello, los especialistas recomiendan que el bebé duerma solo, en su propia habitación, desde que llega a casa. Así, desde un inicio el niño ocupa su propio espacio dentro del núcleo familiar y los padres aprenden a ver a su hijo como un ser individual.

Es una tarea difícil, pero no imposible. Sobre todo al principio, las noches serán una verdadera pesadilla para la madre, que tendrá que levantarse para atender al pequeño; sin embargo, esta situación la obligará también a crearle un horario de comidas lo antes posible, y evitará que forme malos hábitos. Es complicado, es cierto, pero vale la pena hacerlo.

En todo caso, si se decide dormir con el bebé, lo indicado es hacerlo sólo hasta que cumpla los seis meses. A esa edad el niño puede dejar de lactar y, generalmente, ya habrá establecido horarios para sus comidas; esto le permitirá pasar la noche durmiendo de corrido, lo que sin duda facilita el hecho de acostumbrarlo a dormir solo.

Pasada esa edad, será más difícil lograrlo, puesto que es desde los ocho meses que los niños se abren más al mundo exterior y entienden el proceso de separación.

De otro lado, el bebé se acostumbra al ambiente en el que pasa la mayor parte del tiempo, aprende a conocerlo sensorialmente y es ahí donde se siente más cómodo y seguro. Por ello, cambiarlo de habitación le crea una angustia que puede alterarlo. Llorará y no le será fácil conciliar el sueño. Generalmente, es ahí cuando los padres ceden y vuelven a llevarlo a su habitación agravando el problema.

Los psicólogos señalan que también es negativo que los niños duerman con sus padres porque se acostumbran a estar acompañados y más adelante reportan problemas de insomnio porque les cuesta dormir solos. Los pequeños deben aprender a manejar la ansiedad que se produce en el momento de conciliar el sueño, lo que es algo difícil, pues dormir implica también dejarse llevar y perder el control sobre lo que sucede en el mundo exterior. Esto crea temores que si no son bien manejados, pueden acarrear problemas futuros.

Finalmente, es importante mencionar que, en muchos casos, los niños ayudan a controlar la ansiedad que sienten por dormir solos apoyándose en objetos transicionales, como una almohadita o un osito de peluche, que son tranquilizadores y, por lo tanto, positivos. Acompañarán al niño hasta que se sienta más seguro y llegue el momento en que puedan dejarlos.

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