Crecimiento y calzado en los bebés y niños

Los pies de los más pequeños de la familia requieren de especial atención, ya que han de soportar el peso del cuerpo, mantener el equilibrio y la postura y permitir que corran y caminen con seguridad. La correcta elección de los zapatos infantiles en cada etapa del crecimiento permitirá una adecuada formación y producirá, en líneas generales, bienestar a todo el organismo.

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El pie es una estructura compleja, conformada por 26 huesos, 33 articulaciones, 19 músculos y 107 ligamentos que requieren de ciertos cuidados para mantenerlo sano. Uno de ellos, quizás el más importante, tiene que ver con el tipo de calzado que utilizamos en cada etapa de nuestra vida, el cual no sólo debe permitir el libre movimiento de las articulaciones del pie sino también respetar su funcionamiento, sobre todo cuando no existen malformaciones o patologías que puedan explicar el uso de zapatos correctivos.

De cero a nueve meses

Hasta que empiecen a caminar los niños no deben estar calzados con zapatos. Según el médico ortopedista Rolando Suárez, es importante que el niño reciba los estímulos y percepciones táctiles en todo el cuerpo y, por ello, se debe dejar los pies libres. “En nuestro medio, para que se los vea bonitos o graciosos, muchos padres compran zapatos para sus hijos pequeños cuando no los necesitan. En realidad, si lo que quieren es protegerlos contra el frío o la humedad, basta con ponerles una media que no sea muy apretada, porque la falta de movimiento podría retrasar su desarrollo”.

Algunos médicos recomiendan un calzado elástico y flexible, con una suela de grosor no superior a los cinco milímetros que tenga protección tanto en la puntera como en la zona del talón para evitar roces y lastimaduras durante la etapa del gateo.

El pie de un niño es uno de los miembros con crecimiento más veloz. Durante su primer año de vida alcanza casi la mitad del tamaño que tendrá cuando sea adulto; por eso la American Podiatrics Medical Association considera que ése es el período más importante en el desarrollo del pie. Si los padres notan algún problema en los pies de sus hijos, deben buscar ayuda profesional de inmediato, porque las deformaciones no desaparecen ni con el crecimiento ni con el uso del calzado.

De 10 meses a dos años

Los niños normalmente empiezan a caminar entre los 10 y los 18 meses, pero su primer paso firme sólo lo darán cuando estén preparados física y psicológicamente. Por ello, no es conveniente forzar a un niño a caminar, pues sus pies podrían sufrir daños prematuros.

El calzado de un niño pequeño ha de estar hecho con materiales suaves, ser flexible y debe ser utilizado sólo cuando el niño camine sobre superficies ásperas o lo haga fuera de casa; de lo contrario, no es necesario que camine con calzado. Es mejor que lo haga descalzo o con medias antideslizantes, pues de esa forma el pie crece normalmente, desarrolla su musculatura y se fortalece la acción de agarre de los dedos.

A partir del año tres meses el doctor Suárez recomienda zapatos de suela corrida y tipo botín, que sujete el talón y dé mayor estabilidad. “Si el niño ya camina estable y no tiene las piernas arqueadas o mete los pies, puede usar un zapato común y normal. Hasta los dos años el calzado no debe tener almohadilla, ya que todos los chicos de esa edad tienen pie plano normalmente; si no tienen ningún desvío de las piernas, el zapato ha de ser normal y los padres deben quitar la almohadilla del zapato”.

De dos a ocho años

A partir de los dos años los pies del niño deben ser revisados por un ortopedista, para ver si tiene pie plano o cualquier otra anomalía. Si es normal, lo ideal es que siempre use un taco de forma recta que no exceda los 10 milímetros de altura y una suela, de goma o de cuero, para que el niño tenga una pequeña alzada que permita la buena formación del pie. Los zapatos a esta edad deben ser flexibles, hechos con materiales que permitan una adecuada ventilación de los pies y eviten la transpiración excesiva. Pueden ser sujetados con cordones, cierres o hebillas, los que no deben estar apretados para evitar heridas en la piel.

“El calzado del niño con mucha punta puede estrechar el antepié y producir callosidades. Las mamás deben tener en cuenta, además, que el largo del calzado ha de ser de uno a 1.5 centímetros más grande que el dedo más largo; es decir, el dedo más largo del pie jamás puede chocar con el zapato, ya que esto
significa que esa talla ya quedó chica. El cambio de calzado va de acuerdo con el crecimiento del pie, por ello se recomienda cambios cada cuatro o cinco meses”, señala el ortopedista.

Por otra parte, es poco recomendable que los niños usen el zapato del hermano mayor, a menos que éste no tenga ninguna deformidad, pues cada pisada es diferente.

“Recomiendo que los padres revisen el calzado ya usado para determinar si el niño lo desgasta en forma normal. Si se observan torceduras o tacones desgastados de forma irregular, se debe recurrir a una evaluación profesional”. De acuerdo al especialista, los zapatos ortopédicos sirven para corregir ciertas deficiencias de los pies, pero deben ser prescritos por un ortopedista y no existen modelos universales, pues se hacen para un pie específico.

Niños mayores de nueve años

Los zapatos para niños mayores deben tener punteras amplias y evitar la compresión en los dedos. Lo ideal es que tengan una correcta amortiguación, similar a la de los adultos, y características de rozamiento que permitan los giros y frenadas del pie. El corte de los zapatos debe, a su vez, ser flexible para adaptarse al crecimiento, el desarrollo y actividades que realiza el chico.

Es importante cambiar cada cierto tiempo el calzado, sobre todo el que se usa para correr o hacer deporte, el cual se debe reemplazar cada 600 u 800 kilómetros de uso. Si se utilizan bajo temperaturas extremas, en ambientes húmedos o bajo la lluvia, los zapatos envejecerán más rápido y, por tanto, será necesario cambiarlos antes. Lo adecuado es que el calzado se use mientras mantenga su capacidad para absorber golpes.

Por el contrario, el zapato que se utiliza para caminar se debe renovar cada seis o nueve meses si se camina un promedio de seis a siete kilómetros diarios. Los calcetines o medias, asimismo, se deben seleccionar con cuidado, siendo los más recomendables los que mantienen secos los pies. “El calzado para correr siempre deben tener la punta un poco más parada, mientras que para el salto se buscan las zapatillas que vienen con un cojín de aire en la plantilla o en la suela, para evitar el golpe del talón y que se produzcan lesiones”, puntualiza el doctor Suárez. Según el ortopedista, también es recomendable que las chicas no usen taco mayor de tres centímetros ni calzado terminado en punta, ya que son causa de muchas deformidades y problemas en los pies en el futuro.

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