¿Cómo tratar a mi hijo adolescente?

¿Ayer dulce y tranquilo, y hoy, de pronto, de mal humor? ¿De chica alegre y despreocupada a mustia y distante? Al desarrollo físico que experimentan nuestros hijos se suman los cambios en la conducta, lo cual puede generar una situación de confusión y malestar. Controlar esta etapa sí es posible, aunque requiere paciencia de los padres y seguir algunos consejos.

Adolescencia

Es como si el cambio sucediera de la noche a la mañana: el pequeño de diez años era puro regocijo, alegre, cumplía con sus deberes, obedecía a sus padres, se llevaba bien con toda la familia e, incluso, aún se acurrucaba en las faldas de mamá. Ahora, a los once, es casi irreconocible: empuja a su hermana, entra o sale haciendo ruido, es díscolo y no desea salir de su cuarto a la hora de la cena. Aunque tal cambio de personalidad molesta a los padres y familiares, lo cierto es que se trata de una situación perfectamente normal. Alrededor de esos años, los seres humanos empiezan a sentir cambios físicos y emocionales que pueden alterar su carácter y comportamiento. Para los papás, esta etapa puede constituir todo un reto, pero es importante detenerse a pensar por un momento que es más difícil para ellos.

A esta edad, los niños están bajo una gran presión, pues aparte de los cambios hormonales que empiezan a hacer estragos en sus cuerpos y emociones, tienen que encarar muchos retos sociales. Por lo general, están empezando la secundaria, donde tienen que actuar independientemente, pensar en abstracto y comportarse en forma mucho más madura. Además, están convencidos de que es obligatorio y mucho más conveniente pertenecer a un grupo de amigos, lo que de por sí les genera una tensión adicional, porque antes de la pubertad, solían estar contentos haciendo cualquier cosa para hacer felices a sus padres; ahora, se encuentran en la lucha de encontrar su propia identidad, independientemente de su familia. Así, siempre están listos a voltear hacia sus amigos para que los ayuden a establecer sus gustos y necesidades.

Este deseo de independizarse rápidamente y poner una distancia entre ellos y sus padres se manifestará de manera brusca. Generalmente, los llevará a contestar de mala gana, rehusándose a cooperar y tratando de alejar a sus padres de sus vidas. Esto puede ser desconcertante para aquellas personas que han usado a sus hijos como apoyo. Pero los expertos sostienen que, sin embargo, es necesaria e incluso inevitable, la existencia de alguna distancia entre un padre y su hijo. Sin embargo, aquí le proporcionamos algunas maneras de mantener lazos fuertes, haga lo que haga el chico, y teniendo en cuenta cuán intolerante e impredecible empiece a manifestarse su hijo.

Entenderlos

Una escena típica: un padre le pide a su niña que guarde silencio a la hora de la cena y ésta obedece. Pero ya adolescente, esa misma chica reacciona mal, contesta de manera brusca e incluso, cae en un mal comportamiento. Es posible que haya interpretado ese pedido como una provocación o tal vez sienta que es ignorada. Es por eso importante ponerse en su lugar y barajar posibilidades: quizás se peleó con su mejor amiga, o está cansada por quedarse hasta tarde haciendo sus tareas, o tiene un conflicto en el colegio. Si su comportamiento no es el característico, lo mejor que se puede hacer es dejar pasar el episodio como parte del cambio hormonal. Más tarde, ella misma puede reconocer su mal comportamiento y disculparse; pero si el padre salta sobre la chica y se pone en su misma posición, ella puede hacerse más irracional y agresiva.

Dar espacio a los hijos

Los chicos, a esta edad, consideran su privacidad como un tesoro, y deberían tenerla. Si un papá o una mamá insiste en inmiscuirse, lo más probable es que los hijos no le den entrada. En lugar de estar constantemente preguntando qué es lo que pasa, lo mejor es darles la oportunidad de que vayan hacia su padre o su madre por voluntad propia. Los psicólogos sostienen que, para un progenitor, esperar desde fuera puede ser extremadamente difícil, especialmente cuando el hijo está de mal humor y es obvio que algo está andando mal. Pero los niños, en esa etapa, tienen un buen indicador de cuándo hablar, y ellos mismos irán hacia sus padres cuando estén listos.

Ser coherente

Es importante entender los cambios por los que atraviesan nuestros hijos; sin embargo, es necesario ser enfático y establecer clara y coherentemente los límites. Los chicos buscan a sus padres por ser para ellos una guía, y se sienten más cómodos si pueden compartir los mismos valores, pero las normas de la casa deben mantenerse, aun cuando él o la adolescente esté de mal humor. Pero, al mismo tiempo, es importante para los padres resistirse a la urgencia de agregar más reglas y restricciones para castigar a su hijo por alguna falta que hayan cometido.

Perdiendo las riendas

Lo que más molesta a los chicos en esta edad es que los traten como a niños pequeños; ellos demandan más libertad. Los chicos de once y trece años están empezando a pensar que ellos ya están suficientemente grandes y desean probar las cosas por ellos mismos. Sienten que necesitan y merecen un poco de independencia. Esto no significa, sin embargo, que un hijo de doce años, de un momento a otro, ya esté listo para ir por su cuenta al centro comercial en la noche. Demasiada independencia puede asustarlo a esa edad. Lo mejor es que, con el tiempo, pueda ir incrementando su libertad. Los expertos consideran importante que los padres permitan a su hijo ir al centro comercial, por ejemplo, y que esté en las tiendas de discos mientras los adultos están comprando en otras tiendas. Si él se encuentra en el punto acordado y a la hora indicada, se le puede permitir volver al centro comercial, esta vez con un hermano mayor y un amigo.

Mantenerse involucrado

Aun cuando un hijo trata de ocultar al padre lo que está pasando, es importante que este último siempre se mantenga al corriente de su vida. Los papás deben conocer a los amigos de su hijo y a los adultos de su entorno, como entrenadores, profesores y parientes. Un padre que se comunica frecuentemente con sus hijos estará al tanto de las influencias a las que están expuestos. Asimismo, en este tiempo que empiezan a desarrollar su libertad, los padres de otros adolescentes pueden ayudar a observar la conducta de su hijo. Un papá puede compartir la información acerca de qué les está pasando a los chicos y cómo se comportan cuando están juntos. Teniendo amistad con ellos, un padre también conseguirá otros beneficios como la camaradería de los otros padres.

Recuadro:

Conductas más preocupantes

Aunque los cambios de humor son típicos durante los primeros años de la pubertad, ciertas modificaciones de personalidad pueden ser signo de algunos problemas más serios. Preste especial atención a:

-Un significante cambio en sus notas, lo cual puede señalar un problema de aprendizaje no descubierto o una depresión.

-Un repentino cambio de amigos, pasando de su grupo habitual a uno especialmente caracterizado por su mala reputación o su búsqueda constante de problemas.

-Dificultad en dormir y comer.

-Desobediencia a reglas especiales como un toque de queda o la constante violación de las reglas de la casa.

Si su hijo está experimentando estos problemas, contáctese con sus profesores del colegio o con un especialista.

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