Cómo responder a las preguntas difíciles de los hijos

Aunque parezca lo contrario, los niños no preparan su metralleta de preguntas con la malvada intención de complicarnos la vida. Por el contrario, una sana curiosidad por descubrir el mundo habla de la vitalidad de su inteligencia.

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Y aunque a veces resulte agobiante, es bueno dejar de ver esas preguntas como una amenaza y considerarlas como lo que realmente son: una oportunidad de educar en principios de vida.

Así lo explica Teresa Rodríguez, psicóloga infantil, quien afirma que las preguntas más frecuentes e intimidantes son las que involucran valores morales y que ella denomina “valores de vida”. “Cuando un niño pregunta de dónde vienen los niños, su curiosidad, generalmente, está enfocada más en el amor que en el sexo.

Su mayor interés suele ser cómo un sentimiento –que es un concepto abstracto– puede materializarse en bebés de carne y hueso. Los detalles mecánicos sobre el proceso de creación pueden resultarles aburridísimos e incluso repulsivos.

Lógicamente, la curiosidad sexual irá evolucionando según la edad. Lo que no debe cambiar de una edad a otra es que el valor del amor tiene que acompañar cualquier respuesta sobre esta materia.

La información estrictamente científica es útil. La que se acompaña con valores es un aprendizaje de vida”.

La estrategia de preguntarle a ellos

Sus preguntas a quemarropa pueden aturdirnos y darnos una idea equivocada de lo que realmente quieren saber. Una interrogante como: “¿Mamá, somos pobres?”, merecería –para la mentalidad adulta– una amplia disertación sobre cómo la macroeconomía afecta los microbolsillos familiares.

Pero para ellos toda su inquietud puede ser simple y lo que quieren saber es, sencillamente, si le pueden comprar un juguete que vio en la tele.

Por eso es aconsejable averiguar cuál es exactamente el área de curiosidad del niño. Preguntarle a ellos sobre sus propias preguntas ayuda a definir hacia dónde deben ir nuestras respuestas, acota la experta.

Si el pequeño nos inquiere por qué papá se fue de la casa, es bueno que antes de decirle que fue por “incompatibilidad de caracteres” se le pregunte qué desea saber al respecto. De esta forma, temores como “se fue porque yo soy malo” salen a flote de forma natural y pueden aliviarse.

Otra regla es no mentirle

“Una cosa es permitir que el niño simbolice a través de su fantasía conceptos como el cielo, y otra muy distinta es decirle que la persona que murió se fue de viaje”. La sinceridad puede ser difícil, pero es más reconfortante al final. O si una niña gordita nos pregunta, por ejemplo, ‘¿Mami, soy gorda?’, el corazón puede orientarnos a decirle un ‘no’ rotundo y asegurarle que quien se lo haya dicho es el peor malvado que hay sobre el planeta.

Pero eso no parará la angustia, porque el mundo la seguirá juzgando con ojos menos piadosos. Además, estas críticas dolorosas son parte de lo que probablemente deberá enfrentar en su vida futura. “Sin perder de vista que la sensibilidad de un niño es un cristal, podemos optar por una contestación más saludable como: ‘Sí, mi amor. Hay personas gordas y delgadas en el mundo y todas son bonitas. Eso no influye en ser buena persona ni en que la gente te quiera. Pero tú qué piensas, ¿serías más feliz si fueras más delgada?’.

Hay que darle a la estética, el dinero, los viajes y demás conceptos accesorios el exacto lugar que tienen: ni pretender que no son placenteros ni sobredimensionarlos pretendiendo que determinan la valía o la felicidad de las personas”, explica la doctora.

Hay maneras y maneras

Otro aspecto primordial es tener una actitud serena y de total entrega a la conversación en ese momento. Si se está muy apurado o alterado es preferible que le ofrezca y cumpla con conversar sobre el tema en otro momento. Es muy importante, además, ser coherente con la información que se da.

“De nada sirve que le digamos que sí, efectivamente, todos los seres humanos marrones, blancos, pelirrojos, flacos o gorditos somos iguales, si luego uno mismo va a tener actitudes despectivas hacia personas por su raza, su contextura física o su condición social. Tampoco sirve que pretenda explicarle que la muerte es un proceso natural y no un castigo mientras llora inconsolablemente, se quiebra y reclama al cielo frente a los ojos
del niño”.

La inquietud sobre la pobreza y la riqueza es otro tema delicado, especialmente en estos tiempos. En el primer caso, enfréntelo con una frase como: “En este momento nos toca trabajar más, pero es algo que podemos superar. El no tener mucho dinero nos
puede quitar algunas cosas, como viajes y diversiones, pero no debe quitarnos el que nos demos muchos besos y nos queramos mucho. Además, podemos divertirnos de otras formas, como salir a pasear al parque los fines de semana, ¿qué te parece?”.

En el caso contrario –“¿Mamá, somos ricos?”–, tampoco un simple “sí” es lo ideal. A pesar de no ser una situación desventajosa, es bueno explicarle que “no somos ricos, tu papá y yo tenemos el dinero porque lo hemos conseguido con mucho trabajo y esfuerzo. Y es lindo compartirlo con ustedes que son nuestros hijos queridos, pero es importarte gastar lo necesario para conservarlo. Además, no es lo único que compartimos”.

A partir de allí puede continuar la plática para indagar sobre los conceptos del niño sobre el dinero, el valor que le da, la solidaridad y otros temas centrales. “Pero recuerde –reitera la experta– que las respuestas transmiten valores que deben coincidir con el comportamiento de los padres y de lo que se espera de ellos. De otra forma, serán sólo palabras”.

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