¿Cómo estimular el sentido de responsabilidad en el hogar?

Hacer participar a los niños en las labores domésticas ayuda a crear hábitos de conducta que los acompañarán por el resto de sus vidas. Tareas cotidianas como medir los ingredientes para hacer galletas o reemplazar las baterías de una linterna les refuerza la identidad y el sentimiento de pertenencia a un núcleo familiar.

responsabilidad

El desarrollo de la responsabilidad en los seres humanos pasa por un sinnúmero de etapas y de criterios. Sin embargo, con demasiada facilidad, los adultos piensan y les transmiten a sus hijos la idea de que ser responsables es un proceso que recién se inicia cuando ingresan a los primeros grados de educación primaria, pues incluso, consideran que los años que se pasa en el nido y el prekínder son sólo “para jugar” y “para que no se aburran en casa”.

Tremendo error, porque prácticamente desde que nace, la persona ingresa en un camino que la debe de llevar a conquistar su propia independencia y autosuficiencia, y para ello, es fundamental alcanzar un nivel maduro y equilibrado de responsabilidad.

Preparar a nuestros hijos en este sentido es una tarea que siempre puede ser agradable y divertida si la sabemos orientar adecuadamente, empezando por no dar una connotación negativa al concepto de “ser responsables”. Si los niños observan en los adultos que el cumplimiento del trabajo les supone fastidio y aburrimiento, lo primero que harán es asumir que toda responsabilidad implica desagrado, cosa que no es cierta.

Pero además de esta consideración de fondo, existen muchas opciones simpáticas y agradables para estimular la responsabilidad de manera saludable. El mejor escenario es el hogar y los participantes, los grandes y los chicos.

De cero a dos años:

Pequeño compañero

Los bebés e infantes aprenden por imitación. Ver que los adultos limpian cuando algo se ha derramado, arreglan los adornos de las repisas o guardan la ropa en el clóset, constituye un verdadero paso en el aprendizaje. De acuerdo a los entendidos, ser espectador de este tipo de acciones ayuda al niño a entender que las cosas pertenecen a ciertos lugares o espacios, y le da lecciones básicas acerca de los valores familiares, incluyendo lo que significa el respeto por la propiedad y su valor.

En el segundo año de vida, con el aumento de sus habilidades, es ideal que los padres los alienten a ciertas acciones pequeñas como recoger sus juguetes y guardarlos en su sitio. Con el tiempo, esto le hará entender lo que es el sentido del orgullo, la autoestima y el sentimiento de pertenencia. Según la educadora Trilce Dalmau, el hecho de que los niños observen siempre a sus padres desarrollando tareas alrededor de la casa, hace que ellos traten de hacer las cosas con más empeño y se esfuercen cada vez más en mejorar. “Los padres deben incluir a sus pequeños en actividades básicas de la casa. Por ejemplo, cuando la mamá prepara la comida, se le puede dar algún alimento cocido en un tazón para que lo mezcle o lo mueva. Hacer participar al niño en las tareas de la casa le hará sentir que no sólo pertenece a su familia, sino que es parte integral de ella”, dice la especialista.

De dos a cinco años:

Felices de ayudar

Durante los años preescolares, las destrezas físicas y verbales aumentan. Sin embargo, los niños sienten que verdaderamente están prosperando cuando, de alguna manera, son útiles en la casa. Si bien la vida moderna hace que muchas familias contraten los servicios de un jardinero para que cuide las plantas o de un carpintero para que arregle algo sin importancia, existen otras actividades en las que los niños de esta edad pueden participar. Por ejemplo, manteniendo su cuarto ordenado, ayudando en la lavandería, escogiendo las parejas de las medias o doblando los secadores de la cocina. “Todas estas actividades no sólo refuerzan su habilidad motora, sino que lo ayudan a entender que cada uno de los miembros de la familia toma un tiempo para el cuidado del hogar”. Además, coser el botón de una camisa o preparar un bizcocho -desde el momento de calentar el horno, medir los ingredientes o llenar el molde- ayuda al niño a entender lo que significa la secuencia y el orden. Los últimos estudios psicológicos señalan que colaborando en las tareas del hogar el niño gana en:

-Creatividad: Muchas tareas de la casa como cocinar, arreglar una habitación o plantar una semilla requieren de imaginación y pensamiento creativo.

-Habilidad para resolver problemas: El niño aprende a idear una solución cuando gotea el caño del lavadero o se rompe el asa de una taza.

-Autosuficiencia: Contribuir en las tareas domésticas hace que el pequeño adquiera confianza en sí mismo, dominio e independencia, cualidades que le servirán en el futuro para relacionarse y asumir nuevas aventuras.

De cinco a once años:

Participar es divertido

Cuando los niños en edad escolar ayudan en la casa, se sienten más conectados con su familia. Aquellos que tienen su tiempo dividido entre las tareas del colegio y las responsabilidades en el hogar, adquieren un gran sentido de pertenencia y seguridad. “Si bien en esta etapa es común escuchar ‘ay… ¿lo tengo que hacer?’, es bueno que los niños entiendan que la vida no se circunscribe sólo al colegio; cuidar del hogar junto con los demás miembros de la familia también cuenta”.

Un niño de cinco años puede ayudar, por ejemplo, a planear la comida y a escoger los productos en el supermercado. También puede empezar a hacer su cama. Entre los seis y siete años, una niña puede leer recetas simples y medir los ingredientes, así como mantener su escritorio y librero ordenados. Entre los nueve y los diez años, los niños pueden hornear sus propias galletas con sólo un poco de ayuda de los adultos. Los padres pueden, además, reforzar sus conocimientos de matemáticas enseñando a sus hijos de siete años o más, a ahorrar sus propinas para comprarse un juguete o a gastar su dinero inteligentemente.

Recomendaciones importantes

– Entre los seis y ocho meses, aun cuando los niños no entiendan muchas palabras, los padres deben hablar con su bebé insistiendo sobre cuál es su rol en la casa. Por ejemplo, al darle la comida, elógielo cuando come todo o dígale: “¡Qué bien! Tú tienes más cereal en la boca que en el plato”.

– A los doce meses, los bebés gozan imitando las actitudes de los adultos. Si un padre ve que su hijo está moviendo un cucharón en una vasija vacía, puede decirle: “¡Qué bien estás batiendo! Pronto me ayudarás a hacer panqueques”.

– Alrededor de los tres años, cuando su destreza motora es más aguda, puede ayudarlo a plantar una semilla en el jardín. El no sólo gozará de la actividad física, sino que aprenderá el orden de las cosas (primero se planta la semilla, después crece la planta).

– A los cuatro años, los niños gozan cocinando y pueden colaborar midiendo los ingredientes y mezclándolos. Los padres pueden ayudar a sus hijos a ser creativos; por ejemplo, un domingo en la mañana se pueden hacer galletas que han de cortarse de distintas formas.

– Entre los cinco y los seis años, los chicos empiezan a entender la importancia de dar y recibir. Así, pueden ayudar a sus padres a limpiar su cuarto y separar las cosas que ya no les quedan o que ya no necesitan. Decidir juntos, papás e hijos, a quién se donarán esas prendas es muy positivo.

– A los siete y ocho años, los chicos gustan de arreglar las cosas. Entonces, hay que dejarlos que reemplacen las baterías o pilas viejas de la radio o que coloquen un foco de luz.

– Entre los nueve y los once años, les encanta crear su propio espacio. Permita que su hijo reorganice su cuarto. El puede medir las paredes y decidir dónde ubicar los objetos y muebles; esto lo hará disfrutar mucho y sentirse orgulloso de su propio trabajo.

Leyendas:

A los más pequeñitos les encanta ayudar en las labores de casa; los hace sentir importantes y los integra aún más al hogar.

Creatividad, autosuficiencia y habilidad para resolver problemas. Las labores en casa ejercitan estos criterios en los chicos.

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