Como elegir una niñera o empleada

Cada vez que vemos en televisión un reportaje sobre niños víctimas de maltrato por parte de las empleadas, renace en nosotros el miedo y los cuestionamientos en torno a las personas que trabajan en nuestras casas. Saber contratar a la persona más adecuada, y sobre todo, observar a nuestros hijos, son reglas más que básicas para evitar darnos con situaciones desagradables.

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Se supone que la casa es el lugar donde nuestros hijos suelen estar más seguros. Sin embargo, esto no siempre ocurre. Toda madre desea que sus hijos reciban el mejor de los cuidados, sobre todo cuando ella se ausenta del hogar. Por este motivo, retornar al trabajo después de la licencia postnatal o insertarse laboralmente por primera vez puede convertirse en un verdadero dolor de cabeza y fuente de muchas angustias.

¿Cómo elegir una buena niñera? Según la psicóloga Milagros Dancourt, es importante que la persona a quien vamos a encargar el cuidado de nuestros hijos cumpla con una serie de requisitos. “La niñera debe contar con una correcta identificación (DNI), certificado de antecedentes policiales y certificado domiciliario expedido por la comisaría de su distrito. Además, debe tener un certificado médico expedido por un centro de salud o posta médica (serológico y de TBC) y un documento donde encontremos el nombre y los teléfonos de las familias donde hayan trabajado anteriormente, todo lo cual debe ser verificado.

Algunas personas solicitan que la empleada cuente con un certificado de capacitación para niñeras que incluya un perfil psicológico; sin embargo, es importante que a primera vista la persona que va a cuidar a nuestro niño muestre un aspecto limpio, pulcro y ordenado”, señala. Esto para hablar sólo de lo formal, pero hay más que debemos averiguar.

Perfil psicológico de una buena niñera

Estas son las características generales que toda buena nana debe tener:
• Alegre y extrovertida
• Segura de sí misma
• Vocación de servicio
• Tolerancia a la frustración
• Responsable
• Carismática
• Con criterio y sentido común
• Saber tomar decisiones ante una emergencia
• Contar con una comunicación fluida y clara
• Atenta
• De buenos modales y educada
• Comportamiento adecuado en general
• Nivel de vocabulario apropiado

“Las buenas niñeras son aquellas que asumen con responsabilidad el cuidado de nuestros hijos y cumplen una labor importante dentro de nuestra familia, ya que se encuentran fuertemente ligadas a ellos; inclusive pueden llegar a quererlos como si fueran
propios, y lo demuestran en su comportamiento diario: nace en ellas el instinto maternal y los protegen de cualquier peligro”, manifiesta Milagros Dancourt.

De acuerdo a la especialista, las niñeras, en algunos casos, cumplen con todos los deberes de una mamá, pues son ellas las que alimentan, visten, bañan, arrullan, juegan, escuchan y acompañan en todo momento a los niños. Por ello es tan importante que las madres mantengan una adecuada comunicación y diálogo con sus niñeras para que el cuidado de sus hijos sea el óptimo posible.

Víctimas del maltrato

La sola desconfianza o sospecha sobre el correcto proceder de la persona encargada del cuidado de los niños es suficiente para considerar la situación de “emergencia”. Por ello, los padres siempre deben realizar visitas sorpresa a su casa, conectarse por teléfono, averiguar con los vecinos y, por último, afrontar y evaluar la situación. Los indicadores físicos que pueden observarse en un niño supuestamente maltratado son:

–Lesiones en la piel: Hematomas, contusiones, heridas, erosiones y pinchazos son de presencia frecuente y reiterada, sobre todo en niños menores de tres años. Además, se localizan en zonas no habituales y no prominentes del cuerpo como alrededor de los ojos y de la boca, en la parte lateral de la cara, en las orejas, dentro de la boca, cuello, tórax, espalda, área genital y nalgas. Se distribuyen en zonas extensas y afectan diferentes áreas del organismo, teniendo, asimismo, diferentes grados de evolución en el tiempo.

–Quemaduras: De localización múltiple, aunque con frecuencia se encuentran lesiones alrededor del área genital, glúteos, palma y plantas. Pueden ser asimétricas (como las de agua caliente), de bordes nítidos y presentar distintos grados de evolución.

–Mordeduras: Donde queda clara la huella de los dientes, muy recurrentes.

–Falta de pelo: Se observan zonas sanas en el cuero cabelludo y zonas sin pelo, por arrancamiento.

–Moretones en forma de una mano, marcas de correas o similares en el cuerpo.

–Infecciones o hemorragias en la zona anal o genital.

“Debemos estar atentas a cualquier cambio inexplicable en el comportamiento de nuestros niños. Por lo general, cuando la niñera es la causante del maltrato, se contradice en las explicaciones del origen de las lesiones, intenta ocultarlas o les resta importancia”, sentencia la psicóloga.

En la mayoría de casos, además, evitan todo tipo de responsabilidad, parecen no preocuparse por el menor, perciben al niño en forma negativa o utilizan una disciplina severa, inadecuada para la edad y para la condición del niño.

Estudios especializados demuestran que el hecho de que la niñera alimente al pequeño puede, en cierto modo, paliar la culpa y el perdón parcial del menor. Sin embargo, por lo general, las conductas agresivas por parte de las cuidadoras tienden a repetirse. Salvo que no existan huellas que delaten el maltrato, algunos elementos como falta de higiene, problemas con el vestuario, palidez, apatía, falta de cumplimiento de las instrucciones, etcétera, pueden hacer sospechar un posible maltrato por acción, omisión, negligencia o abandono, lo que deberá inmediatamente ser denunciado en las instancias legales y
judiciales que correspondan.

El abandono emocional que sufre un lactante o un preescolar por parte de su niñera se refleja a través de una inhibición en el juego. Los niños suelen mostrar, a su vez, un carácter asustadizo, tímido, pasivo o, por el contrario, muy agresivo. Presentan, también, una ausencia de respuesta ante estímulos sociales y apatía en las relaciones con los que lo agreden, sin contar la serie de trastornos relacionados con la alimentación, sueño, entre otros que se suscitan.

Según Milagros Dancourt, la aparición de accidentes que tienen que ver con el control de esfínteres, cuando el niño ya usa el baño solo, es una pésima señal. “Esto, unido a que el chico no quiera dormir solo o reclame mantener la luz encendida del cuarto, tenga pesadillas y presente llantos sin explicación, son señales a tomar en cuenta. En algunos casos, hay niños que rechazan a la nana sin motivo alguno, aunque, por lo general, es frecuente que callen y oculten su sufrimiento y heridas por temor a que se incremente el maltrato”, dice la experta.

Finalmente, los padres de niños maltratados deben, en primer lugar, asegurar la protección del niño e iniciar, dependiendo de la
edad, un acompañamiento terapéutico de inmediato según las necesidades de desarrollo y estabilidad emocional de su pequeño.

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