¿Cómo criar a un hijo único?

Crecen sin hermanitos y con todo el amor de sus padres. Pero, ¿resultan siempre engreídos y caprichosos los hijos únicos? No necesariamente. La pedagogía moderna nos ayuda a formar personas capaces de adaptarse al entorno social con completa normalidad.

hijo unico

incuenta años atrás, los hijos únicos que representaban tan sólo un diez por ciento de los chicos menores de 18 años tendían a ser despreocupados, engreídos, solitarios e incapaces de sociabilizar adecuadamente. Hoy, los expertos hacen notar que diversos factores sociales han agravado los problemas en los hijos únicos: un alto porcentaje de divorcios y el crecimiento profesional de la pareja.

El hijo único es el recipiente del tiempo, atención y recursos de sus padres. Pero ser el centro de atención también tiene algunas desventajas. Los expertos señalan que algunos niños únicos sufren por demasiadas demandas de los padres, como por ejemplo, las constantes amonestaciones como “siéntate derecho”, “limpia tu plato”, “arregla tu cuarto”. Entonces, el no poder dejar de ser el punto donde confluye la familia puede plantearles momentos muy difíciles.

A continuación, algunos consejos de padres y doctores que pueden ayudar tanto a los papás como a sus hijos:

  1. Deje que el hijo único tenga interacción con otros niños.

Acudir y ser parte de centros de cuidados de niños, cunas, guarderías, nidos o grupos especiales de juegos, es muy importante para que los hijos únicos tengan la oportunidad de intercambiar pertenencias, experiencias y hasta algunas peleas con otros niños. Es necesario planear con relativa frecuencia actividades sociales, aun cuando el pequeño sólo tenga 18 meses de edad. Es también importante establecer contacto con otras parejas que están en el mismo caso para llevar a su hijo a esas casas y que comparta los juguetes del otro niño, así como la atención de los otros padres; además, en la casa de estos amigos, tendrá que aprender a seguir las iniciativas de otros chicos.

Por su parte, los padres pueden también dirigir el juego de sus hijos, especialmente cuando ellos gustan de jugar con otros de mayor o menor edad. Por lo general, al hijo único le gusta evitar conflictos, pero éstos surgen muy fácilmente cuando se encuentran con niños de su misma edad, lo cual no deja de ser positivo. Los profesionales señalan que “jugar con un niño de su misma edad requiere de habilidades de negociación”.

  1. Enséñele modales.

El hijo único no se percata de las relaciones toscas que en ocasiones puede establecer, pues no tiene un punto de comparación. La competencia entre hermanos brinda oportunidades reales a los chicos para que se entiendan con sus compañeros. Perder un juego, esperar por un turno, unirse a un grupo, son cosas difíciles de aceptar para un hijo solo. Para ayudar a los niños a conseguir éxito en situaciones sociales, los padres deberían enseñar, por ejemplo, a compartir, ayudar a un arreglo, transigir y mostrar consideración y respeto por los demás. Además del papel que deben tener en modelar estas cualidades, los padres pueden premiar a su hijo cuando son considerados, así como admitir las consecuencias de algún error. Los niños únicos tienen que aprender que, en ocasiones, deben pasar por encima de sus propios intereses para beneficio de ellos mismos y de los demás.

  1. Promueva la independencia.

Dado que los hijos únicos tienden a desarrollar una estrecha relación con sus padres, pueden llegar a convertirse en personas demasiado dependientes de ellos para obtener un apoyo moral, ayuda en las tareas del colegio y hasta para entretenerse. Al mismo tiempo, suele ocurrir que los padres no son conscientes de que están reforzando esta dependencia. Los sicólogos creen que asignarles tareas y algunos trabajos, por los que recibirán una propina por hacerlos, es particularmente importante. Además, una forma de contrarrestar la dependencia es dándoles tareas de responsabilidad. La independencia es el objetivo principal en este tipo de situación. Los padres deben estar convencidos de que deben enseñar a sus hijos a depender de sí mismos y a ser alegres. Los padres no siempre tienen que ser los que entretengan al niño.

  1. Tenga control de los regalos.

Es difícil resistirse al deseo de llenar de regalos y acceder a todos los deseos del hijo único. Sin embargo, los expertos aconsejan a los padres que no acostumbren a su hijo a pensar “yo siempre consigo lo que quiero”. El niño no necesita de todos los juguetes que sus progenitores no tuvieron cuando fueron pequeños, aunque sí necesita saber el valor del dinero. Nunca es demasiado tarde para frenar el deseo de salir a comprar regalos; es importante darse cuenta de que cuanto más regalos recibe el hijo único, menos aprecia cada presente individual. Probablemente, proteste cuando se recorte el número de obsequios, pero adoptar esta postura le traerá beneficios en su vida futura. Los padres tienen que entender también que los regalos materiales no son tan importantes; es el tiempo que puedan dar a sus hijos lo que más cuenta.

  1. Establezca límites claros.

Los hijos únicos sienten y creen, a menudo, que deben de tener la misma igualdad que los adultos para decir lo que quieran y manejar el poder. Aun cuando hay muchas familias cuyos hijos creen que tienen el poder de decir lo que quieren sin problemas, es evidente que las decisiones siempre son tomadas por los padres. La familia no es una democracia, pues las decisiones empiezan con la cabeza de la familia. De otro lado, los sicólogos también enfatizan el hecho de que estos padres deben gozar de algunos momentos en pareja. Por lo general, no tienden a salir solos, sin su hijo y, aunque pasar una gran cantidad de tiempo de calidad con estos niños es una gran ventaja, es esencial alimentar la vida matrimonial y disponer de espacios privados.

  1. Establezca expectativas realistas.

Dado que los hijos únicos son a menudo verbalmente precoces y grandes triunfadores desde temprana edad, a veces resulta difícil saber cuál es el comportamiento apropiado con ellos. También es difícil saber cuándo se está presionando demasiado y cuándo es suficiente. Entre los 7 y 8 años, los hijos únicos son como pequeños adultos: demasiado maduros, al punto que consideran que los chicos de su misma edad son francamente inmaduros. Lo aconsejable es tratar de tomar las cosas con más calma y asegurarse de que el hijo único goce de una niñez normal.

Los expertos aconsejan a los padres no proyectarse demasiado sobre el hijo, pues a menudo se ven ellos mismos a través del niño: es normal y bueno desear lo mejor para él, pero es importante no hacer de sus metas y expectativas las metas de su hijo. Los padres de estos niños deben tener mucho cuidado de no pretender vivir a través de ellos lo que no vivieron en su momento.

  1. No pida la perfección.

Para muchos de los hijos únicos, el perfeccionismo pareciera ser algo normal que se espera de ellos. Y es que desean demasiado complacer a sus padres, porque ellos se sienten igual que los adultos y buscan asumir sus valores. En su ayuda a las familias para evitar el

dolor y la decepción que a menudo acompaña al perfeccionismo, los sicólogos aconsejan a los padres que induzcan a su hijo único a decidir poco a poco y a reducir sus expectativas. También sugieren que, cuando el niño esté alrededor de los 6 años, los padres empiecen a dialogar acerca de tratar de ser perfectos, transmitiendo un mensaje fundamental: “Tú eres libre de establecerte metas tan altas como desees, pero a la vez, prepárate para alguna decepción. Si reduces tus estándares, estarás mas cerca de conseguirlos y sentirte mucho mejor”. Dado que, a menudo, los hijos únicos reciben la aprobación por sus triunfos aun sólo por el hecho de intentarlo, los padres necesitan explicarles que este amor no está condicionado al rendimiento de su hijo. Los hijos únicos necesitan, en particular, que sus padres les reafirmen constantemente que el amor que sienten hacia ellos es natural e incondicional.

  1. No consienta demasiado a su hijo.

Ocurre con los hijos únicos que, desde temprana edad, sus expresiones de necesidad son respondidas rápidamente, en contraste con los hijos que tienen hermanos y necesitan esperar “su turno” para tener lo que desean. Pero aprender a esperar es una lección vital. Para prevenir que el hijo único desarrolle una actitud de “lo que yo quiero lo consigo”, los padres deben establecer límites y retrasar las gratificaciones. Es bueno decir algunas veces NO. Y aunque algunos padres de estos niños puedan sentirse tentados por ignorar las reglas de la casa, direcciones y expectativas, hay que ayudar a los niños a aprender disciplina. Por su parte, los padres de hijos únicos también tienen que aprender esta valorable lección: uno no puede estar obsesionado con la idea de que su hijo siempre tiene que estar feliz. Si uno satisface todos los caprichos de su hijo, lo más probable es que, con el tiempo, se arrepienta de hacerlo, porque una de las repercusiones es que algunos de estos niños desean tener todo bajo sus propias condiciones y crecen con la mentalidad de que todo debe ser a su manera y que no hay otras alternativas.

Hay que entender y aceptar que la atención que recibe un hijo único de sus padres puede ser tanto positiva como negativa. Pero si se evitan algunos de estos peligros y se ofrece un amor incondicional y maduro, no tenga dudas de que su niño podrá prosperar y crecer rápidamente.

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