Como conoce a tu hijo sin espiarlo

Ni niños ni adultos: en esta etapa, la confusión la comparten tanto hijos como padres, ya que los chicos empiezan a crear un mundo cada vez más exclusivo. Entrometerse o excluirse son actitudes, igualmente, perjudiciales para los muchachos, que ahora necesitan más que nunca que sus padres sean sus amigos, no sus espías ni sus jueces.

Acaba de cumplir once o doce años y para nosotros sigue siendo el niño que nos contaba inocentemente todos sus secretos, ¿cierto? Pues no tanto. A partir de esa edad –aunque sea duro reconocerlo– los chicos empiezan a volverse seres individuales con un mundo particular en el cual la presencia de los adultos es considerada “intrusa”.

Conoce a tu hijo sin espiarlo

Pero esa actitud no debe engañarnos. Ellos pueden actuar como si no quisieran que los padres estuvieran al tanto de sus cosas, pero en realidad desean y necesitan su interés. No quieren que se lo demuestren de la misma manera como lo hacían cuando eran niños.

Hay estrategias para no caerles “pesados” sin dejar de estar al tanto de su vida en esta edad tan especial. Técnicas para estar al tanto sin invadir Demostrarles afecto físico. Que se abochornen y rechacen las muestras de cariño en público no quiere decir que no las quieran.

De hecho, siguen necesitando mimos, acurrucos y escuchar que son los mejores chicos del mundo para sus papás. Lo único que ha cambiado es que por favor no quieren esas manifestaciones en público –menos delante de sus amigos–, ni quieren que en los halagos se les llame “niño” o “niña”. “Siempre serás mi bebé adorado” no es aconsejable. “¡Jugaste un partidazo!” es mejor idea.

Involucrarse con su educación

En esta etapa, el colegio es su universo. Cuanto más familiarizados estén los padres con los profesores y compañeros de sus hijos, así como con otros padres de familia y con las actividades del colegio, más fácil será detectar a tiempo signos de un comportamiento negativo.

Enséñales a resolver sus propios problemas.

Aunque las ganas de saltar encima del niño odioso o de la profesora exigente que perturba a nuestro hijo las tengamos a flor de piel, debemos controlarnos. Es importante que los chicos sepan que éstos son problemas cotidianos –no por eso menos importantes– y que necesitan aprender a buscar estrategias para solucionarlos.

En vez de decirle que no le haga caso al compañero antipático, tratemos de buscar el origen del comportamiento ajeno: “Ese chico tal vez tiene problemas en su hogar”, es una buena manera de plantear la situación, al tiempo que buscamos junto con nuestros hijos estrategias de solución. Así fortalecemos la comunicación y tenemos una visión de qué piensan realmente.

Balancear curiosidad y respeto.

La privacidad es sagrada para los muchachos, y en la medida de lo posible y de lo lógico debe ser respetada. Sin embargo, en caso de que el chico mostrara una conducta inusual o un estado de preocupación durante un período prolongado –más de una semana– y no se lograra conversando ninguna pista, es responsabilidad del adulto indagar en el cuarto del muchacho.

Pero debemos estar preparados para administrar con tacto la información que encontremos. No se le debe confrontar con violencia, sino crear la situación para que él cuente con confianza lo que le está sucediendo.

Crear situaciones para que se explayen.

Debemos buscar ocasiones para que los chicos se sientan en confianza de hablar sobre “su mundo”. Invitar a sus amigos cuando salen con la familia o fungir de chofer “del grupo” son magníficas oportunidades para escuchar qué piensan él y sus amigos.

En “mancha” los muchachos se desinhiben, pero se debe tratar que la presencia adulta sea discreta: participar, pero no agobiarlos con preguntas. La idea es que los chicos se olviden casi de la persona mayor y actúen naturalmente.

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