Cómo aprenden nuestros hijos

A partir de la teoría del desarrollo intelectual de Jean Piaget –quien definió una secuencia de cuatro estadios por los que atraviesan todos los seres humanos en su evolución  cognoscitiva– las nuevas corrientes educativas buscan adaptar sus postulados a los retos que plantea la sociedad moderna. En cada uno de esos grandes períodos, las operaciones mentales adquieren una estructura diferente que determina cómo el ser humano entiende el mundo que lo rodea.

hijos
El desarrollo intelectual o cognoscitivo es un proceso continuo. Según Jean Piaget, los niños crecen y desarrollan sus habilidades de pensamiento poco a poco. Su teoría –de las más difundidas, por cierto– se ve enriquecida en la actualidad con el aporte de nuevas corrientes que explican de una forma más moderna la evolución cognitiva del niño y los procesos mentales que lleva a cabo el ser humano desde su concepción para conocer y aprender el mundo de una mejor manera.

Etapa sensomotriz: de cero a 2 años

En esta etapa, los bebés entienden el mundo a través de su acción sobre él; por lo tanto, su conducta es esencialmente motriz y sensorial, es decir, los sentidos se constituyen en el medio en el canal a través del cual el niño capta la información del entorno. Para Piaget, el bebé no es un ser inactivo o mero receptor de estímulos, sino que, desde un primer momento, actúa sobre su entorno e inicia una serie de conductas. La cognición –o inteligencia– del niño en este momento toma la forma de respuestas abiertas a la situación inmediata.

Así, los mecanismos innatos reflejos (como el de succión) se diferencian paulatinamente en esquemas sensomotores (como levantar y empujar cosas, tirar de un objeto o golpear algo), los cuales, con el tiempo, se van coordinando en estructuras más complejas. Uno de los grandes logros de esta etapa es que, entre los 18 y los 24 meses, los bebés ya pueden formar representaciones mentales de la realidad externa. “En este período el niño pasa de la inteligencia sensomotriz a la inteligencia representativa, es decir, es capaz de representarse internamente los objetos y fenómenos, y con ello desarrolla la capacidad de resolver problemas cognoscitivamente.

Asimismo, poco a poco, es capaz de predecir relaciones de causa y efecto y de representar objetos ausentes. Otra característica de este período, además, es la no permanencia de los objetos (los chicos en esta fase tienden a pensar que cuando el objeto sale de su vista, desaparece) y la actuación de las emociones (tienden a expresarse más con el comportamiento que con la palabra)”, sostiene la psicóloga y psicoterapeuta Natalia Ferrero.

Etapa preoperacional: de 2 a 7 años

Piaget consideró esta etapa como la del pensamiento, ya que los niños pueden utilizar representaciones (imágenes mentales, dibujos, palabras, gestos) más que sólo acciones motrices para pensar sobre los objetos y los acontecimientos. Según María Peralta, directora del Programa Académico de Educación Inicial de la Unifé, en este período el niño utiliza la exploración, la indagación y la experimentación como estrategias para comprender. “Los niños a esta edad descubren la magia de los símbolos: las palabras comienzan a simbolizar objetos y el lenguaje adquiere preponderancia. En el período preoperacional el pensamiento aún está limitado por el egocentrismo (los niños se concentran en sí mismos) y por la rigidez o falta de reversibilidad”.

Es característico de esta edad el animismo, es decir, el atribuir vida a los objetos: los chicos creen que con su imaginación todo es posible. Otra característica importante es la invulnerabilidad, se sienten capaces de hacer todo por sí mismos, no hay conciencia de riesgos y sobreestiman sus habilidades. Al final de este período, además, son capaces de entender un poco que otras personas puedan sentirse afectadas: ya pueden enmendar una acción y pedir perdón.

Etapa de las operaciones concretas: de 7 a 11 años

Es una etapa importante para las acciones pedagógicas, pues su duración casi coincide con el de la escolarización básica. Los procesos de razonamiento del niño se vuelven lógicos, es decir, tienen pensamientos reversibles y organizados que pueden aplicarse a problemas concretos o reales. En esta etapa aparecen los esquemas para las operaciones lógicas de seriación, clasificación y numeración, la capacidad de ordenar mentalmente un conjunto de elementos de acuerdo con su mayor o menor tamaño, peso o volumen, así como de entender los conceptos de espacio, tiempo y velocidad. “El término concreto es significativo en tanto que las operaciones pueden aplicarse sólo a objetos concretos reales o mentalmente representados.

Así, la mayor parte de educadores, para enseñar un concepto, se basan en materiales gráficos o visuales”, puntualiza Natalia Ferrero. De acuerdo a la psicóloga, en la parte de interacción personal, el niño se convierte en un ser verdaderamente social, coopera en los juegos e intercambia roles con sus amigos. Puede llegar a sentirse vulnerable pues sus capacidades tanto físicas como intelectuales comienzan a ponerse en juego; por eso es tan importante trabajar en esta etapa la aceptación, la valía personal
y el saber quererse con sus virtudes o defectos.

Asimismo, hacia el final del período comienza a definirse el autoconcepto y la identidad personal y los chicos muestran conductas de tipo prosocial o de solidaridad con sus compañeros o los más necesitados.

Etapa de las operaciones formales: de 12 a 16 años

Aquí el razonamiento lógico tiene una amplitud de operaciones formales que permiten la proyección del pensamiento mediante experiencias vividas anteriormente y que son aplicables en el momento. En esta etapa, el adolescente emplea el razonamiento científico inductivo (puede generalizar partiendo de hechos particulares) y el hipotético deductivo (piensa en hipótesis o en experimentos que no han sido comprobados y trata de buscarle una respuesta lógica global).

Son capaces de entender conceptos abstractos y morales y desarrollan sentimientos idealistas. La personalidad está más definida, aunque adquiere características ambivalentes (luchan por su autonomía, pero al mismo tiempo no tienen seguridad en sí mismos y eso los angustia mucho).

Según Piaget, las edades que comprende cada estadio son aproximadas y pueden darse diferencias considerables entre niños de distintas culturas, por ejemplo. Sin embargo, él defiende que la secuencia es absolutamente invariable: ningún estadio se puede saltar, pues cada uno asume y presupone estructuralmente al anterior; de esta manera, el niño va pasando
por cada uno de ellos en el mismo orden. “Al describir el desarrollo cognitivo, Piaget sostiene que todo depende de la calidad de la interacción del sujeto con el entorno. A mejor interacción con su medio ambiente, mejor desarrollo.

Esta interacción, diseñada por la educación, se llama aprendizaje; por lo tanto, el sujeto aprende en la medida en que interactúa con su entorno. Las nuevas corrientes implementan esa información y sostienen que hay que enriquecer el entorno para que el niño pueda recibir ese beneficio”, concluye la pedagoga María Peralta.

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