Cómo alimentar bien a nuestros hijos en la infancia y la adolescencia

Durante toda la infancia y la adolescencia, es importante que la dieta incluya variedad de alimentos que ayuden a un adecuado desarrollo. Los padres deben brindar a sus hijos una alimentación balanceada que no sólo los nutra, sino que les permita desarrollar al máximo sus potencialidades físicas e intelectuales.

La alimentación de una persona varía según su edad, sus características biológicas y su actividad, y así como las comidas de un pequeño de un año deben reunir ciertas características nutricionales, y de texturas y sabores, las de un chico de cinco años van a tener otras. Sin embargo, lo que sí tienen en común es que una dieta balanceada, en general, debe contener proteínas, carbohidratos, grasas, minerales, agua y vitaminas.

alimentacion hijos

Según la nutricionista Geraldine Maurer, es importante que la alimentación habitual de los niños sea suficiente para reponer las cantidades de materia y energía consumidas diariamente en cada uno de los procesos vitales y actividades físicas. “Cada comida debe procurar ser variada en cuanto a los alimentos que la componen, no sólo porque la variación proporcionará los nutrientes necesarios, sino porque resultará más agradable y divertida”, sostiene la especialista.

Al año de edad

Cuando el bebé cumple un año, la leche entera comienza a reemplazar a la leche materna o a la de fórmula. Si bien ésta no es tan nutritiva, el bebé de un año ya debe comer carnes, frutas, verduras, panes y granos, y lácteos como el queso y el yogur, en pequeñas cantidades.

La mayoría de pediatras recomienda que a partir del año de edad el niño coma de todo, teniendo cuidado con aquellos alimentos que se consideran alergénicos. “Hasta ese momento, los alimentos que podrían originar alguna reacción alérgica en los niños, como el chocolate, los cítricos –no sólo el limón, la mandarina y la naranja, sino también la fresa- y hasta la misma leche de vaca, la soya, el maní y la espinaca, no se incluían en la dieta. A los doce meses ya pueden introducirse poco a poco”. De acuerdo a la especialista, los niños de padres alérgicos pueden tener hasta un 50 por ciento de posibilidades de heredar ese problema.

Si bien el bebé ya puede comer la comida de la casa, tampoco debe suministrársele condimentos muy fuertes que hipersensibilicen su estómago. “Por ejemplo, un seco con culantro puede ser muy fuerte para un niño de un año y provocarle una diarrea devastadora para su organismo. Por lo general, los niños de un año son más adeptos a los purés de verduras (brócoli, zapallo, coliflor), los tallarines, las frutas en compota, pescados horneados o hervidos, la carne molida y los huevos duros”.

De dos a cinco años

Por lo común, los niños en crecimiento, más allá del año de edad, deben rebajar su ingestión de leche en un veinte por ciento para disminuir el ingreso de grasas a su organismo. “Generalmente, hasta los dos años de edad, no importa si el niño es gordo, porque los chicos que empiezan a caminar comen sólo pequeñas cantidades a la vez, pero lo hacen con frecuencia (de 4 a 6 veces diarias) durante todo el día. Sin embargo, al llegar a los dos años se debe cuidar el exceso de peso”, señala la doctora Maurer. Un chico de esa edad ya puede presentar obesidad, y en esos casos hay que analizar su dieta habitual.

También en esta etapa se les puede dar sin problemas leche semidescremada o descremada porque, finalmente, la grasa que necesitan la van a obtener de otros alimentos. A esa edad, una dieta que contenga una variedad de alimentos de cada grupo (cereales, granos, carnes, frutas –ya se les puede dar naranjas, duraznos, uvas y melones–, verduras con alto contenido en fibras y productos lácteos bajos en grasa) evitará las deficiencias nutricionales.

Generalmente, a esta edad los chicos empiezan a ir al jardín de infantes. Es importante que el niño tome su leche o cereal en la casa y que en su lonchera se incluya medio sándwich de asado, huevo duro, pollo o queso fresco, una fruta y un jugo de fruta natural, porque la idea es que lleguen al almuerzo con hambre. Asimismo, es importante tener cuidado con las golosinas, ya que éstos alimentos embolsados pueden provocar alergias en la piel; es preferible que coman galletas simples de grano integral (solas o untadas con margarina o mantequilla) o tostadas.

Entre los seis y los once años

A esta edad lo ideal es que los niños tomen un desayuno ligero (que puede ser leche o cereal), una comida de media mañana (lonchera), almuerzo, lonche y comida. “Los chicos mayores pasan más horas en el colegio y por este motivo la comida de mediamañana debe ser más consistente e incluir un sándwich –los cuales se pueden confeccionar con una amplia variedad de alimentos, solos o en combinación, como verduras crudas (lechuga, tomate, zanahoria rallada), queso, huevo, pescado envasado o en lata, aves picadas y carnes; una fruta que sea fácil de manipular como manzana, melocotón, plátano, por ejemplo, un yogur y un líquido (gaseosas no). Si los niños no comen bien en la mañana, van a sentirse cansados, con sueño y
con poca aptitud para el aprendizaje”, señala la nutricionista. Posteriormente, deben almorzar y “picar” algo a media tarde, como una fruta, leche descremada o un sándwich. Según la licenciada Maurer, eso evita que coman golosinas o dulces innecesariamente. El problema es que la tarde se ha convertido en un momento crítico porque los chicos hacen cada vez menos deporte y, por lo general, están viendo televisión, jugando en la computadora o haciendo tareas. Por ello, darles algo nutritivo a esa hora del día les anula el deseo de comer bocaditos embolsados o chocolates, que tienen grandes cantidades de grasa y azúcar. “El chocolate no debe eliminarse por completo de la dieta, pero es ideal que se convierta en una comida de fin de semana o para los cumpleaños, mas no para el día a día, porque en realidad, lo que determina la salud o la enfermedad transmitida por lo que uno come radica en el hábito”, señala Geraldine Maurer.

Por la noche se puede optar por una comida ligera: si a los niños
no les gustan las verduras, generalmente prefieren las frutas, o al revés; entonces, hay que aprovechar eso: una de las dos por lo menos. No olvidemos que lo principal es evitar la fritura y optar más por las comidas preparadas a la plancha o al horno.

A partir de los doce años

En la etapa de la adolescencia comienzan los cambios hormonales (pérdidas menstruales en el caso de las mujeres) y es preciso que la dieta contenga más hierro. Básicamente, este elemento se encuentra en las carnes de todo tipo: pescado, res, pollo e hígado, el cual, si a los chicos no les gusta en la forma clásica, se puede servir como paté.

Es bueno que los almuerzos incluyan una limonada o algún cítrico que contenga vitamina C, porque ésta aumenta la absorción de hierro de toda la comida, así también verduras –tomate, espinaca, arveja–, frijoles y cualquier fruta. La gaseosa es mejor evitarla diariamente y dejarla para alguna reunión social, ya que tiene colorantes, azúcar, cafeína y, en general, no aporta nada útil, nutricionalmente hablando. Asimismo, la llamada comida rápida o chatarra debe dejarse de lado, para alguna ocasión eventual, ya que nutre muy poco, pues está hecha sobre todo de azúcar refinada, mucha sal, grasa y químicos para su conservación.

Últimamente, algunas adolescentes preocupadas por el peso optan por las dietas vegetarianas. De acuerdo a la nutricionista, hay que tener mucho cuidado ya que una dieta vegetariana a esta edad, necesariamente debe incluir la ingestión de algunos suplementos vitamínicos y minerales como el hierro. “A muchas chicas se les ocurre hacer la dieta sin utilizar ningún producto animal, es decir, no sólo no comen carne, sino tampoco huevos ni lácteos. Ése es un problema muy grave porque difícilmente se puede encontrar la proteína en los vegetales únicamente; por ello es preferible que vayan a un especialista que les recomiende una dieta balanceada y saludable”, concluye la especialista.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *