Baños públicos : Independencia vs. seguridad

Por la cantidad de gente que transita en ellos, los baños públicos pueden representar un peligro para el bienestar de nuestros hijos. ¿Cómo podemos protegerlos respetando su autonomía? Unas reglas sencillas nos pueden ayudar a solucionar situaciones necesarias pero que requieren del máximo de seguridad.

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Aunque para nosotros siempre sean los pequeños de la casa, nuestros hijos llegan a una edad en la que se sienten capaces de manejarse por sí mismos. Sobre todo alrededor de los 7 u 8 años, los niños sienten una mayor autonomía que los empuja a independizarse de sus padres.

Es en esta edad que los niños desearán, entre otras cosas, ir al baño solos, tanto en casa como en lugares públicos. Esto, si bien es natural, implica algunos riesgos que se debe aprender a evitar, ya que en los baños públicos pululan padres, niños y personas cuyas intenciones desconocemos.

Por ello es importante tomar algunas medidas cuando nuestros hijos utilicen los baños en centros comerciales, cines u otros ambientes públicos.

Edades y libertades

Si su hijo y usted son del mismo sexo, acompáñelo en el uso de los servicios y manténgase unos pasos más atrás para no incomodarlo. Aun cuando él insista, no lo deje entrar solo si es que usted puede ingresar con él.

El problema empieza cuando usted y su hijo son del sexo opuesto y él quiere ir al baño. Ya pasados los ocho años, un niño no debería entrar al baño del otro sexo, lo cual significa que si su hijo varón está con mamá de compras, no deberá obligarlo a entrar al baño de damas, y viceversa.

En estos casos, lo mejor es, con un poco de paciencia, esperar que el baño se desocupe por completo e instar al niño a entrar en
cuanto la última persona lo haya dejado. Una vez que el chico esté dentro, espere cerca de la puerta hasta que haya finalizado de hacer sus necesidades.

Si es que alguien llega hasta el baño mientras el niño está dentro, con cortesía y buen humor, solicíteles que esperen unos minutos porque hay un niño ahí. Si la persona se rehúsa, ingrese al baño y saque a su niño de ahí.

Una persona que no entiende el espacio y privacidad que se le debe dar a un niño en un baño público no es del todo confiable y, por último, no vale la pena correr un riesgo.

Si los servicios públicos están atestados de gente, la misión puede resultar un poco más compleja. En estos casos, y ya que a esta edad los niños pueden controlar sus necesidades fisiológicas con facilidad, lo mejor es buscar otro baño que esté desocupado.

Si es que resulta imposible esperar, tendrá que exceptuar las reglas e ingresar con su hijo al baño que a usted le corresponde, acompañarlo hasta uno de los gabinetes independientes y esperar pacientemente en la puerta hasta que haya terminado.

Esta situación puede acarrear algunos conflictos o situaciones incómodas –especialmente para el chico, que ya no es un niño pequeño–, pero no olvidemos que la seguridad de nuestros hijos está por encima de todo, y este aprendizaje les enseñará, a su vez, a tomar medidas de seguridad para sí mismos en un mundo que no siempre es muy seguro.

Por último, es obligación de los padres enseñar a sus hijos cómo desenvolverse en los baños públicos cuando llegue el momento de usarlos solos. Además de medidas de higiene, es fundamental que aprendan que nunca deben hablar con ningún extraño ni menos aceptar que se les acerquen o les entreguen cosas.

Usar el servicio higiénico tan rápido como puedan, evitar los que lucen solitarios y gritar para pedir ayuda son parte de lo que deben saber hacer.

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