Aprendiendo a través de los sentidos

Desde siempre se ha enseñado que tenemos cinco sentidos, pero son pocas las ocasiones en que los aprovechamos para aprender nuevas cosas. Recientes investigaciones han demostrado que, a través del aprendizaje multisensorial, se pueden obtener excelentes resultados en el desarrollo de la inteligencia.

sentidos

No es solamente muy útil para nuestros hijos, sino que también constituye una forma de establecer relaciones más fuertes con ellos. Así opina Janet Arteaga, psicóloga especialista en educación inicial, sobre uno de los temas que más fuerza ha tomado en los últimos tiempos: el aprendizaje multisensorial. La doctora Arteaga define este concepto como “la forma a partir de la cual un niño aprende a través del uso de sus cinco sentidos. Tradicionalmente aprendemos las cosas, ya sea de la vida diaria o las académicas, empleando solamente la vista. Eso quiere decir que estamos empleando solamente un quinto de nuestras posibilidades. El aprendizaje a través del empleo del oído o el tacto, por mencionar sólo dos sentidos, no solamente es posible sino que también puede ser más sencillo y directo”.

Recientes investigaciones sobre el cerebro revelan que los niños aprenden más cuando son incentivados a usar sus diferentes sentidos. Esto significa que cuando, por ejemplo, una mamá canta una canción a su bebé mientras lo tiene cargado, hornea galletas con su niño en edad preescolar o camina por el parque o el campo con su hijo, está estimulando su mente y sus sentidos. Esto es lo que se llama aprendizaje multisensorial, y los expertos aconsejan ¡ponerlo en práctica! “No se necesita más que la guía de un profesional y tener en cuenta algunos aspectos. Con los descubrimientos y técnicas desarrollados, no hay motivo para que cualquier madre no lo lleve a cabo”, señala la doctora Arteaga.

Aprendizaje desde el nacimiento

Hay momentos de sublime belleza entre una madre y su hijo, como cuando ella se sienta con su bebé en una silla y le tararea una canción de cuna, mira el brillo de sus ojos y el pequeño se deja arrullar. Esta es una gozosa y natural forma de estimular el desarrollo del cerebro del bebé. En este momento, el infante está usando todos sus sentidos, pues está tocando, probando, oliendo, escuchando y viendo.

Los bebés consiguen la mayor información a través de los sentidos, y es esta información temprana la que provee la construcción de bloques para su inteligencia. Existe una metáfora para entender este proceso: imagine el cerebro del bebé como un recipiente de cables desconectados. Cada vez que él experimenta el contacto sensual, como el calor o el gusto de la leche de la madre, los cables se conectan y con cada nueva experiencia sensorial (como oír música, tocar la piel de los padres o comer algo rico), esos mismos cables se hacen más gruesos y fuertes. Y cada nueva sensación construirá una nueva conexión adjunta a la que ya estaba allí. Con el tiempo, el cerebro irá construyendo un entramado gigante de conexiones creado por las experiencias sensoriales. Es por eso que cada vez que los padres abrazan a su bebé o dejan que mire y toque una hoja, están ayudando a su aprendizaje. La doctora Arteaga afirma que “no hay necesidad de juguetes sofisticados de aprendizaje; en los primeros meses del bebé, las mejores cosas en la vida son realmente simples”.

El amplio mundo de sentidos de un bebé

Todo lo que el pequeño necesita para el aprendizaje sensorial en los primeros meses es a sus padres. Pero, de los seis meses en adelante, el pequeño se beneficia con un tercer recurso: los objetos estimulantes. Los especialistas recomiendan proporcionar juguetes con colores brillantes, cajas que tengan sonidos delicados, elementos suaves y ásperos, y alimentos seguros que pueda coger, oler y saborear.

Los padres deben observar los “grandes” experimentos de su hijo cuando se lleva las cosas a la boca, las sostiene, las tira y las manipula, pues siempre aprende algo nuevo. Cada experiencia de lo sentidos ofrece nuevos conocimientos que pueden ayudarlo a añadir y conectar la información en su cerebro. Cuanto más cosas hagan los padres, más aprenderá. Sin embargo, se debe tener cuidado con no abrumarlo con un exceso de experiencias sensoriales. Los niños varían en la cantidad de gozo de estimulación de los sentidos o tienen diferentes niveles de tolerancias. Un niño sobreestimulado puede poner sus manos sobre sus ojos u oídos, refunfuñar, llorar o distanciarse. Si esto sucede, la mamá o el papá debe mecerlo con las luces bajas o separarlo del juguete, sonido o aquello que lo agite.

Ya en su primer año de vida, el niño probablemente entenderá bastantes palabras, porque los adultos que lo rodean han estado todo ese tiempo diciéndole palabras que él combina con sus experiencias sensoriales. Cuando el pequeño empieza a caminar o recoge algo, la mamá debe decirle el nombre de lo que recogió y darle los datos necesarios del objeto, repitiéndole varias veces hasta que él sea capaz de entender esas palabras. Entonces, otra cosa admirable sucede: la parte de su cerebro que suministra el manejo de los sentidos (sistema que está envuelto en las emociones de miedo y agresión) empieza a construir sus conexiones a otra parte de su cerebro llamada corteza, la cual contiene el centro del lenguaje y pensamientos. No sólo hace que registre esos datos, como rojo o grande, como una identificación visual, sino que también va, gradualmente, haciéndose una idea de lo que esto significa por sí mismo. Así, el pequeño estará listo para visualizar un objeto aun sin verlo, lo cual constituye un gigantesco paso intelectual.

La siguiente fase: De 2 a 5 años

Algunos niños se fascinan con la música cuando sus padres tocan alguna melodía, y empiezan a hacer sonidos tratando de imitarlos. A otros les gusta ver libros por períodos largos notando los colores a temprana edad. A los dos o tres años, muchos niños empiezan un aprendizaje primario a través de los movimientos. Aunque muchos tienen inclinaciones naturales hacia uno de los sentidos, ellos aprenden y se benefician de todos.

Esta sincera experiencia sensorial no es casual. Recientes investigaciones neurológicas han demostrado que, cuanto más prueban, tocan, huelen, ven y oyen, sus cerebros hacen muchas más conexiones. Estas forman la inteligencia y, a través del aprendizaje multisensorial, los niños procesan sus experiencias de la vida dentro y fuera del colegio.

Es importante entender al infante en edad preescolar y su manera de aprendizaje. Por ejemplo, un niño que tiene inclinación hacia la parte visual, puede, algunas veces, no seguir las direcciones indicadas con palabras, pero sí las hechas con el estímulo de la visión. En estos casos, los padres deberían llevarlo a un museo de arte y dejar que perciba lo visual o la fragancia de un bouquet en un parque. Un niño que aprende mejor escuchando, por otro lado, puede entender las direcciones con sólo hablarle y conseguir que distinga los tonos de voz u otros sonidos; aquí, el adulto debería llevarlo a conciertos o, simplemente, dejarle que escuche el sonido de los grillos en la noche.

Las lecciones de los sentidos

Como padres de familia, tenemos la responsabilidad de detenernos y pensar cuán a menudo estimulamos, día a día, los sentidos de nuestros hijos a lo largo de su vida. “Una madre puede tomar un libro y leer con su hijo y motivarlo a que mire los dibujos, escuche las palabras e incluso que pase las hojas del libro”, propone la especialista. Igualmente, se puede aprovechar de esto para enseñarle el abecedario (cuántas personas han aprendido sus primeras letras con una canción). A la edad de los cuatro años, cuando se lleva al chico a la playa, el papá puede ir con él hacia la arena húmeda y trazar letras y siluetas o usar pequeñas conchitas para formarlas. También es bueno estimularlo a que use su cuerpo para formar letras: por ejemplo, sentado en el suelo con las piernas estiradas hacia delante para hacer la letra “L”. Esto debido a que los niños en edad preescolar suelen tener dificultades en seguir las lecciones explicadas. Con este ejemplo, el niño tiene a la naturaleza como maestra para una gran lección. Hay que animarlo a explorar nuevas sensaciones cada día y en cualquier lugar. Esta es la edad más apropiada para aprender divirtiéndose.

Dándole sentido a todo. De 5 a 11 años

Su suele pensar que los niños de cinco años aprenden fácilmente leyendo libros y escuchando explicaciones. Los colegios, a menudo, refuerzan esta creencia enfatizando en los momentos tranquilos de lectura. Pero, en efecto, ahora se sabe de la importancia de la experiencia de los sentidos en el aprendizaje en la escuela y fuera de ella, y aun en nuestra vida futura.

Un ejemplo de cómo se puede aprender y divertirse al mismo tiempo nos lo da la historia. Tomemos, por ejemplo, algunas lecciones acerca de la cultura incaica. Los niños pueden aprender leyendo todo acerca de esta cultura, a qué se dedicaban, qué tipo de alimentación tenían, cuáles eran sus creencias religiosas, etcétera. Pero con los conceptos de la educación basada en los sentidos, los maestros podrían hacer que los maestros lean primero y después que representen alguna parte de la vida de los incas: cómo se vestían, preparar algunas comidas que ingerían, etcétera.

Estos sencillos principios pueden trasladarse a otras áreas como las matemáticas, las artes y la coordinación, y los proyectos que se emprendan pueden incluir todos los sentidos, incluyendo el olor. No olvidemos que el olfato es un sentido de suma importancia y, por mencionar un caso, el oler la madera, las flores o simplemente los alimentos, deja huellas profundas en nuestro cerebro.

Mientras que los proyectos de este estilo pueden ser aún inusuales en los colegios, muchos profesores están convenciéndose de los beneficios del aprendizaje por los sentidos. Esto es especialmente importante para aquellos niños que tienen problemas en el colegio. Algunos aprenden mejor sólo viendo, pero otros entienden mejor escuchando. Los maestros y padres deberían prestar mejor atención a la manera de aprendizaje de los niños.

“Lo que sucede es que vivimos en una sociedad donde la imagen tiene una especial importancia. Pero eso no significa que debamos olvidarnos del olor del mar, la suavidad de la piel de nuestra madre o del canto de las aves. Los sentidos nos ponen en contacto con el mundo, y debemos aprovecharlos al máximo para obtener la mayor cantidad posible de información”, finaliza la doctora Janet Arteaga. Un niño rico en experiencias aprenderá natural y completamente, y esto lo ayudará y lo hará sentirse bien respecto de sus maravillosas habilidades.

LEYENDAS
Cada experiencia de los sentidos ayuda al niño a desarrollar su cerebro. La estimulación, entonces, es fundamental.

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