Alimentación de niños durante la edad escolar

Lonchera que incluya almuerzo, o mejor propina, o ambas cosas. Qué es lo más conveniente se preguntan a diario las madres. Aunque no hay una sola respuesta, sin embargo, hay alternativas que pueden hacer más llevadera la rutina de preparar los alimentos que los chicos ingerirán fuera de casa y sin supervisión..

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Los niños retornan a las aulas de clases y junto con esto la preocupación de las madres de cómo alimentar a sus hijos mientras permanecen en el colegio. Unas, por ejemplo, se preocupan de enviarles gran cantidad de alimentos; otras, contrariamente, optan por mandar un poco de líquido y una galleta que compran en el supermercado, y finalmente, no faltan quienes para “no complicarse” entregan propina a sus hijos para que decidan lo que quieren comer a la hora del recreo y refrigerio. En verdad, ni uno ni otro de los casos antes mencionados es el
más correcto.

Al respecto, la ex decana del Colegio de Nutricionistas, Flor de María Díaz Carranza, señala que para preparar una lonchera hay que tener en cuenta una serie de aspectos. “Lo primero es entender que ésta no reemplaza el almuerzo; sólo es el complemento del desayuno y lo que ella contenga debe permitirle al niño mantenerse con energía y vigor hasta que llegue a casa. Porque una lonchera puede estar atiborrada de productos calóricos, pero si no contiene los nutrientes que necesita el niño para su desarrollo y para reponer el natural desgaste de energías, difícilmente podrá contribuir a su buen rendimiento”.

Requerimientos diferentes

El refrigerio para un niño en edad preescolar es muy distinto al de aquél que asiste a primaria o a secundaria. “El primero necesita más calcio y proteínas, mientras que los segundos, gran cantidad de fibras, verduras, frutas y carnes, porque su desgaste físico y mental es mayor. No olvidemos que los niños mayores pasan más tiempo en el colegio –aproximadamente siete horas– y el cuerpo, como es lógico, necesita ingerir no sólo calidad sino cantidad, pero siempre con prudencia”, resalta la especialista.

Es preciso advertir que la cantidad no debe entenderse como los cerros de comida que se suelen alistar de mañana esperando que “nutran mejor” al engreído, sino como variedad. “De no ser así, lo único que se conseguirá será convertirlo en un pequeño obeso”.

¿Propina o lonchera?

Los niños pequeños casi nunca colocan a sus padres en la disyuntiva de “propina o lonchera” porque siempre acatan lo que ellos le indican. “Los adolescentes, en cambio, se resisten a llevar su refrigerio y prefieren que se les asigne un dinero para supuestamente comer algo en la escuela. En este sentido, pienso que llegar a un trato entre padres e hijos es lo más pertinente. Es decir, lo que se llama negociar, siempre explicando las razones de por qué se opta por dar dinero o sólo lonchera o por ambas cosas”. Hay que hacerles entender con claridad que lo destinado a alimentos no debe ser distraído comprando figuritas, stickers, tatuajes, etcétera.

En el caso de los niños de primaria, el conversar con sus profesores será muy útil, porque ellos serán los encargados de reforzar los conocimientos de lo que significa una nutrición balanceada. “Considero que todos los colegios, dentro de sus reuniones programadas, deben incluir las de orientación nutricional tanto para profesores como para padres de familia”, dice la especialista. Recordemos que “somos lo que comemos” y que depende de la manera como los padres preparan la lonchera para formar los buenos o malos hábitos alimenticios de su hijo.

Qué incluir

Díaz Carranza explica que tres son los componentes imprescindibles en una lonchera básica. “Un sándwich con algún relleno: el pan ayudará a recuperar fuerzas y contribuirá al crecimiento del niño, y el relleno (queso, atún, pavita, asado, jamón, huevo, etcétera) será el proveedor de proteínas. Una fruta de la estación, la que prefiera el niño, llevará las vitaminas requeridas y el agua natural o refrescos cumplirá la función de reponer los líquidos perdidos. Puede ser chicha, maracuyá, limonada, infusión de hierbas, cebada, etcétera, endulzado moderadamente para evitar, entre otros problemas, la formación de caries.

Y si llega después de…

Hay niños que tienen un horario de estudios que se prolonga inclusive hasta las tres y media de la tarde. Para ellos la nutricionista aconseja enviar un almuerzo ligero (propuestas que se ven en el recuadro). “De no ser así, la alteración de horarios puede traer complicaciones de salud y ansiedad. Esto último se pone de manifiesto cuando el adolescente busca sólo panes u otros alimentos de escasas propiedades nutricionales”.

Si un niño acusa sobrepeso u obesidad, lo más conveniente es recurrir a un especialista para que oriente sobre la cantidad y calidad del refrigerio, considerando que jamás se lo debe enviar al colegio sin tomar desayuno y sin alimento en la lonchera.

Finalmente, puntualiza la nutricionista Díaz Carranza: “Si se desea
que el niño tenga energías, destaque en clases y se sienta motivado, el tipo de alimentos que incorpore en su lonchera es básico para lograrlo. Del tutor depende que así sea”.

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